Desde el surgimiento de esta historia que pone una fecha para recrear universalmente un punto y aparte en la fe y en el cierre de vueltas que pega nuestro planeta alrededor del sol, se han incorporado un sinnúmero de hábitos sin conocer acabadamente, pero que permiten expresar el sentido de la Navidad.
La existencia de la estrella que guió a los Reyes Magos hasta Belén ha intentado explicarse a través de muchas teorías. Entre otras, que se trataba del brillante planeta Venus, del paso de los cometas Halley o Hale-Bopp, de una supernova, una ocultación de la luna.
Una de las hipótesis más aceptadas fue la que propuso en 1606 Johannes Kleper.
Según este astrónomo, se trataría de una rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno, pasando el Sol en esos momentos por Piscis. Esta conjunción se presenta a los ojos del observador terrestre como una sola estrella muy brillante.
Otra hipótesis más reciente en el tiempo es que se trataba de una nova brillante observada cerca de la estrella Theta Aquilae. La estrella de Belén se conmemora situándola tanto en la representación del pesebre como en la punta del árbol de Navidad.

Los reyes eran tres

La epifanía es una festividad religiosa que celebra la Iglesia católica el 6 de enero. Dicha festividad se celebra en conmemoración de la aparición y manifestación de Jesucristo a los Reyes Magos y al mundo entero, lo que generalmente se denomina adoración de los Reyes Magos. En Occidente no comenzó a celebrarse la epifanía o adoración de los magos hasta el siglo mediados del siglo V, a partir de entonces es una de las celebraciones típicas de la Navidad.
Fue el apóstol y evangelista San Mateo quien, habló en el denominado Evangelio según San Mateo de los llamados “Reyes Magos. Las distintas historias o tradiciones surgidas tras la muerte de Jesús hicieron que los famosos “Reyes Magos” fueran desde solo dos, hasta el increíble número de sesenta.
Todo esto cambió hacia el primer cuarto del siglo III, cuando el teólogo y exegeta Orígenes (Alejandría, 185-Cesarea o Tiro, 252-254) afirmó de modo preciso y tajante que los “Reyes Magos” que habían llevado sus regalos a Jesús habían sido sólo tres. Esta postura fue la que acabó prevaleciendo en la Historia, sobre todo a partir del siglo IV.
A la designación oficial de que el número de “Reyes Magos” fueron 3 se le ha dado diversos significados. Según una eran tres los Reyes por alusión a la Trinidad; según otra eran tres en referencia a los tres continentes conocidos en esa época; y otro significado hace referencia a las tres razas humanas, e incluso a las tres edades del hombre. Ho Ho Ho…

El pesebre

La típica escenificación del portal de Belén con las figuras principales, es decir, la virgen María, San José y el Niño Jesús, con el buey y el asno llegó por primera vez a España en el siglo XVIII. Cuentan que fue la esposa del rey Carlos III, María Amalia de Sajonia quien, cuando su esposo subió al trono de España y hubieron de trasladarse desde su adorada Nápoles, hizo traer esa tradición tan extendida en Italia a España, donde a partir de entonces también se convirtió en una tradición el colocar en casa un pequeño `Belén´ de porcelana.

Los villancicos

Los villancicos, típicas canciones populares de Navidad, proceden en realidad de unas composiciones españolas de texto sencillo y estilo rústico que durante los siglos XV y XVI se convirtieron en canciones cortesanas de tema amoroso a veces hasta pasaditas de tono, y luego, durante el siglo XVII se transformaron en lujosas cantatas barrocas de carácter religioso

El árbol

Parece ser que la costumbre del árbol de Navidad, abeto o pino que se instala en las casas y que se decora para celebrar las fiestas navideñas, se originó en la zona de Alemania durante la primera mitad del siglo VIII. Cuenta la tradición que fue el monje anglosajón San Bonifacio (Kirton, 680-Dokkun, 754), que se encontraba cumpliendo la misión que el Papa Gregorio II le había encomendado, la evangelización de los germanos quien un día de Navidad, tratando de talar un roble, árbol sagrado según las creencias druídicas para los que simbolizaba la fecundidad y la inmortalidad, vio, como éste al caer arrasó todo menos un pequeño abeto. San Bonifacio interpretó el hecho como un mensaje divino, y decidió cristianizar al abeto “bautizándolo” como Árbol de Niño Jesús.
Cuenta la historia que, al parecer, fue el famoso teólogo y reformador alemán, Martín Lutero quien, en el siglo XVI instauró la costumbre de adornar los árboles de navidad con velas encendidas. Parecer ser que fue tras la Guerra de los Treinta Años, entre 1618 y 1648 que la tradición, un poco olvidada del árbol de Navidad, fue reintroducida en Europa. Pero, no fue hasta la primera mitad del siglo XIX que el tradicional árbol se extendió a países como Austria, Gran Bretaña o Francia.
Los adornos y bolas que actualmente se cuelgan de los árboles de Navidad, tienen su origen en aquellas bolas que fueron creadas en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de la ciudad de Bohemia, moda decorativa que determinó un predominio de Praga frente a Venecia.

El hombrecito de rojo

Finalmente Papá Noel se suma a todos estos simbolismos como el personaje legendario que reparte juguetes a los niños durante la noche de Navidad. Actualmente se le representa con una gran barba blanca y vestido de rojo. Es para muchos, sobre todo para los niños, uno de los personajes más queridos de la Navidad.
Pero Papá Noél, o Santa Claus, es una figura muy reciente, parece ser que consecuencia de la devoción de los holandeses errantes. En oriente se le conoce como San Nicolás de Myra, pero en occidente como San Nicolás de Bari. El motivo: cuando los musulmanes invadieron la antigua Grecia en el Siglo XI, los cristianos trasladaron en secreto sus reliquias a Bari (Italia). En esta ciudad se produjeron tantos milagros que la popularidad del santo se extendió rápidamente a toda Europa.
En 1624, cuando los inmigrantes holandeses fundaron Nueva Ámsterdam (la actual Nueva York), extendieron la figura de San Nicolás.
Finalmente, en 1902 se publicó “The Life and Adventures of Santa Claus” (La Vida y las Aventuras de Santa Claus), un libro infantil escrito por Frank Baum en el que se le dio al personaje la característica final y decisiva que le permitiría existir siempre: la inmortalidad.
Lo único que faltaba era un gran impulso; y la ya por entonces multinacional Coca Cola aprovechó la oportunidad a partir de 1931 para capitalizar su carismático éxito con la ilusión de los mas pequeños y no tanto, que pasamos la noche del 24 esperando algún ruidito alentador que certifique el paso de los renos y el incomparable sentimiento que genera que el `abuelito pascuero´ se acordó otro año de nosotros, con un regalo ansiado, un beso imaginado y un soplido de aire fresco al continuar su viaje.

Gobierno de Chubut