Si bien ya son de amplio conocimiento los efectos nocivos que tienen los cambios climáticos que el planeta está padeciendo: frío extremo, sequías prolongadas, inundaciones, terremotos, tsunamis, aludes. Además de lo que le pasa a la Tierra, nos trae consecuencias, inevitables, en nuestro estilo de vida y, especialmente en la salud de todos los seres vivos.
Al respecto, Aaron Bernstein, es Co-Director del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, expuso recientemente, cómo estas calamidades afectan la salud de los chicos y también, cómo los padres pueden ayudar a que puedan crecer saludables y seguros, dentro de un panorama poco favorable.
Puntualizando, en relación con los efectos negativos del cambio climático sobre la salud de los más pequeños, Bernstein dice que el cambio climático genera olas de calor cada vez más calientes y prolongadas y esto significa que los niños no pueden jugar al aire libre. La vida dentro de la casa suele ser más sedentaria, lo que inevitablemente lleva a la obesidad.
Además, este fenómeno provoca más calor y también produce más ozono, una sustancia contaminante que es nociva para nuestros pulmones, y en especial, los de los chicos con asma. El ozono también puede afectar a las embarazadas y su inhalación se asocia a los nacimientos prematuros y bebés más pequeños.
Con el cambio climático también se dan mayores aguaceros y sequías. Las sequías prolongadas y calientes, pueden causar incendios y estos producen una severa polución del aire que incrementan los ataques de asma y puede generar infecciones respiratorias, incluyendo neumonía. En tanto, las inundaciones y los incendios pueden ser experiencias traumáticas para los niños. Perder la casa o la escuela puede causarles un tipo de estrés que deja su marca y condenarlos en la edad adulta a sufrir de presión alta, trastornos cardiológicos o derrame cerebral. Cabe aclarar que las inundaciones también están asociadas a brotes de trastornos diarréicos, los que son particularmente peligrosos en los infantes. Por último, las grandes catástrofes climáticas, como los huracanes, y sus consecuencias, dificultan el acceso a la atención médica. En general los hospitales se destinan a alojar a los evacuados o se cierran y los chicos que necesitan, por ejemplo, sesiones de diálisis o nebulizaciones, pueden verse afectados o imposibilitados de recibir la atención necesaria.

Por el contrario, reduciendo nuestra dependencia del combustible fósil –como el carbón y el gas natural, los cuales son los mayores causantes del cambio climático– se puede mejorar la salud de los niños, hoy mismo. Por ejemplo, al quemar menos combustible fósil se reduce la polución del aire, la que está asociada a problemas respiratorios severos. Esto derivaría en que los niños puedan salir fuera de casa, moverse, lo que impacta contra la obesidad.
También pensando la construcción de ciudades e infraestructuras, teniendo en mente el cambio climático, ya generamos un beneficio. Cuando usamos más energías renovables y creamos más espacios verdes, nuestras ciudades serán más frescas y tendremos menos contaminación atmosférica, es decir un mejor medio ambiente para los niños y para todos.
En cuanto a los que los padres pueden hacer para proteger a sus niños, Bernstein aseguró que el punto más importante es que los padres realicen acciones para descarbonizar en sus propias vidas y en la comunidad para darles una mejor calidad de vida hoy y proveer un clima más llevadero para el mañana.
Un ejemplo de esto puede ser elegir caminar, andar en bicicleta o transporte público todo lo que puedan. Si compran un automóvil, busquen uno con mejor economía de combustible (a mayor cantidad de gas que quema por milla, mayor cambio atmosférico nocivo genera).
También, una vez a la semana es recomendable sustituir una comida con carne roja por una con vegetales. La carne de res deja más huella de carbono que cualquier otra fuente de alimentos. Esto tiende a ser insalubre.
Reducir, rehusar y reciclar, un consejo de nuestros tiempos. Entonces, más cosas nuevas compramos, más aumentamos nuestra huella de carbono. Mucho de lo que consumimos (en los Estados Unidos) viene del extranjero, pero la polución atmosférica que genera su producción no se queda allí, vuelve hacia nosotros.