Por Trivia Demir

Comenzó 2019 y la segunda semana ya toma velocidad el embale político. A nivel nacional, Mauricio Macri y su Gobierno comienzan un objetivo difícilmente alcanzable, aunque no imposible, anticipan los analistas. Y aunque el Presidente decidió prolongar una semana más su descanso en Villa La Angostura, ya empieza a trotar detrás de una verdadera utopía: que los números finales económicos, financieros y fiscales de esta primera gestión de Cambiemos terminen siendo mejores a los que recibió de la presidencia de cierre del kirchnerismo. El Jefe de Estado sólo tendrá 10 meses para conseguir que las principales cinco variables de la economía (crecimiento, inflación, tipo de cambio, poder adquisitivo y, la más importante, pobreza), quiebren el rumbo negativo con que azotan la realidad y se ubiquen por encima de lo que dejó en herencia Cristina Fernández de Kirchner. O que, al menos, lo empaten. Para esto necesitará mucha más de una buena gestión y un cambio de suerte. Deberá tener una eficacia única y extrema en la toma de decisiones económicas para conducir el país, una virtud que, hasta acá, no pudo demostrar.

Cuando el balance no ayuda

A diciembre de 2018, en términos económicos, los resultados de Mauricio Macri son, como mínimo, una gran desilusión. Desencanto reconocido por el propio Jefe de Estado y repetida por gran parte de su actual Gabinete, obviamente, puertas adentro. Ni hablar de los hombres que comenzaron acompañándolo allá por diciembre de 2015 y que ahora volvieron a militar entre los economistas profesionales independientes. Entre otros, Carlos Melconian, Federico Sturzenegger y Alfonso Prat Gay, siempre con el respeto del caso, se convirtieron en severos críticos de los resultados de Cambiemos en el poder. Y piden ciertos cambios para torcer el rumbo. Razones no faltan. La sola enumeración del balance a diciembre de 2018 es desolador. Más allá que aún resta conocer el cierre de las variables (datos que se irán publicando escalonadamente durante el primer trimestre de 2019), parece irreversible que el panorama invite más un escenario de evaluación de daños, que de comienzo de reconstrucción. Si se tienen en cuenta los primeros tres años de gestión de Mauricio Macri, el saldo final es lapidario. El PBI cayó 1,3%; la inflación acumulada trepará a 155%; el dólar se devaluó un 280% y la deuda externa se incrementó en 80.000 millones de dólares, cifra que trepa a u$s100.000 millones si se toma el dinero que giró hasta fin de año el Fondo Monetario Internacional (FMI). La situación se complica aún más si se tiene en cuenta que el ajuste sobre las familias y empresas incluyen en estos tres años una suba promedio de 1.644 % en las tarifas de la energía eléctrica, 747% en el gas, 512% en el agua, 217% en el transporte y 204% en combustibles. El cruce entre la evolución de los salarios reales durante estos primeros tres años de gestión y la corrosión del poder adquisitivo, provocaron que, según cifras oficiales, el poder de compra de los sueldos de las familias esté, al menos, un 15% por debajo de lo recibido en diciembre de 2015.

El panorama para las familias se complica aún más cuando se cruza con los efectos devastadores de la política impositiva que desplegó el macrismo desde que llegó al poder. Lejos de cumplir con las promesas electorales de una reducción de la inexplicable presión tributaria, la actual gestión aplicó un fuego cruzado aún mayor al heredado; empeorando la capacidad de movimientos de las empresas y el poder adquisitivo de los participares. La enumeración de medidas tributarias da miedo. Comenzando por la aplicación del impuesto a la renta financiera que comenzó a regir este año (seguramente el mayor error tributario de toda la gestión de Mauricio Macri y por el que pasará a la historia contable argentina) que comenzó a regir este año para los inversores no residentes (dando inicio en abril de este año a la crisis financiera). Siguiendo por la aplicación de las retenciones a las exportaciones 2.0 y la mayor presión sobre los trabajadores en relación de dependencia en el Impuesto a las Ganancias, que sólo empeoraron la situación del mercado interno. El panorama se completa con la aplicación del tributo a los bienes personales para los que fueron convencidos para ingresar en el exitoso blanqueo cerrado en abril del año pasado. En definitiva, la situación tributaria general terminó convirtiéndose en una de las grandes desilusiones de la gestión macrista.
Con este escenario a cuestas, Mauricio Macri deberá hacer magia para conseguir su imposible: mejorar los datos macroeconómicos heredados de Cristina Fernández de Kirchner. De acuerdo a los pronósticos oficiales, sería inevitable que para diciembre de 2019 el poder adquisitivo de los salarios termine en un nivel negativo contra el nivel del mismo mes de 2015. Incluso la pérdida sería de dos dígitos. Mauricio Macri y su Gabinete, puertas adentro, reconocen esta realidad. Incluso, en la diagramación de la campaña electoral se pensó un capítulo para explicar el porqué del tamaño sacrificio que la sociedad debe asumir para que el país comience a crecer sobre `bases sólidas´ desde 2020. Para el Gobierno, hoy por hoy, bases sólidas quieren decir cumplir el verdadero plan económico: la búsqueda del déficit cero en los términos del acuerdo con el FMI firmado en septiembre de este año. La apuesta oficial para 2019 es, en síntesis, cumplir los términos de esa negociación, lograr que trimestralmente el FMI libere los fondos comprometidos para que Argentina no caiga en default y así llegar a las elecciones de octubre con las cuentas ordenadas y el esquema de cumplimientos financieros internacionales despejado. Todo lo demás se deberá encolumnar debajo de este objetivo.
La base estructural sobre la que se intentará lograr esta meta parte de dos medidas hoy pétreas aplicadas desde el Banco Central que maneja Guido Sandleris: el control férreo de la emisión monetaria y la vigencia de la Zona de No Intervención del dólar; ahora, las únicas garantías de estabilidad encontradas por la conducción económicas, y asumidas por los mercados como un logro de la gestión. Al menos para detener la caída de la economía hacia abismos peligrosos, y poder pensar que una futura recuperación es posible. Sin embargo, para que esto sea posible, el equipo económico sabe que la tercera pata del plan de estabilización debe cambiar. El plan de ajuste monetario máximo reduce la posible magia electoral de Macri a su mínima expresión.

El primer tour electoral del 2019

Con este escenario de gestión, a meses de las elecciones presidenciales, Mauricio Macri iniciará, la semana próxima una gira electoral por el sur, luego de la cual viajará a Brasilia para encontrarse con su par, Jair Bolsonaro.
El periplo patagónico que tienen visos de recorrida de gestión, pero en el fondo posee ribetes proselitistas tendrá como primer destino a Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, las provincias que espera poder ganarse antes de los comicios. En Chubut sabe que Mariano Arcioni ya puso su corazoncito en la Alternativa Federal, pero que en manos de Massa siempre está más volcada a la derecha que al centro, y porque no con algunos `mimos´, del centralismo, el tigrense bien puede mutarla en `Alternativa Testimonial´en los hechos. En la provincia vecin a, y a pesar de los problemas de su administración y de su clara posición política, Macri se reunirá con Kirchner, pero también con el senador Eduardo Costa, quien se encamina a conquistar la gobernación provincial.
Su viaje concluirá en Tierra del Fuego, con un alta chance de no encontrar en la provincia a la gobernadora, algo que no impedirá el viaje. Es que Rosana Bertone estaría decidida a `plantar´ a Mauricio Macri en su primera visita a Tierra del Fuego, molesta por la política industrial del Gobierno que afectó seriamente a su distrito.
Que estas tres provincias `díscolas´ en términos políticos hayan sido elegidas para el arranque del trote de campaña, no es un dato más. La postergación del Plan Patagonia es irremontable y hay casi resignación oficial ante la espalda que le dará el sur del sur, aunque también Balcarce tiene claro que en términos numerales no le mueven la aguja. De hecho, hoy aunque aun de vacaciones, Macri se reunirá con el gobernador de Neuquén Omar Gutiérrez en villa La Angostura, con el propósito de tratar una agenda amplia que incluye las inversiones en Vaca Muerta en el periodo 2019/20 y la candidatura del neuquino para un nuevo periodo al frente de la provincia. Mientras que el miércoles Macri tiene previsto encontrarse con Horacio “Pechi” Quiroga, el candidato a gobernador por Cambiemos en las elecciones del 10 de marzo próximo, para analizar sus chances electorales. Es que grosso modo la estrategia electoral de Cambiemos ya fue definida, buscará retener a los distritos que hasta el momento permanecen bajo el control de Cambiemos, tales como Buenos Aires, Capital Federal, Corrientes, Jujuy y Mendoza, e intentará avanzar sobre provincias peronistas `convencibles´ con alianzas explícitas o implícitas, empujando segundas opciones propias mas fortalecidas.
Una vez finalizada la gira por el sur, Mauricio Macri viajará a Brasil, en donde se encontrará con Bolsonaro, después de haber falta al acto de asunción el pasado 1º de enero. Se trata de una bilateral histórica que puede esbozar la flexibilización del Mercosur y el destino institucional de Venezuela. Para el 16 ya estará de vuelta, a nueve meses de las elecciones. Habrá que ver…

Fuentes: NA, LMN, Total News Agency, Télam, propias