Cerca de 3.700 personas mueren diariamente en el mundo por causas relacionadas con la seguridad vial, muchas de los cuales son niños y jóvenes, mientras que más de la mitad de las víctimas de accidentes fatales no viajan en automóvil y la mayoría ni siquiera está en condiciones económicas de comprar uno, según el Informe sobre la Situación Mundial de la Seguridad Vial 2018 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Además, las personas tienen tres veces más probabilidades de morir a causa de una colisión en el tráfico en un país de bajos ingresos que en uno de altos ingresos. Si bien las naciones de bajos ingresos tienen el 1% de los vehículos del mundo, constituyen el 13% de las muertes a nivel global.
Argentina no escapa a esta realidad global, ya que si bien el informe registra importantes avances en relación a su capacidad institucional de monitoreo, regulación y fiscalización, todavía existen enormes desafíos en materia de seguridad vial.
La estimación por parte de la OMS indica que en el país se han registrado 6.119 muertes a causa del tránsito en 2016, con una tasa de 14 fallecimientos por cada 100.000 habitantes para ese año y una tendencia que fue en aumento desde 2012. Además, el informe refleja que el consumo de alcohol está involucrado en el 17 % de las muertes.

Voluntad política

En base a una estimación de 1,35 millones de muertes anuales por incidentes de tránsito en el mundo, la OMS llama a los gobiernos a reunir la voluntad política necesaria, adoptar un enfoque integral para prevenir estas tragedias y priorizar el transporte más seguro y saludable. A nivel nacional y municipal se necesita una acción enérgica para revertir las tendencias actuales y salvar millones de vidas en todo el planeta.
A escala global, entre las personas de 5 a 29 años no hay mayor amenaza para sus vidas que un incidente de tránsito. Además, más de la mitad de las víctimas de accidentes fatales son peatones, ciclistas y motociclistas. En otras palabras, son personas que no viajan en automóvil. Sin embargo, la mayoría de los sistemas de transporte en todo el mundo han sido diseñados para vehículos motorizados. El precio que ha pagado la humanidad por esto es inaceptablemente alto.
Al respecto de esta situación, desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) realizaron una serie de estrategias para enfrentar esta situación existen y se ha demostrado que previenen las muertes y las lesiones de tránsito. Puntualmente, recomiendan una mejor legislación sobre riesgos como el exceso de velocidad, conducir un vehículo bajo la influencia del alcohol y no usar cinturones de seguridad; una infraestructura vial más segura, como aceras y carriles especiales para ciclistas y motociclistas; mejores normas de seguridad para los vehículos, como las que exigen el control electrónico de estabilidad y sistemas de frenado avanzado; y mejores servicios de atención de emergencias.

Objetivos

El informe de la Organización Mundial de la Salud señala que, si bien estas medidas han contribuido a reducir las muertes por incidentes de tránsito en los últimos años en 48 países de ingresos medios y altos, la situación está empeorando en 104 naciones. Ni un solo país de bajos ingresos ha demostrado una reducción en las muertes en general, en gran parte debido a que faltan estas intervenciones.
Las carreteras más seguras no solo evitarán lesiones, sino que también permitirán caminar y andar en bicicleta. Esto, a su vez, ayudaría a prevenir algunas de las principales causas de muerte y discapacidad.
En términos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que los gobiernos acordaron en 2015, garantizar la seguridad en las carreteras facilitará el logro no solo de los objetivos relacionados con la seguridad vial, sino también de los vinculados con la salud, el medio ambiente, la educación y el empleo, entre otros.
Las carreteras seguras también garantizarán la habitabilidad y la sostenibilidad de las ciudades, donde actualmente vive más de la mitad de las personas del mundo.
Cada muerte o persona discapacitada por un incidente de tránsito representa una tragedia personal y familiar que se puede evitar a través de intervenciones efectivas. Es necesario redoblar los esfuerzos y las acciones colectivas, tanto a nivel de los gobiernos como de los ciudadanos, para revertir esta grave situación.