En septiembre de 1987, la comunidad internacional dio uno de los pasos más decisivos para luchar contra los efectos negativos que la acción humana estaba provocando en la salud del planeta: la firma del Tratado de Montreal. En este convenio, los líderes mundiales reconocieron por primera vez que «la emisión en todo el mundo de ciertas sustancias puede agotar considerablemente y modificar la capa de ozono en una forma que podría tener repercusiones nocivas sobre la salud y el medio ambiente”. Para evitar que los peores augurios se materializasen, los Estados firmantes se comprometieron a «controlar el total de emisiones mundiales de las sustancias que agotan la capa de ozono, con el objetivo final de eliminarlas”.
Treinta años después (no entró en vigor hasta el 1 de enero de 1989), la capa de ozono se está recuperando y el famoso agujero de la estratosfera se recobra «a una tasa de entre el 1% y el 3% por década desde el año 2000”, según la última evaluación científica elaborada por la ONU. «Los hallazgos del informe confirman que las medidas adoptadas en virtud del tratado internacional han provocado disminuciones a largo plazo en la abundancia atmosférica de las sustancias controladas que agotan el ozono”, señala ONU Medio Ambiente en un comunicado.

Una buena noticia

Si la recuperación se mantiene al ritmo actual, recoge el informe, el ozono en las latitudes medias y el hemisferio norte se recuperará completamente para la década de 2030, mientras que en el sur el agujero se cerrará en 2050 y, finalmente, en los casquetes polares lo hará en 2060. Unos datos para celebrar, ya que el ozono estratosférico blinda al planeta de la acción lesiva de la radiación ultravioleta procedente del Sol. Es, por tanto, un escudo imprescindible para la vida.
“El Protocolo de Montreal es uno de los acuerdos multilaterales más exitosos de la historia”, asegura Erik Solheim, director ejecutivo de ONU Medio Ambiente. No en vano, en 2009 se convirtió, junto al Convenio de Viena, en el primer tratado de Naciones Unidas en conseguir la ratificación mundial. Para Solheim, su éxito se basa en la “cuidadosa combinación entre ciencia y acción colaborativa establecida para sanar la capa de ozono”.