Un informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) junto con el Instituto Superior de Ciencias de la Salud revela que 4 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 29 años -casi dos millones de personas- no terminan el secundario.
Otro informe de similares características, expone que en los sectores más vulnerables el índice aumenta al 62 por ciento. Es decir que son 6 de cada 10 los que no terminan el secundario.
En un mapeo de todo el país, la provincia de Chubut se ubica en la media nacional, mientras que provincias como Santiago del Estero y Formosa están por debajo de la media.

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Escolarización y empleo precarizado

El autor de Juventudes desiguales: oportunidades de integración social, Santiago Poy, contó los detalles de la investigación de la UCA, y explicó el vínculo entre la falta de escolarización y el empleo precarizado.
“Es el primer informe que se realiza sobre jóvenes. Procuramos mostrar una imagen de una juventud fragmentada. El dato sobresaliente tiene que ver con la exclusión de los niveles educativos considerados obligatorios”, observó Poy.
Según el sociólogo, la evidencia “parece indicar que esto se viene configurando hace un tiempo” y “no es que haya habido un empeoramiento muy reciente”.
“4 de cada 10 jóvenes no tienen hecho el secundario. 1 de esos 4 solo tiene hecha la primaria. Los grandes desafíos están entre los jóvenes de 18 a 24 años, donde todavía se registran posibilidades ciertas de que vuelvan al sistema educativo medio”, agregó el experto.
Otra de las dimensiones que aborda el estudio tiene que ver con el trabajo de los jóvenes. Para Poy, no contar con el título secundario “no se asocia tanto con una mayor exposición al desempleo, sino que tiene que ver con una dificultad para acceder a puestos de buena calidad”.
“En Argentina, solo 4 de cada 10 jóvenes que trabajan están en blanco. El 60% se encuentra en situaciones de muchísima vulnerabilidad laboral. Hay una disociación entre la valoración general del sistema educativo y la propia percepción que tienen tanto los padres como quienes concurren a la escuela”, concluyó el autor de la investigación.

Indicadores

Argentina tiene serios problemas de terminalidad de la secundaria. No es una novedad, en realidad. De acuerdo a los últimos datos disponibles, solo el 60% de los estudiantes llega al último año del secundario en el tiempo esperado. Los números, sin embargo, se desploman cuando se trata de los sectores más vulnerables. Las dificultades que imponen los contextos más críticos hacen que solo se gradúe en el tiempo teórico el 37,5% de los chicos.
Las diferencias son notorias entre las tres categorías que plantea el Índice de Contexto Social de la Educación (ICSE), que tiene en cuenta características de vivienda, agua, saneamiento, educación de los adultos de la familia y economía del hogar. En las escuelas públicas, el nivel de terminalidad cae a medida que aumentan las necesidades. En el contexto de privación bajo/medio, llega a tiempo el 63,3%, en el alto el 48,4% y en el crítico tan solo el 37,5%. Es decir, el 62,5% de los alumnos más pobres no termina la secundaria cuando debería.
Además de las económicas, hay disparidades de otro tipo, según consigna un informe del Observatorio Argentinos por la Educación. El ámbito al que pertenece la escuela es uno. Mientras que en las zonas urbanas egresan a tiempo 7 de cada 10, en el campo ese indicador cae a 4 de cada 10. Parte de esa estadística, sostienen, se puede explicar desde la menor oferta educativa que existen en las zonas rurales; menor cantidad de docentes y mayores costos.
Entre las provincias más ricas y pobres también hay diferencias marcadas. Por caso, en la Ciudad de Buenos Aires el índice de terminalidad es del 79,7%, mientras que en Santiago del Estero más de la mitad queda en el camino. La brecha educativa también se replica en las evaluaciones de aprendizajes, en las que se presentan disparidades similares.

Secundaria 2030

En ese contexto, a fines de 2017, los ministros de Educación aprobaron una reforma de la escuela media. Durante noviembre de 2018, cada provincia debía presentar su plan de acople a la «Secundaria 2030», que con distintos grados de aplicación, comenzará a implementarse a partir de 2019 y tendrá que estar en todas las escuelas para 2025.
¿En qué consiste la Secundaria 2030? Al menos en el marco teórico, promueve la integración de las materias a través de trabajos interdisciplinarios, que fomenten habilidades como el trabajo en equipo, el pensamiento crítico y la creatividad. Pero también, en vías de reducir la deserción y la repitencia, invita a otorgar notas por proyecto, calificaciones de desempeño y considerar el progreso del alumno fuera de las pruebas tradicionales.
Algunas provincias ya pusieron en marcha sus proyectos de nueva secundaria. Río Negro es pionera en su implementación: los profesores no pueden trabajar en más de dos escuelas, dan clases en forma colaborativa y la currícula se organiza en torno a áreas de conocimientos. La Ciudad de Buenos Aires también comenzó este año con 19 escuelas y lo extenderá a otras 25 en 2019. Lo mismo sucede con la provincia de Buenos Aires, que buscará duplicar los 300 colegios que hoy ya trabajan con la reforma del secundario. (Fuentes: UCA, Infobae, propias)

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