Por Marisa Rauta

De las grandes mujeres que invoco hoy para compartir, podría nombrar cientos de admirables pensadoras, compañeras, líderes, vecinas, pero primero están allí el recuerdo invaluable de mi madre, Angelita, y la caricia cotidiana a mis plantas de la Pachitamama, la tierra; ambas féminas originales, sostenedoras y eternas germinadoras de los eslabones del género que se tejería con la singularidad rala que nos ha tocado. Materializar de la tierra al seno de una primera generación argenta de rusa alemana, fue posiblemente la materia más enriquecedora de la gran universidad que me resulta esta vida. La gran escuela fue la intuición y el gran respeto fue únicamente por la naturaleza, todo lo demás fue matriarcado de primitiva ternura, a pesar de ellos. Desde ese ángulo magnífico del ser, no hubo espacio para el miedo. Mucho menos para el sometimiento, y menos que menos para la dominación. Pasarían años para que entendiera cuando ella minimisaba mis rezongos por los rebotes recurrentes contra un mundo “de hombres”. Decía “es la cara de una misma moneda”, mientras cocinaba y tarareaba algún tango, donde siempre la mina era la relajada que lo garcaba y el malevo se mordía para no llorar. Paradójicamente, ella solo honraba la melodía y ni siquiera reflexionaba sobre las letras impuestas por esa moneda que siempre para mí,caía con la misma cantinela de cara, en un mundo de secas. Sencillamente porque tenía claro, que la letra, no hace al tango. Lo entendí muchos años después. Lo que lo convierte en tango, como a nosotros seres humanos, es el sentimiento. Florecí con aquella convicción inapelable de esencia todopoderosa, implosionando las estructuras patriarcales no sin el conflicto del gusano que no termina nunca de ser mariposa. Por eso fui comprendiendo lo que rezaba la ciencia, que la moneda es una y el género en sus pujas de caras, es la categoría organizadora central de nuestra psique, el eje alrededor del cual organizamos nuestra personalidad; y a partir del cual se desarrolla un ego distintivo. Sin embargo, los tangos se fueron rapeando, las mariposas multiplicándose y han pasado muchos años para que los discursos sobre el género se liberen no sin muchas dificultades de la noción limitada de los roles sexuales. Dice Kaufman, por ejemplo, que ´lo clave del concepto de género radica en que éste describe las verdaderas relaciones de poder entre hombres y mujeres y la interiorización de tales relaciones´. Conflictividad tremenda sobre todo a lo que Bob Connell llama “formas hegemónicas de masculinidad”, cuyas principales diatribas continúan entre jerarquías de poder de distintos grupos de hombres y también entre diferentes masculinidades. De allí que no sea tan simple el empoderamiento de la mujer. Tal vez porque el conflicto central es desempoderamiento masculino.
Pudiendo ocupar la mujer todos los roles posibles sin ninguna limitante, ¿qué hace a la ´diferencia´ que tanto resguardó el poder de ellos? Es la moneda que gira en el aire interminablemente y no garantiza certezas. La reconstrucción de un mundo de seres, se convierte apenas en el taconeo sobrecogedor de una milonga sentimental, donde no hay nada para decir, sino sentir, y no hay lugar para un macho dominante, sino turnos de intermitencia seductora de conducción improvisada de vuelo largo.
Si a más de medio siglo de vida de caminar cada metro de la escarpada montaña de las oportunidades en la creencia de que iba en absoluta soledad y hasta en dirección equivocada, a esta altura me anoticié que hay escaleras mecánicas y ´colectivos´ que facilitan la llegada a la cumbre de una misma. Como si fuera poco, hace meses leí textos orientales muy antiguos que plantean a quienes creen en la reencarnación, y que somos almas y espíritus que volvemos a tomar forma, que además esas formas cambian de hombre a mujer y viceversa, alternativamente se vayan dando las materializaciones mundanas. Y listo! Ahí me di cuenta incluso que me habían afanado la moneda de las caras iguales, mientras volaba por el aire de mis presuntas certezas. Y el poder era apenas el zumbido de las vueltas que alcanzó a dar.

Nada de bambalinas

Por eso, desde la redacción y coordinando, no dirigiendo El Diario, comparto la invitación que para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, lanzó la Federación Internacional de Periodistas (FIP) con un llamamiento a los medios de comunicación y sindicatos para que las mujeres sean más visibles en sus organizaciones. (Aunque sea por las dudas de que la rueda karmática se de vuelta).
De hecho, como invaluable material, la campaña #MujeresAlFrente de la FIP ha reunido datos y estadísticas junto a testimonios inspiradores de mujeres al mando de medios de comunicación y líderes sindicales en todo el mundo que luchan por un cambio en favor de la igualdad de género en el mundo.
Mientras las mujeres representan más de la mitad de estudiantes de periodismo a nivel global, tan solo ocupan el 23% de los puestos directivos en medios de comunicación (IWMF). Además, representan menos de la mitad de los trabajadores.
“Lo que más frustración despierta son los obstáculos para hacer el propio trabajo en un mundo predominantemente de hombres”, dice María García Zornoza, redactora jefe del medio digital Aquí Europa. “Es mucho más difícil que a las mujeres se las tome en serio, un hándicap que se multiplica además si eres joven”, señala.
La FIP también quiere poner el foco en que las mujeres ocupan la mayoría de los trabajos precarios en el sector, y que éstas tienden a informar menos sobre cuestiones como política y economía. En cambio, trabajan más en áreas denominadas “noticias blandas”, como educación y salud. También sufren más acoso online.
Por su parte, en los sindicatos, las mujeres ven más difícil conseguir posiciones de poder y muy pocas organizaciones han adoptado políticas claras para acabar con los desequilibrios de género en su organización.
“Quiero ver a mujeres ocupando posiciones de presidencia o secretaría general en sindicatos y asociaciones de periodistas. Las mujeres necesitan ser libreadas de posiciones infravaloradas en los sindicatos”, dice Raby Simporé, miembro de la dirección de la Asociación de Periodistas de Burkina Faso.
La campaña #MujeresAlFrente recuerda a los sindicatos que la igualdad de género no solo afecta a las mujeres, sino a sus organizaciones. Queremos alentar a las mujeres periodistas a que actúen para garantizar procesos justos que permitan a las mujeres acceder a puestos de poder en los medios. La campaña también subraya que la igualdad en el liderazgo de los medios puede ser un gran avance en favor del periodismo de calidad. “Pienso que al final, tendemos un mejor periodismo si las mujeres y los hombres son iguales, también en las posiciones de poder. Las condiciones de trabajo también mejoran cuando hay mujeres dirigiendo, porque aportan una perspectiva diferente”, dice Ulrika Hyller, presidenta del Sindicato Sueco de Periodistas.
Por su parte, el presidente de la FIP, Philippe Leruth, ha dicho: “En vísperas de la Conferencia Mundial de la Mujer de la ONU en Pekín +25, debemos marcar la diferencia e instar a los sindicatos y organizaciones a que hagan todo lo que esté en sus manos para promover a las mujeres en los medios. El futuro del periodismo no puede ser abordado sin revisar las rutinas diarias y hábitos de liderazgo. Tenemos que cambiar y mirar hacia nuestras propias estructuras y garantizar que las mujeres estén representadas en todos los niveles y que se adopten políticas para asegurar la igualdad de género. Antes de nuestro congreso mundial en Túnez del próximo junio, pido que todos nuestros afiliados envíen delegaciones con equilibrio de género y que apoyen a las mujeres elegidas para nuestro consejo”. Chan chan!