En el marco del Programa Nacional Ciencia y Justicia del CONICET, y a partir de una convocatoria realizada por el Colegio de Abogados de San Isidro, tuvo lugar en la sede de la entidad gremial una jornada sobre género, derechos humanos y familia, en la cual expusieron tres destacadas investigadoras del Consejo.
La organización del evento tuvo como fundamento la convicción de que la investigación científica constituye el cimiento para la elaboración de leyes más justas y que tengan como objetivo alcanzar una sociedad más compleja, plural y diversa.
La apertura de la jornada estuvo a cargo de la doctora Julia Bruzzone, coordinadora de Proyectos de Investigación del Colegio de Abogados de San Isidro, quien celebró el camino recientemente iniciado por su institución hacia la investigación jurídica junto al CONICET.
A continuación, tras un breve video institucional, el doctor Alan Temiño, gerente de Asuntos Legales del CONICET, trazó una breve historia del Programa Ciencia y Justicia que surgió en 2015 con el objetivo darle un marco institucional a las relaciones que ya tenían los investigadores y técnicos del organismo con los poderes judiciales y los ministerios públicos, sobre todo a través de su intervención en pericias complejas, pero que también involucra trabajos de investigación y capacitaciones. Temiño destacó además que esta era la primera actividad del programa en el marco de un colegio de abogados.

Género, derecho y justicia

La primera de las oradoras en tomar la palabra fue la doctora Dora Barrancos, investigadora principal del CONICET en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE, FFyL, UBA) e integrante del directorio, cuya disertación giró en torno a las relaciones entre género, derecho y justicia. Barrancos comenzó su exposición haciendo referencia a la historia de la diferenciación establecida por el feminismo entre inscripción sexual e inscripción genérica y aludió a que en la coyuntura actual el término ‘genero’ ha vuelto a estar en la picota.
“Alguna vez Sandra Harding dijo que el término género era una forma provisoria de llamar a un orden de circunstancias, fenómenos, atribuciones que se desligan de la base biológica que constituye el sexo biológico. De esta manera se pudo separar lo que sería la fuente biológica que pude determinar sexo y sexualidades de lo que serían las fuentes fundamentales de la cultura y de la sociedad. La naturaleza está cada vez más intervenida por la cultura. Esto lo deben saber todas personas que tienen responsabilidades públicas como la administración de justicia”, afirmó la investigadora.
Barrancos contó que en América Latina el término ‘género’ se habilitó en los años ’90 como un instrumento de combate que permitió ganar espacio en las universidades y resaltó que en el ámbito académico internacional los estudios sobre las mujeres fueron de la periferia al centro.
En su disertación, la investigadora destacó además que si bien la diferencia sexual jerarquizada se corresponde con el fondo de los tiempos de la humanidad, tiene un origen histórico: “Es probable que al patriarcado tenga una data de nacimiento que se sitúa en alguna etapa del neolítico superior, es decir, que no es constitutivo de la condición homo sapiens”, sentenció.

El cuidado como derecho

Tras la exposición de Barrancos, fue el turno de la doctora Laura Pautassi, investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales “Dr. A. Gioja” (Facultad de Derecho, UBA), quien habló sobre el reconocimiento del cuidado (“lo que el feminismo llamó históricamente trabajo reproductivo”) como un derecho en el siglo XXI.
“Todavía hoy nos cuesta poner en agenda la consideración del cuidado como trabajo, como un trabajo absolutamente esclavizante no reconocido y no remunerado, pero que produce la capacidad de producir valor económico. Sin este trabajo que se hace en el ámbito de los hogares no se reproduce la fuerza de trabajo”, afirmó Pautassi.
De acuerdo a la investigadora, hasta hace no demasiado tiempo las agendas de reconocimientos de derecho dejaban afuera el problema de quién asumía el trabajo de cuidado, del que los varones quedaban totalmente al margen: “Un ejemplo es nuestra Ley de Contratos de Trabajo aun vigente que establece 90 días de licencia por maternidad (30 anteriores al parto y 60 posteriores) y otorga a los varones sólo dos días por nacimiento”.
La investigadora remarcó que, en relación al cuidado, los primeros convenios colectivos de trabajo a nivel internacional protegían la capacidad engendrar de las mujeres por lo que se prohibía que trabajaran de noche o realizaran tareas pesadas. Para Pautassi, si bien legalmente esta situación se modificó a partir de la década del ’50 cuando los convenios comenzaron a ser igualitarios, esto no alteró centralmente las trayectorias y las condiciones laborales de las mujeres hasta entrado el siglo XXI.
“En Argentina, según la Encuesta Permanente de Hogares de 2013 las mujeres tenemos el doble de participación en las tareas de cuidado que los varones, y esto se mantiene sistemáticamente y coincide con los datos que tenemos a nivel regional, pero a su vez también tenemos mayor discriminación salarial”, manifestó.
Y agregó: “Los últimos estudios han avanzado fuertemente en darnos evidencia empírica de que en las trayectorias laborales de los varones la cantidad de hijos e hijas que tienen prácticamente no tiene impacto, mientras que en las mujeres tiene un impacto absolutamente directo”.

Conflictos jurídicos en las relaciones de familia

La última de las especialistas en tomar la palabra fue la doctora Marisa Herrera, investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales “Dr. A. Gioja”, quien, a través de la exposición de algunos casos recientes, habló sobre la cuestión de los conflictos jurídicos complejos en las relaciones de familia en el Código Civil y Comercial.
“Mi idea es centrarme en qué ha pasado en el 2019, quiero traer los últimos debates porque me parece que ahí está la síntesis de cómo estamos hoy en el campo de los conflictos jurídicos, bajo la idea de mirarlos con perspectiva de género. Los fallos que vamos a revisar tienen que ver con la obligación de mirar a partir de la diferencia. Estos nuevos conflictos ponen en tensión visiones clásicas de las reglas con las que hemos jugado siempre en el campo del derecho de las familias”
En su charla, la doctora Herrera hizo hincapié en que hablar de derecho de familias en plural –y no de familia, en singular- implica tener una mirada de géneros –también en plural “Tampoco es lo mismo tener una mirada de género que de géneros”, subrayó la investigadora.
“En el campo del derecho de las familias tenemos un entrecruzamiento complejo de los derechos de niñas, niños y adolescentes como un colectivo vulnerable, atravesado por las perspectiva de género, y también los derechos económicos, sociales y culturales”, afirmó antes de pasar a la exposición de los distintos casos complejos y el tratamiento que recibieron por parte de la justicia argentina.
El encargado de cerrar las jornadas fue el presidente del Colegio de Abogados de San Isidro, doctor Santiago Quarneti, quien agradeció tanto a los organizadores como las expositoras del evento y celebró el convenio institucional con el CONICET como un primer paso para poder formalizar la investigación jurídica dentro del organismo que preside, con la expectativa de que traspasé el plano meramente técnico y tenga un impacto en la realidad. (Fuente: CONICET)

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