Tras semanas de enfrentamientos y ataques limitados, y pese a llamados desesperados de la ONU por evitar un nuevo conflicto, los dos gobiernos en disputa en Libia se declararon este domingo la guerra, en un país que sufre un vacío de poder y constantes luchas armadas desde el derrocamiento de Muamar Gadafi en 2011.
La espiralización del conflicto es seguida con preocupación por la comunidad internacional y especialmente por la Unión Europea, dada la posibilidad de que el deterioro de la situación incremente las corrientes migratorias a través del mar Mediterráneo.
Ante el ininterrumpido avance de las fuerzas del general Jalifa Hafter, el líder del llamado Ejército Nacional Libio y el hombre fuerte del llamado gobierno de Tobruk, que domina las regiones del este y controla los principales recursos petroleros, el Gobierno de Trípoli, reconocido por la comunidad internacional y con sede en la capital del país, oficializó su contraofensiva.
“Tendimos nuestras manos hacia la paz pero luego de la agresión de parte las fuerzas de Hafter y su declaración de guerra contra nuestra capital no encontrará más que firmeza y fuerza”, aseguró el primer ministro del llamado gobierno de Trípoli, Fayez Serraj, en un discurso televisivo, citado por la agencia de noticias ANSA.
Serraj había intentado acatar los pedidos de cautela y moderación de la ONU. Sin embargo, ayer, con las fuerzas de Hafter a solo 50 kilómetros de la capital, lanzó la operación “Volcán de ira” y dejó en claro que están en guerra con el general rebelde.
Según el primer parte que difundió el gobierno de Serraj, al menos 21 personas murieron y otras 27 resultaron heridas desde el jueves pasado, cuando el avance de Hafter hacia Trípoli se aceleró.