Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

Llegó la tarde y lo encontró a Sapoman pensativo, reflexivo. Pocas veces con tantas dudas, luego aquellos episodios que lo llevaran inexplicablemente a dar con una mujer desconocida que le prometía un sinfín de cosas materiales y espirituales que lo llevarían, inexorablemente, a la dulce condena de la felicidad. Y, por otra parte, un encadenamiento de hechos que llevó a transformar en enemiga a aquella joven, Anplagued, que otrora había sido su gran amor, su ilusión, su querida esperanza de felicidad. Pero Anplagued nunca había dado, junto a él, el paso siguiente. Antes bien, había preferido, al parecer, la incierta posibilidad de relacionarse con Bobo Esponja, uno de los archienemigos de Sapoman que, a la sazón, se había incorporado a la cofradía infame de Los Avomitables, junto a los otros malhechores, El Hombre Estornudo, Hombre-Al–Agua, El Operador Veloz e incluso, el misterioso e invisible Monstruo Hablador.
Allí, en la recámara, descansaba Melisah junto a Rubber, el salchicha, acunando su sueño de volver a Ouagadougou. Así, dormida y entregada, parecía una imagen de la ensoñación, del amor verdadero, en fin, algo celestial. Por la ventana abierta soplaba una suave brisa que azuzaba con suavidad los cortinados y hacía danzar levemente su pelo lacio, negro y liviano.
A Faceman le gustaba Melisah, pero no estaba hasta la masanganga, como vulgarmente se hace referencia a aquel que está perdidamente enamorado de alguien.
Cuánto necesitaba, en este momento, de los “Me gusta” de sus amigos de Facebook, de las caritas felices, de los comentarios cargados de buenos augurios. Porque Facebook era eso: una gigantesca y estúpida base de datos cargada de felicidad, alegría y gente interesante. Sin embargo, Facebook era la expresión virtual de la vida misma, de las relaciones humanas, de su alegrías y miserias, porque en la vida hay quienes se ponen en la parte de arriba del escenario y quienes se ubican debajo. Es ese eterno vínculo entre los aplaudidos y los aplaudidores, en el que raramente se invierten los roles. Por tal motivo, la cantidad de publicaciones en Facebook que hace una persona es inversamente proporcional a la cantidad de “Me gusta” que esa persona pone en las publicaciones de otros. Es así, el egoísmo subyacente en todos, o en muchos de nosotros, no contribuye a la armonía colectiva, pero se va construyendo un vínculo invisible e imperceptible que al final eclosiona en una lluvia de “Me gusta”. Era como si, desde algún parte del espacio, una voz cadenciosa de una mujer bella le preguntara “¿Qué estás pensando?” y lo hacía desear actualizar su estado a cada instante.
En efecto, Sapoman llevaba sus pensamientos como en una espiral, siempre hacia el mismo lugar recurrente: sus enemigos, Anplagued, sus dobles personalidades.
En eso, Melisah se despertó y fue hacia él. “Oye amor, ¿Voy preparando las valijas para irnos a Ouagadougou?”
“No. Aún no. Tengo un par de asuntos pendientes aquí, y no me iré con ellos cargados en mi mochila.
Continuará…