Benjamín Netanyahu y su principal rival, el general Benny Gantz, disputaban voto a voto el escrutinio de las elecciones en Israel, con el primer ministro con un panorama al parecer más favorable para formar una mayoría en el Parlamento (Knéset) pero sin garantías de continuar en el poder.
A la espera del escrutinio definitivo, el diario Haaretz analizaba al cierre de esta edición que “es claro que ninguno de ambos líderes logrará conformar con facilidad una mayoría suficiente para una coalición de Gobierno, aunque los números favorecen a la derecha” que rodea a Netanyahu.
“Los israelíes votaron para mantener el statu quo. Dijeron ‘no’ a la paz y ‘sí’ a la ocupación”, dijo el dirigente palestino Saeb Erekat.
Un hecho que perjudica, con todo al premier, es la dificultad de algunos partidos de derecha aliados de acceder al Parlamento, debido a que su agrupación el Likud, logró mantenerse a flote a sus expensas, con propuestas muy extremas, como la de anexar las colonias israelíes en Cisjordania, algo que daría por tierra definitivamente con la posibilidad de un Estado palestino viable.
Además, la votación del Likud (“bloque”) decepcionó con respecto a sus antecedentes.
El líder de la principal alianza opositora, la lista Azul y Blanca, el ex comandante del Estado Mayor Benny Gantz, se declaró vencedor y dijo que su rival fue un claro derrotado porque quedó “lejos de las 40 bancas que había prometido”.
Con diferencia de pocos minutos, el actual premier también se atribuyó “una clara victoria”.
“El bloque de derecha liderado por el Likud obtuvo una clara victoria. Agradezco a los ciudadanos de Israel por confiar en mí. Comenzaré a formar un Gobierno de derecha con nuestros socios naturales esta misma noche”, escribió en Twitter.