Norma Beatriz De Cristófaro es ingeniera química, docente e investigadora, y se desempeña al frente del Grupo de Energía, Materiales y Sustentabilidad (GEMyS), perteneciente a la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Chubut.
Actualmente, junto a dos profesionales más, se encuentra próxima a desarrollar un estudio destinado a la medición del “paisaje sonoro” del Golfo Nuevo, con el objetivo de determinar, entre otras cuestiones, cuáles son los sonidos producidos por la acción humana, cuáles por la fauna marina propia de la zona, y cómo los primeros pueden afectar “la navegación, la comunicación e incluso el comportamiento de las especies”, según consignó en diálogo con El Diario.
La etapa de planificación de la investigación tuvo lugar a mediados de este mes, a raíz de un convenio rubricado entre el Gobierno Provincial, a través de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el Ministerio de Turismo y el Ministerio de Ambiente; comenzará con una primera incursión a la zona de Puerto Pirámides, y el objetivo final será la elaboración de una “biblioteca sonora” que permita llevar adelante otro tipo de relevamientos a futuro.
El equipo de investigación estará integrado por De Cristófaro en el rol de directora del GEMyS, y trabajarán junto a ella el magíster Horacio Giaquinta, por parte del área de Ciencia e Innovación Productiva, además de una oceanógrafa y un físico.

Registro y análisis

“Hemos realizado un convenio con la Secretaría de Ciencia y Técnica y las áreas de Turismo y Ambiente, el cual recientemente fue firmado por el Gobernador”, precisó De Cristófaro, a la vez que explicó que “la idea es hacer un relevamiento del paisaje sonoro marino, para lo cual se registra, en el agua, usando un hidrófono, que es el equivalente subacuático de un micrófono”.
Consultada sobre el objetivo del proyecto una vez relevados los datos, la ingeniera precisó que “registraremos los sonidos en el mar para determinar si los mismos pueden ser de origen biológico, o bien antropogénico (provocados por la acción humana), provocados por las actividades humanas como el tránsito naval, las energías que podrían ser marinas, en el futuro, cuando se implementen, los sonares; son sonidos que podrían, eventualmente, afectar la navegación, la comunicación, e inclusive el comportamiento de las especies marinas”.

El “efecto humano”

Es decir que, concretamente, uno de los fines del relevamiento será determinra cómo la acción humana podría afectar, a través de los sonidos provocados por la misma, la fauna marina en el Golfo: “Eso será en un futuro. Nosotros vamos a empezar registrando el paisaje actual, o sea los sonidos que hoy se escuchan en el Golfo, para más adelante poder comparar con los cambios que se podrían generar”, manifestó la directora del GEMyS.
La herramienta para medir los ruidos subacuáticos, el hidrófono, “permite registrar el sonido del agua, midiendo las fluctuaciones de presión, y estas se convierten generalmente al nivel de presión acústica, siendo una medida de la presión acústica cuadrática media”.

Realizarán varias campañas

Esto último se denomina “acústica pasiva”, añadiendo que “nosotros, en forma pasiva, escuchamos lo que hay alrededor nuestro; esta actividad acústica nos permite estudiar los sonidos que se generan en un ecosistema y monitorear los comportamientos del hábitat marino y su evolución con el tiempo”.
Por otro lado, consultada sobre si el estudio abarcará toda la extensión del Golfo Nuevo, De Cristófaro aclaró que “es muy ambicioso, por lo que vamos a empezar haciendo unas campañas en determinadas zonas, midiendo la zona cercana a Puerto Pirámides; además, haremos otras campañas en diversas etapas, tratando de cubrir los sonidos en función de las prestaciones; una de ellas consistirá en salir a medir (el paisaje sonoro) en invierno, otra en primavera y otra en otoño, por ejemplo”.

Visualizar el sonido

También, adelantó que “saldremos embarcados hacia Puerto Pirámides, tomaremos las medidas y regresaremos en un período de dos a tres horas, cada vez que se vaya a una incursión; allí, se tomarán los datos que se registren, y una vez hecho esto, serán analizados mediante un software que permite identificar los diferentes sonidos” y explicó que “por ejemplo, cada sonido emitido por una lancha o el pasaje de algún buque, se identifica y se ‘visualiza’ en este software, que permite ver cuáles son sus características”.
Lo mismo ocurre “con las especies marinas, ya que en el Golfo podríamos detectar la presencia de los sonidos que emite una ballena, de un delfín o de una orca, y visualizarlo con este software, pudiendo conocer determinadas características del mismo”.

Crearán una biblioteca sonora

Una vez relevados los sonidos en cuestión, De Cristófaro anticipó que “elaboraremos una ‘biblioteca’ sonora o base de datos, donde almacenaremos estos sonidos y después, cualquier persona que quiera consultarlos, podrá hacerlo ya que la misma será pública”.
Preguntada sobre si este es el primer estudio de este tipo que se realizará en el Golfo, la especialista remarcó que “nosotros ya hemos hecho algunas determinaciones, por ejemplo hemos medido los sonidos desde el muelle Piedra Buena, los hemos registrado y los estamos analizando; esas han sido las primeras medidas que realizamos en el Golfo Nuevo, con registración y análisis”, sumando a ello que “por el momento, estamos elaborando los resultados; ahora vamos a salir embarcados en la zona de Pirámides”.

Convivir con la fauna marina

Recientemente, la decana de la UTN en Puerto Madryn, Liliana Vázquez, se refirió a la iniciativa y explicó que la misma buscará “analizar los resultados obtenidos por las señales hidrofónicas que contribuyan a generar una base de datos provincial y regional, para la gestión pública y privada de espacios marinos”, según también lo indica el propio convenio.
La investigación, agregó, “se concentra en la contaminación sonora o paisaje sonoro, bajo la hipótesis de trabajo generada por el efecto que puede producir el ruido de un barco, una bomba de achique, la hélice de las embarcaciones, el motor, en fin todo lo que puede representar el movimiento de las embarcaciones en las especies marinas”.

Impacto ambiental

Vázquez remarcó que “con estos datos procuraremos conformar un mapa en ese espacio sensible, y poder conocer el ruido de forma tal que cuando se quiera poner una instalación o traer más embarcaciones a la zona, sepamos el impacto sonoro que deberá soportar nuestra fauna”, anticipando que desde la Facultad Regional Chubut (FRCh) ya comenzaron a hacer investigaciones “para lo cual hemos incorporado a cuatro doctores como jefes de trabajos prácticos, que fueron afectados a este y otros proyectos de investigación”, en referencia al equipo que integra Norma De Cristófaro.

El relevamiento se extenderá a otras áreas

En otro orden, el el ministro de Turismo y Áreas Protegidas Provincial, Néstor García, sostuv que el convenio firmado “se da en el marco de las políticas de apoyo científico a la tarea que realizamos y que esperemos no se circunscriba solamente al Golfo Nuevo y al área de Península Valdés, sino que se amplíe a la denominada ‘Zona de Amortiguación’ que está al sur”.
También, recordó que entre la zona de Punta Ninfas, al sur de Península Valdés, y el estuario del río Chubut, hay una franja de unos 45 kilómetros donde “habitan varias colonias de aves y mamíferos marinos, y existe una abundante biomasa de peces, que reciben la influencia de los sonidos de elementos extraños para ellos y tan comunes para los humanos como es la práctica de navegar”.

Dónde hay más contaminación sonora

La “contaminación acústica” es entendida como el fenómeno que ocurre a partir de alteraciones al equilibrio ambiental causadas por ruidos o vibraciones sonoras. Esta problemática es común a las grandes ciudades, especialmente en zonas cercanas a centros urbanos o calles y avenidas muy transitadas; no obstante, el resto de los ecosistemas no se encuentran exentos de este tipo de cuestiones, por ejemplo los océanos, que sufren de contaminación acústica marina.
El ruido intenso en las profundidades del mar puede producirse por diversas causas, entre las principales el emitido por los barcos, el transporte submarino, la exploración petrolera, las sondas militares y la pesca intensiva; ello puede generar un inevitable efecto negativo en las especies que habitan en determinadas zonas, fundamentalmente cuando este tipo de contaminación producida por los ruidos sonoros en el mar se incrementa.

Cómo afecta a las especies marinas

Naturalmente, muchos animales marinos aprovechan las condiciones físicas naturales del agua para transmitir sonidos que les permitan cubrir sus necesidades, entre ellas la orientación, la comunicación e incluso la reproducción; pero cuando ocurren variaciones de sonido intenso, dichas especies sufren alteraciones en su crecimiento y desarrollo.
Las consecuencias directas en estas últimas son el deterioro de tejidos corporales por el aumento de la presión acústica, la pérdida de capacidad auditiva, las embolias derivadas de la presencia de burbujas de nitrógeno causadas por el sonido, el enmascaramiento de sonidos biológicos enfocados a la comunicación, orientación y reproducción, el cambio de conductas biológicas, como apareamiento, migración y crianza, y el estrés y las conductas agresivas, entre otros.

Gobierno de Chubut