Por Trivia Demir

La semana culmina con más lamentos que euforias. La crisis económica se hace sentir un poco más a medida que declina el otoño, y una gran mayoría recita aquella nefasta frase: “Hay que pasar el invierno”, con la que el extinto ministro de Economía, Alvaro Alsogaray arengó a la ciudadanía por el canal oficial a fines de junio de 1959, mientras el gobierno de Frondizi anunciaba un nuevo paso en su política antiobrera y proyanqui.
Para Cambiemos, no hay que pasar el invierno, apenas “hay que aguantar hasta el 22 de junio”, tal como lo confesó Marcos Peña en la última reunión de ministros marcando la fecha de cierre de listas como referencia y posible bisagra para el gobierno.
En el microclima proselitista todo lo que sucede parece ser culpa de otro, llámese mercados, poder económico, oposición, etc. Un síntoma de la casi nula capacidad de autocrítica. Un exponente máximo de este mal es probablemente el gurú del oficialismo, Jaime Durán Barba, quien en medio de una de las más virulentas trepadas del dólar hace unos días y en momentos de eclipse Político evidente de la alianza gobernante, estampó otra de sus célebres frases: “…en el concurso de los peores, claramente ganamos. Somos los menos malos”, afirmó. Contextuando que «Hay una gran preocupación por la economía, y eso nos está perjudicando», según Durán Barba en una entrevista con Bloomberg News.

Catrascas

Es probable que la economía sea uno de los detonantes de la gobernabilidad, pero no se puede ser tan necios como para considerar que la población no entienda que la administración de lo público no se trata de un `alumbramiento´, sino que por el contrario hay responsables. Y precisamente son esos malos pasos que van licuando sin tregua las probabilidades de reelección de Mauricio Macri. “Se equivocan demasiado”, dijo un analista casi dudando de tantas cosas juntas, sintetizando a la vez lo que piensa el común de los ciudadanos.
Por ejemplo si se tratara del fracaso de la política social solamente, sería un problema de gestión, pero al agregarle parloteo sesgado e inexacto se convierte en un problema político y sobre todo electoral. Un tema al respecto es el enredo que se intentó generar con el `lucro´ presunto de la Asignación Universal por Hijo con lo que los adoctrinados oficialistas tratan de justificar la irresponsabilidad del Estado. Bueno resulta que la realidad indica que el 52% de los beneficiarios tiene un solo hijo. Apenas el 2% de los padres alcanzados por este derecho tiene más de cuatro hijos. Esto deja literalmente pedaleando en el aire el discurso exteriorizado por el macrismo en la última década. De hecho, según la ANSES (diciembre de 2018), 2.234.187 padres cobraron 3.994.424 asignaciones por hijo (AUH). El 52% de esos padres tiene un solo hijo. Otro 28% tiene 2 hijos, el 13%, tres hijos. Además, con 4 hijos está el 5% de los padres y con 5 hijos, el 2%. O sea, no es cierto que la gente humilde decide tener más hijos para `vivir´ del Estado, una de las ideas más discriminatorias y fóbicas que se han derramado en los últimos años.
Sin embargo si es cierto que la ANSES no deja de ser una caja importante pero no para los más necesitados, sino para la política. Porque no hay que explicar mucho cómo en cada revoleo hay un nutrido grupo de elite que gana apenas por malos asesoramientos.
Por ejemplo el Gobierno se desprendió de acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad y renueva la polémica por ventas anteriores que terminaron en juicios. Cabe destacar que el FGS está conformado por los títulos públicos y acciones que poseían las AFJP al momento de su estatización en el 2008. Con la venida de Cambiemos, el Fondo de Garantía participó de las OPA lanzadas por Solvay Indupa y Pampa Energía cuando adquirió Petrobras Argentina, en dos ventas que fueron judicializadas por considerar que provocaron un perjuicio al Estado. Ahora, en este nuevo revoleo, Marfrig abonará $ 4,70 por cada acción de Quickfood. El valor está en línea con el precio de mercado, ya que esta semana cerró en $ 4,75, aunque se trata de un papel con muy poca liquidez y que ni siquiera forma parte del Merval. Sin embargo, la acción llegó a cotizar a comienzos de 2018 a $ 15, por lo que está lejos de sus máximos incluso sin tener en cuenta la suba del tipo de cambio.

La decadencia

En su columna “La decadencia de las elites”, Ignacio Fidanza afirma que el fracaso en la superación de la grieta, también y precisamente se ancla en la persistencia de las elites en “miradas y estrategias fracasadas”.
Dice el diector de LPO que “La decadencia argentina no puede explicarse sin incluir a sus elites. El fracaso del mejor equipo de los últimos 50 años es apenas la formulación revanchista de un fenómeno más profundo y extendido que hoy se asombra del resurgimiento de Cristina Kirchner. Cuando las convicciones degeneran en odio, la irrupción de la realidad suele vivirse como una sorpresa desagradable.
La construcción de Cambiemos se apoyó desde el lado positivo sobre un imaginario de un proceso desarrollista y republicano, que sintetizara lo mejor del peronismo y el radicalismo. Visión de país y ética en el manejo de lo público. Pero tuvo también un componente de gorilismo visceral, que terminó prevaleciendo y es lo que explica el fracaso en la superación de la grieta que envenena a la Argentina. Un fracaso que hoy el gobierno parece reconocer, tarde y mal, con la oportunista convocatoria a un `Acuerdo Nacional´, que en su mecánica de contrato de adhesión a diez puntos de perezosa vacuidad, expone tanto una visión superficial de la política como la persistencia de una formación elitista, que lleva a creer que se nació para mandar, sin importar si se tiene las cualidades para hacerlo. Con un agravante: Si el acuerdo se busca con los que piensan como uno, ¿qué clase de acuerdo trascendente es ese?”, razona.

Contrastes y algo más

Para el politólogo “Si los `choripaneros´ conducidos por el irresistible aroma de la carne asada eran el lado oscuro del populismo kirchnerista, la insoportable levedad de la cultura del country son la peste de un gobierno que en demasiadas ocasiones se extravía entre la indolencia y el capricho. La derrota es tan abarcativa que se extiende a todo el campo de batalla y solo la propia persistencia en el error de las elites, empezando por las mediáticas, explica que todavía no se haya explicitado en toda su profundidad. La persistencia de las elites en el error como causa de su propia destrucción, es un fenómeno tan viejo como vigente. Steve Bannon tenía sobre su escritorio, cuando fungía como jefe de estrategia de la Casa Blanca de Trump, un libro que era una advertencia: `Los mejores y más brillantes´ de David Halberstam. Un recorrido exhaustivo sobre el fracaso en Vietnam de ese mejor equipo de los últimos 50 años que acompañó a Kennedy a la Casa Blanca, esa elite elegante y agraciada, educada en las mejores universidades de la Ivy League, que mantuvo la ceguera incluso bajo el liderazgo del pragmático Lyndon B. Johnson.
Sería fascinante de observar -sino fuera que el costo es altísimo-, como los mejores y más brillantes de la Argentina han fracasado tanto en su estrategia de superación y reemplazo del kirchnerismo, como en la instrumentación de un programa de desarrollo de la esquiva potencialidad argentina. (…) Lo notable es que a meses de una elección crucial, desde ambos lados surge el simulacro de la autocrítica. El acercamiento del kichnerismo a los mercados y la apertura al diálogo político del macrismo son las expresiones más rutilantes de ese apenas `paso de baile´. Como si en el extremo, existiera la capacidad de entender lo que nos daña, pero por alguna razón atávica, una vez en el poder, se extraviara”. En fin, como decía el memorable William Maugham palabras más menos “En épocas de hipocresía, tanta sinceridad suena solo a cinismo”, no? Habrá que ver…

Fuentes. El Destape, NA, LPO, propias