Por Trivia Demir

La semana culmina con un amesetamiento de los lamentos económicos y un incremento de la euforia política en los círculos de poder. En el resto del pueblo, apenas se traduce en incertidumbre y cuchicheo.
En este marco, la famosa polarización posiblemente viene siendo un gran deseo de Macri y un buen negocio electoral de Cristina, pero no necesariamente es la última realidad, ante el evidente hastío de una buena parte del electorado que refunfuñan entre los males conocidos, analizan los entendidos. Y los datos duros les van dando la razón. De hecho, como señala Ariel Basile, el calendario electoral ya sumó siete elecciones provinciales, que representan más de un cuarto del padrón total del país. Pese al escenario nacional de supuesta polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo, hasta el momento se impusieron las opciones alternativas, conformadas por sellos locales o peronismo equilibristas.
Si bien transpolar comicios locales a la arena nacional tiene cierto grado de especulación porque no contempla realidades particulares, relaciones de fuerzas previas o particularidades del electorado, hay un patrón que está dominando en las urnas: Cambiemos no hace pie siquiera en la región centro que fue su anterior bastión. Por su parte, el kirchnerismo tuvo una suerte dispar: se evaporó en contiendas donde iba al fracaso (como en Córdoba), se integró como actor secundario a otros armados (Santa Fe, por ejemplo) y en distritos como Entre Ríos sí se articuló a la opción ganadora, en un joint venture donde su peso es clave (lo mismo ocurrirá el domingo en La Pampa). En otros pagos perdió ante sellos provinciales.

Lo que viene no será muy distinto

En el recuento, ya hubo elecciones en Neuquén (generales, 10 de marzo), San Juan (PASO, 31 de marzo), Río Negro (generales, 7 de abril), Chubut (PASO, 7 de abril), Entre Ríos (PASO, 14 de abril), Santa Fe (PASO, 28 de abril) y Córdoba (generales, 12 de mayo). La sumatoria supera el 26% del padrón nacional. Ysi bien los electores suelen tener comportamientos distintos en votaciones provincial y nacional, donde gobierna un partido local con armados transversales, esos espacios lograron retener la gobernación.
De forma holgada, el MPN consagró la reelección de Omar Gutiérrez; y Juntos Somos Río Negro (JSRN) logró traspasar el mando de Alberto Weretilneck a Arabela Carreras. Esta última elección marcó el piso de Cambiemos, con apenas 6% de los votos. En tanto, el FpV que postuló a Martín Soria obtuvo un 35%, pero el kirchnerismo fue relegado en las listas. El intendente de Roca optó por una construcción con espacios de centroizquierda no afines al Instituto Patria, lo que le valió un pase de facturas inmediato a la derrota.
En el caso de Neuquén, Cambiemos terminó tercero con apenas un 15% pese a haber postulado al jefe municipal de la ciudad capital, Horacio “Pechi” Quiroga, histórico dirigente radical. Y Ramón Rioseco, de la alianza Frente Neuquino – Unidad Ciudadana, se estancó en el 26%, a 14 puntos de Gutiérrez. Rioseco partió en la grilla como un peronista no K (el componente UC era su vice Darío Martínez) pero en el tramo final de la campaña se acercó a Cristina de Kirchner. De hecho, la expresidenta tuvo su única foto con un candidato provincial justamente con Rioseco. No alcanzó.

En Chubut no remontan

Más difícil es el caso chubutense, donde administra Chubut Somos Todos del mandatario Mariano Arcioni. En esas PASO, el actual gobernador fue el candidato más votado, pero el frente que se impuso fue el PJ en la suma de sus tres precandidatos. El más cercano al kirchnerismo, el intendente de Comodoro Rivadavia Carlos Linares, se quedó con la interna con 16%, 4 puntos por sobre el peronista ortodoxo Gustavo Mac Karthy. Sin embargo los ´juegos de tronos´ y las pujas internas que caracterizan al peronismo provincial, la tienen difícil para que el resultado en la general del 9 de junio sea aritmética en la supuesta sumatoria. Y sobre todo que cada uno sea quien dice ser tanto de parte del PJ ortodoxo como de Chubut al Frente, porque ambos territorios son actualmente de conspiraciones cruzadas y traiciones en puerta. El tercer lugar en que quedó cómodo Cambiemos con el 14% de los votos, fue demoledor en términos de expectativas, y resultó de la falta del internismo inagotable y la falta de renovación de la UCR provincial y la falta de volumen político del PRO en territorio. Un combo difícil de modificar por el momento.

Picado grueso

Y si los primeros ensayos electorales anticipados aparentemente no le movía la aguja al poder central por la baja representatividad en el grueso del electorado nacional, el domingo pasado ya comenzó a sentir el peso del devenir. La aplastante victoria del pasado domingo del peronista Juan Schiaretti en el segundo distrito electoral del país mostró la peor cara de Cambiemos, donde siquiera logró conformarse como frente por las internas de los radicales Mario Negri y Ramón Mestre, que fueron por frentes distintos y alcanzaron 18% y 11%, respectivamente. Pero en ese distrito el kirchnerismo directamente decidió no jugar el partido luego de que la expresidenta ordenara bajar la lista que postulaba al diputado nacional Pablo Carro. Ante un electorado que en 2015 dejó clara su postura anti K, se postuló el renunciamiento como un gesto a favor de la unidad, aunque en verdad Schiaretti no lo necesitaba. Si bien dirigentes de Unidad Ciudadana lograron ingresar en las listas del gobernador cordobés, Carro hubiese marchado al fondo del pelotón si hubiera persistido en su aventura por la gobernación.
En Santa Fe, en tanto, se dio una situación similar. Unidad Ciudadana contaba con las de perder en las PASO y buscó integrarse a uno de los dos espacios que se presentaron en la contienda. Aunque, a diferencia de Córdoba, el kirchnerismo sí tiene relevancia. Sin Agustín Rossi en la cancha, las opciones eran el diputado provincial Leandro Busatto o el diputado nacional Marcos Cleri. Sin embargo, en una señal hacia la unidad (en este caso con más asidero), hubo una integración con el senador Omar Perotti, vencedor en la interna contra María Eugenia Bielsa. El PJ se convirtió en el frente más votado, aunque el candidato con más caudal fue Antonio Bonfatti, del Frente Progresista que gobierna la provincia. Cambiemos, una vez más, tercero.

La tendencia se fortalece

Porcentajes parecidos obtuvieron el sanjuanino Sergio Uñac y el entrerriano Gustavo Bordet en las PASO en las que se encaminaron a sendas reelecciones (deberán validarlas en junio en generales). En San Juan fue 55-32; en Entre Ríos, 58-33. Ambos gobernadores lograron articular una ingeniería de unidad que permitió integrarse con sus antecesores José Luis Gioja y Sergio Uribarri, respectivamente, en frentes que contuvieron al total del peronismo de esas provincias.
Sin listas puras de Unidad Ciudadana y con mandatarios que se han sentado en la mesa del PJ Federal, el ensamble mostró victorias por margen amplio. Previsible en San Juan, donde el Frente Todos de Uñac ya había arrasado en las legislativas nacionales de 2017. Allí, el candidato de Con Vos Marcelo Orrego se despegó de Cambiemos, aunque se trató de una alianza con los mismos partidos que en 2017 usaron el sello de la Casa Rosada. En Entre Ríos, en tanto, la diferencia fue mayor a la pensada y esa provincia ofreció el primer gran cachetazo a Cambiemos, ya que había más expectativas en el desempeño de Atilio Benedetti, quien además dos años atrás había salido victorioso en las parlamentarias nacionales.
El pampeano Sergio Zilliotto también encabezará este domingo una estrategia similar de unidad en las elecciones de La Pampa. Y parte como favorito ante el radical Daniel Kroneberger. Como sea, el escenario de las próximas contiendas es desalentador. Si bien en Balcarce 50 reiteran que «los resultados estaban dentro de lo previsto» y lo único que importa es que «no gane el candidato de Cristina Kirchner», este domingo llegará el turno de La Pampa con otra derrota prevista. Que ganen los oficialismos no es mal visto por el ala política del Gobierno. El discurso positivo que busca imponer el macrismo está lejos de mantenerse por un tiempo más. Sin embargo, hasta ahora los resultados se mantienen similares a 2015 y Mauricio Macri podría acceder a una reelección. Pero el problema es numérico, porque los oficialismos provinciales vienen sacando porcentajes mayores que hace cuatro años y eso evidentemente tendrá réplica en la voluntad electoral nacional. Como correlato a tanta incertidumbre de poder, la gestión no termina de afianzarse y las internas políticas se traducen en errores gruesos de gobernabilidad con la consecuente repercusión en el grueso de la sociedad, sobre todo en ajustes que han socavado el poder adquisitivo masivo. Enfrente, las promesas sobre ´todo lo contrario´ no terminan de aclarar como lo harían. Por eso, la polarización se diluye al momento de hablar el bolsillo del elector: ni blanco ni negro, grises. Mañana se viene el noveno ejemplo de esto. Habrá que ver…

Fuentes: NA, Exhaustiva, Ámbito Financiero, Perfil, propias