Por Juan Manuel Erazo*

Todo tiene o puede tener un tono épico. De hecho, ayer se cumplieron 50 años del Cordobazo y la CGT llamó a un paro nacional contra las políticas económicas de Cambiemos. El cruce de acontecimientos genera las condiciones para sacar algunas reflexiones de esas que, a veces forzadas otras veces abstractas, disparan algunas ideas hacia el horizonte.

Lo político, lo social

Cuando sucedió el Cordobazo la clase trabajadora cordobesa era una de las mejor pagas de América Latina. Las políticas marcadamente liberales de la dictadura de Juan Carlos Onganía (con el socio del establishment Adalbert Krieger Vasena como ministro de Hacienda), si bien implicaron ajustes y el debilitamiento de las economías regionales, no fueron necesariamente en contra de la tendencia industrializadora desarrollista impulsada por el radical Arturo Frondizi años atrás.
No fue solo el sábado inglés y la eliminación de las quitas zonales lo que produjo el estallido, es decir, no fue una acción únicamente gremial. El Cordobazo fue ante todo una acción política contra la dictadura.
La proscripción del peronismo, la desaparición de derechos civiles básicos, el constante ataque a la actividad sindical, la intervención de las universidades públicas y la comprensión de quién gobernaba (y para qué y quiénes lo hacía), evidencian un proceso de conciencia alto de la clase trabajadora argentina para aquel momento. Esta conciencia política desarrollada y con un claro horizonte emancipatorio era producto de un proceso histórico de la clase.

El hoy y ahora

Muchas veces surge la pregunta sobre la actualidad ¿Cómo se puede aguantar actualmente en Argentina las condiciones de pauperización de la vida a la que nos ha llevado el macrismo? ¿Por qué no estalla? Peores condiciones económicas no implican siempre convulsión social, y menos aún, construir un horizonte progresivo a partir de esto. Se necesita la base para partir, la paciencia para esperar el proceso y comprender finamente las condiciones donde nos desenvolvemos.
Entonces es preciso marcar tres cuestiones a tener en cuenta en esta disyuntiva entre lo social y lo político. En primer lugar, no hubiese habido Cordobazo sin organización sindical de base y dirigentes a la altura de esas estructuras. Esto es un proceso orgánico, histórico, largo y siempre tumultuoso. En segundo lugar, hay que valorar la fuerza sindical y organizativa que la clase trabajadora argentina aún sostiene y que, más o menos perfectible, ha empantanado la avanzada neoliberal. Y por último, nada interesante pasa en lo político si no sucede algo interesante en lo social. Si el escenario venidero es gris y moderado (más tendiente al centro) será la expresión de que por abajo nadie o nada mueve mucho el avispero.

La nueva gremialidad

Para comienzos de la década de 1960, la clase trabajadora cordobesa vivía una realidad diferente a la del resto del país. La posibilidad de negociar los convenios laborales empresa por empresa (mayormente autopartistas) le dio a los gremios locales una relativa independencia de las estructuras sindicales burocráticas regidas desde Buenos Aires (centralmente colaboracionistas de la dictadura). Comienza a destacarse el compromiso de sus dirigentes para con las bases, su capacidad de movilización y la coordinación intersindical.
El Cordobazo también fue producto de una nueva forma de pensar la gremialidad, más democrática, representativa de sus bases y permeable. Hoy es necesario también pensar nuevas formas de concebir la gremialidad. Hablamos de sistematizar sobre lo realmente existente y hoy eso se encuentra sin dudas el sector de la economía popular, con la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) a la cabeza, quien ha puesto en la mesa el debate sobre los desafíos de la gremialidad.
Y no es sólo la discusión del sujeto, en este caso el trabajador excluido de los sistemas formales de integración, es discutir el método, es discutir el objetivo. Este sector vuelve a darle prioridad a dos temas nodales: la disputa de institucionalidad y la revalorización de los espacios de base para la toma de decisiones. En definitiva, reinstala la necesidad (no capricho ni consigna vacía) de pensar el proceso de gremialidad como fuente del empoderamiento popular para la justicia social. Y está ahí el debate, no en los libros, sino en las calles, moviendo miles y miles de personas y creciendo cada día.

¿De qué hablamos cuando hablamos de unidad?

La masividad de las acciones varían según donde se ponga el eje: si en quién convoca o contra quien se moviliza ¿Cómo se explica que dos dirigentes sindicales de izquierda como lo eran Agustín Tosco y René Salamanca hayan dirigido a masas que luchaban por la vuelta de Juan Domingo Perón? A veces pasa. ¿Cómo se explica la Plaza Congreso llena de columnas sindicales nucleadas en la CGT, partidos de izquierda y organizaciones sociales, pidiendo la suspensión de una sesión legislativa para tratar el recorte a las jubilaciones? A veces el enemigo ordena y junta a los que hace unos meses se estaban matando.
Hablamos obviamente de lo que comúnmente se denomina la unidad en la lucha, sabemos pues que la unidad política es mucho más compleja. Y en ese proceso no es solo el contrincante quien a veces ordena sino también el surgimiento de transversalidades que van más allá de la mera resistencia.
El Cordobazo tuvo como su eje transversal la necesidad de que caiga la dictadura militar, es notoriamente un eje político de avanzada, no solo de resistencia. Y lograba aglutinar tras de sí no solo a las estructuras sindicales, sino también a sectores estudiantiles.
Hoy hay carencia de ejes de esas características ante la fragmentación de la clase, pero es sin dudas el feminismo quien más ha logrado transversalizar y pensar en términos de avanzada, conquistando espacios, disputando discursos, y visibilizando lo antes invisibilizado. Pocos saben que detrás de la popular foto de Agustín Tosco marchando con la bandera de Luz y Fuerza, quienes la sostienen eran mujeres. Esa parte no figuraba en la foto, sin embargo siempre estuvo allí. Ahora tiene voz, se planta y disputa.
En conclusión, todos los aprendizajes que deja el Cordobazo, todas las reflexiones que de él surgen y los puentes que podemos tender hacia la actualidad son imposibles de abordar en un humilde artículo. Se trata entonces de hacer el ejercicio. El Cordobazo nuestro de cada día late en cada toma de una fábrica cerrada por la crisis económica, en cada espacio institucional ganado para ampliar la voz de las sin voz, en cada asamblea de base que propone y ejecuta. Es cuestión de tomar como mandato las demandas más progresivas de nuestro pueblo y de desmenuzar los pasajes más significativos de nuestra historia”*.
Ayer el sindicalismo remarcó el buen nivel de acatamiento a un paro de protesta contra la política económica de Cambiemos, que produjo apenas de la mano de imposibilitar básicamente el transporte público y vaciar las principales ciudades de actividad. Desmovilizando casi las bases. El Gobierno se limitó a cuantificar “las pérdidas”, estimando el costo total del paro en $40.500 millones, con Industria (20%), Comercio (17%), Actividad inmobiliaria (12%) y Enseñanza (9%) como los sectores con más impacto dentro del total, expresó públicamente. Ambos actores políticos y sociales, bien lejos de la épica del Cordobazo, se podría decir.

Fuente: *Periodismo Popular