«Pepe» Berrocal es como una leyenda para los que aman a la cumbia de raíz. Nacido en Perú, «Pepe» había llegado a la Argentina a comienzos de los años 90, convocado por el productor José Olaya, «El Cholo», junto al percusionista Esteban Pozú, «El Negro Memín» y el cantante Carlos Chávez Navarrete para comenzar a trabajar en el circuito de bailantas con un nuevo grupo. Funcionó. Karicia editó su primer disco rápidamente y logró un éxito considerable, impulsado por el ritmo de los tambores de «Memín» y el sonido de la guitarra de Berrocal, de arpegios cristalinos e hipnóticos, un eco romántico de la verdadera cumbia amazónica del Perú.

Chávez Navarrete terminó muerto de once tiros en una zanja en Alejandro Korn en agosto de 1997, un año después de salvarse de un atentado en donde recibió nueve balas en el pecho. Olaya fue un histórico sospechoso de ser el ideólogo del crimen, según crónicas de la época. En 2001, Jorge Luis Pavón, acusado de ser el autor material del crimen del cantante, fue a juicio en un tribunal platense. Dijo en el proceso que lo habían «obligado a matar».

Chávez Navarrete fue enterrado en el cementerio de Avellaneda. «Pepe», tras formar el grupo Karakol con «Memín», retomó las canciones de Karicia en diferentes grupos como «A’kriciame» o «Pepe Berrocal y La Karicia de la Cumbia». El sonido, de todas formas, era suyo.

El viernes pasado por la madrugada, Berrocal, hoy con 56 años de edad, fue detenido por la Policía Federal en su casa del Bajo Flores, en un operativo ordenado por el juez federal Sergio Torres tras una investigación de la secretaria Verónica Bresciani, que lleva adelante la causa en contra de «Marcos» Estrada González, señalado como el histórico señor de la droga en la Villa 1-11-14, según confirmaron fuentes cercanas a la investigación a Infobae.

Berrocal fue detenido, precisamente, en el marco de una causa vinculada a Estrada González. Durante años, el embate de la Justicia esmeriló el poder del capo, fraccionó sus límites. La redada del viernes en el Bajo Flores, en donde se incautó cocaína y más de 20 armas, obedeció a un conflicto entre «Marcos» y su hermano, «Pity», una figura elusiva, señalado como su supuesto regente, la posibilidad de una toma de poder.

Víctor Reyes Zubieta es otro jugador histórico, un mando medio en la operación, detenido en abril de este año tras estar varios años prófugo. Víctor, aseguran investigadores, era una suerte de garantía para que todo no se desmadrara en el ajedrez del poder narco.
A «Pepe» Berrocal, precisamente, lo vinculan con Reyes Zubieta y lo señalan por un presunto acopio de drogas para la banda. Investigadores hablan de «movimientos sugestivos». Su casa fue allanada. «No encontraron nada», asegura alguien cercano al guitarrista. Su familia aún no logró verlo y desconoce dónde está detenido. Se espera que Berrocal declare en Comodoro Py a partir del lunes.

El caso de Berrocal no es el primero en donde el narcotráfico se cruza con la música tropical en tiempos recientes. El mes pasado, Christian Espinoza, cantante de Yerba Brava, fue detenido en Aeroparque con casi un kilo de cocaína en su estómago y genitales mientras se preparaba para abordar un vuelo a Tierra del Fuego.