Por Trivia Demir

El lanzamiento muy anticipado donde Cristina FK anunció este fin de semana su candidatura a vice de Alberto Fernández, generó un desparramo del mapa electoral nacional. No sólo por lo inesperado del candidato a presidente dentro del arco interno, sino porque con esta postulación se definieron varias cosas: Cristina efectivamente es candidata, aunque a vice, pero como sea Cambiemos mantiene la polarización y tiene frontón real y no sólo fantasmal para hacer campaña. Aunque también tiene nuevos cucos.
Por su parte, para el kirchnerismo a esta altura todos los enroques vienen bien mientras se le gane a Macri. Después de todo, Cristina de vice igual controlaría el gobierno es la lógica mayoritaria, aunque a La Cámpora le cueste digerir el batracio. Hay quienes desconfían de las elecciones ´a dedo´ de la Señora y creen que buscó otro ´enemigo íntimo´ (primero Scioli, ahora Fernández) para que espadee con Macri. Después de todo no se perdería nada: una derrota los ´cocina´ políticamente a ellos, pero un triunfo la salva a ella.
Para el grueso del resto del peronismo, este paso dado por ´la Jefa´ no es una cuestión menor, y ayudaría a la unidad. Para Cambiemos, la sola mención a la palabra ´unidad´ genera urticaria porque podría ser el peor de los escenarios: perder en primera vuelta frente a una cruzada populista, aunque por ahora solo miran el hecho puntual y consideran que la fórmula los favorece.
En Chubut, para el peronismo kirchnerista y ortodoxo, la jugada fue buena. Además Alberto F, ya se había ocupado de recorrer el espinel y rehacer vínculos. Por eso recibió los más variados saludos de los referentes en carrera e incluso del partido a través de un comunicado oficial. Pero también hubo silencios sugerentes: “Hay que esperar, porque lo que se ve nunca es la realidad total. Además, con ´la Jefa´ (sic) nunca se sabe”, afirmó un referente que dialoga con el núcleo duro del Instituto Patria.

¿Será nomás?

Según el columnista Ignacio Fidanza, nadie cree en definitiva en la realidad de la fórmula que además posee la síntesis del poder con apellido y nombre “Fernández-Cristina”. Dice el analista que “El histórico paso al costado de Cristina abre tanto la posibilidad de una salida de la grieta, como un regreso a aquella fórmula tóxica de (Héctor) Cámpora al Gobierno, Perón al poder. Más enigmática que nunca, Cristina hizo una jugada de una densidad poliédrica que acaso sea demasiado temprano para entender en todas sus dimensiones. Puede ser un error garrafal de última milla o la llave que destrabe un triunfo que no tenía asegurado”.
Los interrogantes que abren son muchos. “¿Es el primer paso de una negociación con el peronismo federal, en el que Alberto Fernández cumple el rol de candidato-tapón hasta que haya un acuerdo global? No lo sabemos, pero no son pocos los que orbitan en ese universo que desearían que fuera ese el objetivo final de la ex presidenta”, dice Fidanza. La lógica responde a que “Alberto Fernández fue el elegido, pero todas las miradas apuntan a Sergio Massa, el único peronista no kirchnerista que retiene votos que podrían terminar en la ex presidenta si no fuera candidato. ´Con Sergio adentro ganamos en primera vuelta´, dijo Cristina recientemente. Por eso, en ese grupo heterogéneo que es el peronismo no kirchnerista, la gran pregunta por estas horas es: ´¿Qué va a hacer Massa?´».

Los ecos tenues

Por ahora las repercusiones son sigilosamente evaluadas. “El paso al costado de Cristina y la elección de Alberto Fernández se vivieron con euforia en las oficinas del Frente Renovador. ´Esto facilita todo´», sintetizaron.
“Pero el FR no fue el único encantado con la novedad. Cuando el nombre de Alberto recién empezaba a rebotar en los portales, varios gobernadores se apresuraron a aplaudir la decisión. Lo hizo la fueguina Rosana Bertone, que ya estaba integrada al kirchnerismo, pero también neutros o ex federales como Jorge Manzur, Gerardo Zamora y Gustavo Bordet. Mientras deshoja la margarita, Schiaretti corre el riesgo de quedarse sin flor. En efecto si se la mira inserta en una línea de tiempo, la decisión tiene poco de sorprendente y es una consecuencia bastante lógica del acercamiento que Cristina vino tejiendo con los sectores más tradicionales del peronismo -gobernadores y sindicatos- y terminó de escenificar con su visita a la sede partidaria del PJ.

Que pasó en Cambiemos

Según el analista, “en el Gobierno sintieron el impacto, por más que la reacción de Marcos Peña haya sido la de siempre: Acá no cambió nada y si lo hizo es a nuestro favor. Macri candidato. Sin embargo, desde la Casa Rosada se activaron llamados urgentes a gobernadores para garantizarse que no abandonaran el espacio de Alternativa Federal, para impedir una confluencia con el kirchnerismo que estiman podrían dejarlos afuera del poder en la primera vuelta.
La apelación al inmovilismo, que va desde Peña hasta Schiaretti, la negación del profundo impacto político de una decisión que cambia el escenario, o el más elegante pero igual de sugestivo silencio de Lavagna, son reacciones defensivas que ofrecen una primera pista sobre a quién podría beneficiar y a quien perjudicar la decisión de la ex presidenta, que una vez más demostró que está un escalón por encima de la media.
´Al final el peronismo racional era Cristina´, bromeaba un dirigente insospechado de kirchnerista. A la jugada le falta el resultado para poder determinar si además de inesperada fue efectiva, pero no se puede negar que encierra un reconocimiento de los límites de la realidad, que por ahora no se observan en Macri, el otro engranaje de esta peste que se llama polarización”.

Sí pero no

Agrega el columnista que “Como deja claro en su video, Cristina acepta que no tiene marco regional ni geoestratégico para gobernar con fluidez y advierte que aún ganando, el problema es el inmenso desafío económico y social que enfrentará la próxima gestión. Con la elección de quien fuera su pragmático jefe de Gabinete, Cristina pone prudente distancia del chavismo y parece reconocer que el próximo gobierno enfrentará un paisaje que vuelve irrealizable la idea de cabalgar en soledad. Pero la decisión también tiene su costado inquietante. La idea de entronizar un presidente vicario para sortear el veto de los poderes fácticos no es nueva en el peronismo. El país ya sufrió la dinámica tóxica de Cámpora al gobierno, Perón al poder. Como también se laceró con el renunciamiento histórico de Evita. Y Cristina más fiel a sí misma que nunca, se dio el gusto de mezclar esos dos hits de la batea peronista”, concluye el analista.

Cómo la ve Alberto

Por su parte, el precandidato presidencial Alberto Fernández no se hizo esperar para defender la parada. Aseguró de inmediato y ante la comparación generalizada que él “no es (Héctor) Cámpora ni Cristina Kirchner es (Juan Domingo) Perón”, y consideró que la decisión de nominarlo tomada por la expresidenta “habla muy bien de ella porque tenía todas las condiciones” como para volver a ejercer la jefatura del Estado.
“Ni yo soy Cámpora ni Cristina es Perón. Además ella lo sabe porque un día renuncié y estuve diez años confrontando políticamente”, sostuvo en una entrevista publicada por Página/12. De esa forma, Fernández salió a responder a quienes pretenden establecer un paragón histórico entre Cámpora, candidato ganador del Frejuli en las elecciones del 11 de marzo de 1973, y Perón, el líder del justicialismo que, tras 18 años de proscripción del movimiento que fundó propuso a este dirigente para una Presidencia que se extendió por 73 días.
“Lo que a muchos les cuesta entender es que dos personas que se aprecian y se valoran y se respetan un día pueden encontrar un punto de acuerdo para trabajar juntos como lo hicieron antes. Que Cristina me acompañe a mí me da mucha fuerza”, aseguró el precandidato. Al tiempo que reconoció que la decisión lo tomó “por sorpresa”, y calificó la opción de la actual senadora nacional como un “hecho generoso” lo que dejó una vez más en evidencia que fue unilateral la decisión.
A la par, y para no dejarle todo el espacio a los memes, el ex funcionario kirchnerista repasó su relación personal con la ex jefa de Estado y contó que estuvieron distanciados desde 2008, cuando dejó la jefatura de Gabinete, y que “el reencuentro” entre ambos se produjo en diciembre de 2017.

Una jugada impecable

Con todo esto se allanan varias cosas, entre ellas que Cristina salga a hacer campaña desde un lugar más cómodo, que se vaya testeando con suficiente tiempo un escenario posible ante de las PASO, que su partido muestre una renovación tal que subsane la grieta entre pasado y actualidad, y que con todos estos factores sorpresa ella pueda seguir reordenando el tablero político nacional. La jugada deja varias reflexiones: por ejemplo que por primera vez la ex presidenta hace un anuncio un mes antes del cierre de candidaturas. Ni siquiera el frente está inscripto. Las razones podrían ser cuatro. La primera es instalar a Alberto Fernández, la segunda es mostrar su voluntad de correrse del centro de la escena (lo que hasta permitiría abrir un puente de negociación con el peronismo no K), la tercera un golpe de efecto en la previa al juicio que comenzará mañana martes, y la cuarta dicen que podría ser tener tiempo suficiente incluso para que la fórmula sea invertida: “Cristina-Fernández”. Pura ganancia, dicen en sus huestes. Habrá que ver…

Fuentes: Télam, NA, Infobae, Lapoliticaonline, Página/12, propias