Por Juana de Arco*

Se acortan los tiempos para los comicios de junio y hay tal vez demasiadas cosas pendientes que son posiblemente lo más importante en la nueva elección que se avecina. El tremendo desmadre judicial ocasionado por las numerosas sospechas de corrupción y defalco de dineros públicos no es un tema exclusivo de la justicia. Con suerte y viento a favor en octubre llegará a juicio la causa “Revelación” y quizá antes de fin de año también avance “Embrujo”. A la par está la causa por enriquecimiento ilícito del exceremonial, Chito Alarcón y está boyando en la estratósfera la causa de Servicios Público. Y como a medida que pasa el tiempo siguen apareciendo ´sospechas´, ya tenemos en puerta las presuntas irregularidades con obras escolares que roza peligrosamente al ministerio de Educación. Todo esto que parece una película que se enciende, se apaga, se pone en pausa y se considera ajeno a la realidad de los chubutenses, es sin embargo mucho de lo que condiciona la situación económica de nuestros vecinos, con un estado absolutamente desfinanciado que no tiene margen de maniobra para proyectos productivos, incentivos concretos, obra pública y debe enfrentar el mes a mes escalonando sueldos.
No en vano, el índice de votantes es cada vez más bajo. En las últimas PASO por ejemplo, 130 mil personas no fueron a emitir su voto (sobre un padrón de 442.344 personas habilitadas, solo votaron 311.106). Y de las que fueron, (un 70% de los habilitados), un 10 % prefirió votar en blanco. O sea hubo 33 mil chubutenses que cumplieron con su deber cívico, pero no convalidaron a ningún candidato. Estos guarismos que son ahora el centro de entusiasmo proselitista para buscar hacer diferencia partidaria, debería sin embargo poner a reflexionar a la clase dirigente. Porque mucho de lo que repudia el votante indeciso o desilusionado es considera una constante del sistema.
Por eso, el entramado de corrupción y los mecanismos que la permitieron, lejos de tratarse de ‘un tema de la justicia´ como ha insistido el actual gobierno, o como se han cuidado de emitir opinión las demás fuerzas políticas, que no pasan por el tema más que como chicana de campaña, el nivel de descomposición institucional, la tentación de los modus operandi históricos, el desmadre y la reincidencia en la administración de lo público, debería por lo menos impulsar un cambio en la política provincial, de la mano de la reivindicación popular de otro tipo de mecanismos de contralor. Por el contrario, en la calle se escucha el lamento sobre la falta de alternativas a elegir, del temor al permanente exceso del poder de turno, pero poco y nada se habla de la participación. Es así como la democracia en definitiva se ha convertido en un mero acto de legitimación de un líder X que no muestra las cartas de gobernabilidad, que no clarifica ideología, que no muestra el patrimonio y no compromete casi nada concreto para no verse medido ni siquiera por sus palabras. Lo que se podría decir lisa y llanamente que es igual a firmarle un cheque en blanco. En ese marco, ¿porque no habría de pasarnos una y otra vez lo que nos viene pasando entonces? Lo más probable es que definitivamente la historia del choreo público y las decepciones se repitan.

El sistema sigue intacto

Lamentablemente en Chubut, pese a las causas en danza, todo quedó encapsulado en uno de los tres poderes del estado, ese que interviene cuando las papas queman, pero que no es otra cosa que parte de un entramado del mismo sistema de dominación vigente que se limitará a sancionar hechos, y de modo alguno modificará el sistema.
Para ello, hace falta un cambio social y una entrada en acción de entidades intermedias y estructuras académicas que ayuden a reencauzar la ética pública y porque la moral política. Porque como dice un ácido observador que habita la mirada sociológica y se permite también las exageraciones: “de nuestros referentes actuales, los que no están presos están sospechados”. Posiblemente es un exceso de reflexión, pero ayuda a poner en escena una pandemia colectiva: la falta de honestidad.
El primer caldo de cultivo para que pase lo indeseable es la falta de información sobre lo deseable. Que decide hacer cada gobierno con los bienes y las arcas del estado debería ser de público conocimiento, sin embargo es en cada gestión un verdadero secreto de estado. Las cosas se cuentan ya cocinadas y con un relato descafeinado, donde siempre preguntar demasiado trae complicaciones. De hecho, la provincia de Chubut tiene participación con acciones en una decena de compañías comerciales dedicadas a diferentes actividades. Varias de ellas han sido blanco de críticas por su baja rentabilidad, y de denuncias vinculadas a hechos de corrupción. Sin embargo, poco y nada se sabe de estos verdaderos ´cotos´ exclusivos. A su vez, un buen número de funcionarios sospechados, renunciados y de dudosa trayectoria no dudan en seguir postulándose.
El Legislativo que sería el ámbito para ocuparse de los intereses ciudadanos y mediar ante estos excesos, parece tener cosas más importantes para tratar, o definitivamente evita colisionar con intereses que de alguna manera resguarda. Mientras, hay muy pocos ámbitos independientes que piensen en cambiar un sistema viciado que no sólo perjudica una y otra vez a la mayoría de los gobernados, sino que además desmerece el rol de la política a la que ya muy pocos referentes calificados deciden acercarse. Todo esto, mal que pese es responsabilidad de todos. En nuestro caso, ´histórica´ y trillada ha sido nuestra cruzada editorial contra la corrupción política, y no pocos perecieron en ese intento. Sencillamente porque como decía Víctor Hugo, “entre un gobierno que lo hace mal y una sociedad que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa”

Espacios anticorrupción

Precisamente en otros lados, hay otras iniciativas que no se han visto en territorio y bien podían replicarse, que no quiere decir que sean ideales, pero sí que muestran gestos concretos de involucramiento social con un cambio del sistema. Hoy por ejemplo, se lanza el Centro de Estudios sobre Transparencia y Lucha contra la Corrupción en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Este espacio será dirigido por Carlos Balbín, ex Procurador del Tesoro y juez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y estará orientado a brindar un aporte concreto de carácter técnico y con participación plural sobre cuestiones relacionadas a la corrupción. Concretamente este Centro se encargará de estudiar desde una perspectiva académica la gravedad de este fenómeno en Argentina, con el objetivo de ser un instrumento para el mejoramiento social. Junto a Balbín participarán en carácter de expositores el vicedecano y profesor titular Marcelo Gebhardt, la presidente de Transparencia Internacional Delia Ferreira Rubio y el doctor Ricardo Gil Lavedra, miembro integrante del consejo asesor.
Es que tal como lo plantean quienes tuvieron esta iniciativa, no es posible desconocer las relaciones entre las raíces de la corrupción y los otros problemas estructurales y circulares del país.
En ese sentido, uno de los parámetros posibles para estimar la magnitud de este problema es el índice de percepción de la corrupción que elabora anualmente Transparencia Internacional. Según este indicador Argentina se ubica en el puesto 85 sobre 180 países. Es por estos motivos que este Centro intentará aportar una mirada plural y objetiva a temas centrales que se encuentran en agenda como la regulación de los conflictos de intereses, la redefinición de los órganos de control, el régimen de extinción de dominio, la reforma de la ley de ética pública, la responsabilidad penal de las empresas y el plan anticorrupción. Entre las actividades del Centro, se prevén además la realización de investigaciones académicas, el dictado de cursos, la organización de jornadas y foros de debate, y la formulación de propuestas concretas. No está garantizado que este espacio sea la panacea para la modificación de un sistema tan enquistado, pero empezar por algo pone en marcha definitivamente nuevas energías de transformación. Evitar que la historia de la corrupción pública vuelva a repetirse en nuestra generosa provincia, dependerá fundamentalmente de nosotros. Como decía Einstein que no se limitó a sus genialidades sino que se involucró activamente en los más complejos conflictos de su época: “El mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que no hacen nada”.

*Soy Juana de Arco,…y ceniza de tantos