Por Lazarillo de Tormes

Esta semana tuvo lugar un nuevo y lamentable episodio en un establecimiento educativo de Puerto Madryn.
El lunes por la madrugada, la Escuela 750 sufría el cuarto atentado en aproximadamente un año, por el cual tres menores de edad fueron demorados y trasladados al Centro de Orientación Socioeducativo (COSE), dado su carácter de inimputables.
Sin embargo, llama la atención la serie de actos de vandalismo perpetrados, en el último tiempo, por los propios estudiantes, ya sea que éstos pertenezcan o no a la institución damnificada; en este sentido, la violencia de intentar prender fuego una escuela es un reflejo de problemáticas más profundas, que oscilan entre el desinterés por el ámbito educativo, y la falta de contención y oportunidades de varias generaciones.

Raid de violencia

Ya en el mes de abril, un grupo de menores provocó un incendio en una de las aulas de la Escuela 790, ubicada en el sur de la ciudad, cuyas consecuencias fueron severas para otras dos instituciones ubicadas en la misma manzana, entre ellas un jardín.
Al mismo ingresaron y provocaron destrozos, para luego trasladarse a la sede vecinal del barrio El Desembarco, intentar provocar otro foco ígneo y destrozar varias puertas, robando algunos elementos.
No contentos con ello, en la Escuela 790 un piano, cedido en calidad de préstamo por otro establecimiento, había sido destruido, evidenciando la saña con la que actuaron los desconocidos, luego demorados y restituidos a sus respectivas familias.

Pedido de ayuda

En esta ocasión, la Escuela 750 “Leandro N. Alem”, ubicada sobre la avenida Gales, sufrió un nuevo atentado, tras haber sido incendiada el aula que funciona como laboratorio, el año pasado; desde hace varias semanas, autoridades del establecimiento habían solicitado la colocación de cámaras en una de las esquinas, para poder al menos disuadir o identificar a los autores de futuros hechos de las mismas características.
Los adolescentes habían prendido fuego una pancarta ubicada en la pared, una cortina y un tacho de basura, lo que implicó que una dotación de Bomberos trabajara de inmediato para sofocar las llamas.

Llamado de atención

Como si se tratara de un desprendimiento de la problemática del bullying, quienes sufren este flagelo no son ya sólo los estudiantes maltratados por sus pares, sino en esta ocasión, las propias instituciones que se ven amenazadas por un mensaje que no queda del todo claro, porque tal vez los propios jóvenes y autores de los ataques, no hayan podido explicarse a sí mismos los motivos de tal conducta.
En su “Teoría de la Frustración-Agresión”, el psicólogo John Dollard advertía que “el
patrón de reacción consiste en responder con agresiones a las frustraciones, lo que equivale a promover como innato las vivencias de privación” y agregando que “experimentalmente, se ha demostrado que las frustraciones pueden llevar de modo inmediato a la agresión, sin embargo, se discute el que las vivencias de privación sean la única fuente de producción en la edad adulta de una agresividad más intensa”, concluyendo que “esta teoría trae como consecuencia el que sólo una educación extremadamente permisiva podría garantizar el desarrollo de personalidades pacíficas”.

Pedido de contención

Consecuentemente, la pregunta es si una estructura con pocas opciones y limitaciones, es acaso la causante de que jóvenes “frustrados” por encontrar un límite a su desarrollo, opten por intentar destruir dicho sistema; o bien, por el contrario, si una sociedad, comunidad o país que ofrezca más oportunidades para dicho sector, podría tal vez ser garantía de una conducta más abierta a las alternativas de desarrollo de los adolescentes.
Otra cuestión referida por especialistas es que la respuesta, violenta o no, ante los estímulos que rodean al adolescente, “depende de la percepción de las situaciones”, donde “el adolescente agresivo se ve a sí mismo en un mundo amenazante, sus experiencias dolorosas le han enseñado que el entorno es hostil” y que “hay rigidez en el pensamiento, incapacidad para lo abstracto y fantasías focalizadas sobre la violencia”.

Llegar antes del problema

Analizando las últimas postales de violencia sufridas por instituciones educativas, habría que reflexionar si ello, acaso, no refleja la frustración de parte de un sector joven que ha visto diezmadas sus oportunidades (ya sea por motivos sociales, económicos, familiares, etcétera), y como consecuencia de ello resuelve en atacar el propio sistema que, en lugar de contenerlo, lo mantiene cautivo dentro de un escenario limitado.
La pregunta obligada, en este sentido, es si el proyecto es la construcción de una sociedad bajo la premisa de “vigilar y castigar” a quienes crucen dicha línea, o bien una en la que pueda atenderse a quienes se acercan a la misma, antes de que descarguen su frustración en el resto de sus pares, perjudicando no sólo a la comunidad, sino a ellos mismos.

Municipalidad de Puerto Madryn