El último registro oficial de inflación mensual en Argentina fue inferior al que esperaban desde el propio Gobierno Nacional y también desde las consultoras privadas, que aseguraban que los precios se iban a incrementar cerca de un 4%, mientras que el índice de precios al consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) arrojó un 3,4% para abril. No obstante ello, la situación sigue siendo delicada, ya que a la inflación constante hay que sumarle que los salarios de los trabajadores argentinos no se incrementan con la misma fuerza, por lo que se da una considerable pérdida del poder adquisitivo en casi todos los sectores.
Estas asimetrías se reproducen en la órbita de la distribución del ingreso. Con una macroeconomía tan inestable, en los últimos años se potenció la concentración del ingreso y se verificó un deterioro notorio de los sectores de ingresos fijos. A su vez, hay fuertes heterogeneidades y asimetrías en el proceso inflacionario vigente. Lejos de registrarse una uniformidad en los aumentos de precios, algunos productos registran incrementos muy desacoplados del promedio general.
Entre los que más suben, se encuentran los bienes primarios propios del consumo alimentario básico. Se trata de bienes de baja elasticidad, que típicamente no pueden ser sustituidos por otros o postergados en su consumo ante aumentos de precios.
Cabe aclarar que los bienes alimentarios básicos componen una proporción mayor del consumo de las familias que conforman los segmentos socioeconómicos más bajos. Por lo tanto, subas descomedidas en estos productos tienen impacto directo en los indicadores de pobreza y de indigencia.

Influencia del tipo de cambio

Al respecto, desde el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda elaboraron un informe para referirse a la situación actual vinculada a la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de los precios en los productos de mayor necesidad, afirmando que “hay una vinculación directa entre aumento de tipo de cambio y precios de los alimentos, y en este proceso devaluatorio está cada vez más latente”.
Al hacer un análisis sobre los incrementos de los precios de los alimentos en los últimos meses, desde la alta casa de estudios bonaerense remarcaron que del IPC registrado en el tercer mes del año, se tiene una suba del 6%. Esto establece un piso alto para la inflación del último mes de 2018 y un consolidado proyectado para los alimentos del 64%, esto es, más de 15 puntos sobre la inflación espera. En el detalle por productos, se registraron en diciembre subas considerables en harina (+164,3%), fideos (+96,4%), pollo (+90,9%), pan francés (+80%), carne picada (+73,9%) y arroz blanco (+71,7%). Estos aumentos traslucen un proceso asimétrico que se separan de la inflación promedio general. Por caso, el rubro “leches, lácteos y huevos” del IPC en un año ya aumenta casi 13 puntos por sobre la inflación general.
En igual sentido, “carnes y derivados” sube casi 16 puntos sobre la inflación promedio, mientras que “café, té, yerba y cacao”, “pan y cereales” y “verduras y legumbres” lo hacen en 15, 13 y 11,4 puntos porcentuales, respectivamente.
Por su parte, en el canal mayorista, el segmento relativo a productos primarios ya aumenta 65,5% anual y, en particular, el segmento de productos agropecuarios trepa 74,1% en un año. Esto representa, casi 20 puntos por encima del IPC-minorista.

Caída del salario real

La contracara de este proceso es la rotunda caída del poder adquisitivo de los ingresos. Medido en relación al índice de salarios, se registra una caída de poder de compra de alimentos y bebidas en el orden del 11,7% en el último año.
Con todo, los alimentos básicos ya crecen casi 10 puntos por sobre la inflación, y aumentaron más que el resto de los bienes y servicios generales en diez de los últimos doce meses.
La inflación conlleva numerosas consecuencias negativas para el funcionamiento económico. Los agentes económicos tienen dificultades para planificar sus decisiones en materia de producción y consumo debido a la incertidumbre que generan los precios de toda la economía moviéndose mes a mes.
Por otro lado, la inflación de un lado significa la pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional por el otro. Por lo tanto, las familias se ven imposibilitadas para utilizar la moneda nacional como forma de ahorro, lo que implica que la moneda doméstica se vea desplazada de la órbita del atesoramiento y sea utilizada únicamente en su función de medio transaccional.
Al quedar vaciada la moneda doméstica de su función como reserva de valor, los hogares necesariamente recurren a otras formas de ahorro que van desde un plazo fijo hasta la compra de dólares. Pero en esta infografía analizamos el problema inflacionario como el impacto que la pérdida de poder adquisitivo que reciben los hogares sobre sus ingresos nominales como consecuencia de la misma. En momentos donde la inflación se acelera por encima de los ingresos nominales del hogar, necesariamente este verá como sus ingresos pierden el poder adquisitivo mantenido otrora.
De convertirse en una situación permanente, los hogares pueden perder una importante porción del valor que reciben para su reproducción en condiciones normales. Esto es lo que ha venido aconteciendo de manera sistemática desde diciembre de 2015. Pero incluso, el impacto de la inflación en

Pérdida en Chubut

Por su parte, un documento elaborado por el Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal explicó que al término del tercer trimestre de 2018 sólo tres provincias superaron la cota del 29,45% marcada por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Específicamente, se trata de Neuquén, Corriente y San Juan, que registraron incrementos del 29,75, 32,83 y 36,16%, respectivamente.
Al respecto, resulta importante destacar que en la mayoría de los casos el gasto público está ligado a las paritarias acordadas con los empleados públicos. Como consecuencia de esto no es llamativo que en los tres distintos disidentes los desembolsos en salarios hayan cerrado en torno al 30% y sean el único caso en donde los estatales no perdieron contra la inflación, según explicó un trabajo realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF).
En contrapartida, donde peor les fue a los trabajadores que dependen de las administraciones provinciales fue en la mayoría de las provincias patagónicas (Chubut, Tierra del Fuego y Santa Cruz) y Misiones. En dichos distritos, el deterioro del poder adquisitivo fue de más del 10%, cuya contraparte fue una distancia más que holgada (entre ocho y 16 puntos) respecto al límite establecido con el pacto.
Mientras tanto, en el resto de las jurisdicciones el gasto corriente se movió desde un 22% en el caso de Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero o Salta; hasta un 29,07% en Entre Ríos, a donde quedó cerca de la banda inflacionaria. Justamente, en esta última provincia los estatales consiguieron un aumento del 28% y casi le empatan a la suba de precios.

Gobierno de Chubut