El veterano de Malvinas Julio Calvo se refirió a la reciente adjudicación por parte del Gobierno Nacional, de permisos de exploración en 18 áreas del mar argentino, una de ellas la Cuenca Malvinas Oeste, a 13 empresas, entre las cuales se encuentra Tullow Oil, una situación que generó polémica a raíz de un conflicto de orden “ético”, respecto de la soberanía argentina sobre las Islas.
En este sentido, el ex combatiente planteó los límites entre los tratados internacionales y los negocios empresariales, y la soberanía reclamada por el gobierno argentino, que se remonta al año 1820, cuando el gobierno de la Provincia de Buenos Aires envió una fragata a tomar posesión de las Islas, así como también al conflicto bélico con Gran Bretaña, en 1982, del cual participó.
Calvo también relató vivencias de su regreso a las Islas en 2018, durante el cual se interiorizó en cuanto al aspecto económico y el modo de vida de los “kelpers”, así como también de la situación social de los pobladores y qué piensan los mismos sobre la soberanía argentina, una cuestión que en la actualidad “está lejos de negociarse”, según entendió.

Entre la soberanía y los negocios

Calvo fue uno de los veteranos que, hace varios años, denunció la pesca en Malvinas a partir de algunas pesqueras de Puerto Madryn, las cuales abonaban el canon a los kelpers para realizar su actividad en la zona, a la vez que también pagaban el canon al Gobierno Argentino para pescar en la Zona Económica Exclusiva.
Se trató de un resonante caso, el cual incluso llegó hasta el Senado de la Nación, mientras que el ex combatiente sufrió amenazas, en el marco de una polémica que se trasladó desde el terreno local hasta el ámbito nacional y que, finalmente, no arribó a una solución concreta en términos de analizar la soberanía vulnerada.
El veterano recordó cuando, en aquél entonces, una persona le “reconoció que la soberanía era la ‘soberanía’, pero que los negocios también eran ‘negocios’”, a lo cual relató haberle respondido que “tanto yo como tantos otros arriesgamos nuestras vidas, muchos la perdieron, y esta persona ni siquiera estuvo ahí; hubo 649 caídos por ese pedazo de tierra, por lo que no existe manera alguna de negociación bajo ningún tratado comercial”.

La “pantalla” para iniciar la guerra

De algún modo, el planteo se traslada hasta la actualidad, donde el Gobierno Nacional adjudicó a compañías petroleras 13 permisos para comenzar a explorar la existencia de hidrocarburos en 18 áreas del mar argentino; una de las empresas, la británica Tullow Oil, accedió a la adjudicación de un área por 43,66 millones de dólares, en una decisión que volvió a poner en tela de discusión la delgada línea que existe entre los negocios internacionales y la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
En esta línea, Calvo recordó que “cuando se tomó Malvinas, operativo del cual participó el teniente Seineldín, el motivo fue el desguace de una empresa argentina, donde se provocó el izamiento del pabellón pero se tenía que forzar a un conflicto para el reclamo (sobre las islas), ya que se acercaban los 150 años del mismo y, si pasaba esa fecha, se perdía todo tipo de posibilidad de reclamar por la soberanía.
Según documentos históricos, la Armada Argentina había utilizado el objetivo del desguace de la fábrica, por parte de 41 operarios del buque Bahía Buen Suceso, como “pantalla” para encubrir su presencia en las Islas Georgias.
“Entonces, se indujo a una guerra, es decir, a la ‘toma’ de Malvinas”, continuó el veterano.

Una sociedad “blindada”

Calvo recordó su visita a las Islas durante 2018 y reconoció que el rechazo de los kelpers hacia los argentinos es que “un país tan rico en sus regalías y en su facilidad de conseguir cosas para la isla, le esté dando la espalda”, agregando que “por ese mismo tema rechazaban de plano el gobierno de Cristina Kirchner, porque fortaleció los reclamos; sin embargo, ellos (por los ocupantes actuales del territorio) tienen un problema; por ejemplo, para colocar un clavo y arreglar una quebradura, tienen que derivar la cuestión a Santiago de Chile o Gran Bretaña, y tienen mucha bronca hacia nosotros porque les estamos dando la espalda”.
No obstante, “bajo ningún punto los kelpers están dispuestos a negociar la soberanía sobre las Islas”, consignó, además de referirse al alto costo de vida en la zona, producto de las barreras comerciales: “El año pasado, una naranja en las Islas valía 35 pesos argentinos (hecha la conversión, ya que la moneda local es la libra esterlina), porque tienen que traerla, prácticamente, de la otra punta del mundo. A excepción de los vinos, no hay mercadería argentina; solamente de Chile y Gran Bretaña”.

Buena relación comercial

En relación a la adjudicación de zonas de exploración a empresas internacionales, Calvo opinó que “el Gobierno tiene la posibilidad de hacerlo, pero éticamente no lo puede hacer porque hay gente que murió allí, y menos (otorgarle permisos) a los ingleses; si fuera otro país, sí; no es que las Islas ‘se vendan’, sino que se vende el derecho a explorar” y agregó que “éticamente, hacerlo con empresas británicas, sería como sucedió en 1982, con la empresa argentina cuya fábrica estaban desarmando, lo cual fue el motivo para entrar a la guerra, tomar Malvinas y hacer el reclamo internacional”.
En esta línea, señaló que “por ejemplo, los vuelos de los veteranos de Córdoba que ahora salen a Malvinas son indicios de que hay una buena relación comercial con Gran Bretaña; el tema es que esas islas, por su historia, por derechos y por plataforma marítima, nos corresponden; ellos las usurparon; tienen el poder bélico y difícilmente puedan ser ‘tomadas’ de vuelta”.

Un horizonte lejano

No obstante, Calvo reconoció que “nosotros tenemos armas fundamentales como la economía y la cercanía al lugar para negociar algo de esa soberanía, o bien para comenzar alguna negociación, a futuro, de la misma”, algo que advirtió que “queda todavía muy lejos”.
Para los kelpers, nacidos en Malvinas, “esas tierras les corresponden por sentimientos a su pequeña patria; pero son ingleses, su deber es, para ellos, ‘hacia la Reina’, por eso nos odian cuando reclamamos las Islas; no pueden escuchar que los veteranos de guerra, cada 2 de abril, reclamemos esa soberanía”, remarcó Calvo, agregando que, en el caso de los tratados comerciales entre Argentina y Gran Bretaña, “los intereses van mucho más allá” de la soberanía, incluso sobrepasándola, muy a pesar de los más de 600 caídos en combate durante el conflicto bélico.

Construirán un muelle

En otro orden, Calvo contó que “el guía que nos acompañó durante nuestra visita a Malvinas ya nos comentaba que, desde 2018, ya se estaban preparando de ahí a los dos años siguientes, para la exploración de los yacimientos; el proyecto está para realizar un muelle, el cual hoy no tienen, para que atraquen los barcos y además estaban necesitando una mano de obra calificada, ya sea mediante chilenos, peruanos o filipinos”.
En Malvinas, precisó, hay corrientes migratorias muy marcadas por parte de ciudadanos filipinos, que se desempeñan mayormente en el área gastronómica, y peruanos, que realizan otras tareas.
“El proyecto consiste en hacer barrios para la gente que vaya a trabajar para construir el muelle, ya que el tema del petróleo y la pesca estaban generando mucho movimiento en las Islas; ellos van a tener un problema muy grande con los residuos, así como también con el agua potable”, advirtió.

Un proyecto ambicioso

Otra problemática que atravesaría a los kelpers es el de la energía: “Actualmente tienen un 50 por ciento de energía solar y eólico, y el otro cincuenta mediante generadores; la calefacción es mediante kerosene. Y otra de las cuestiones que llamó la atención es, justamente, el pedido de mano de obra calificada, ya sean pintores, albañiles, quienes trabajan con la construcción en seco, ya que necesitarán hacer mucha construcción para la migración de quienes busquen trabajo allí. Por eso, el futuro ellos lo ven como un escenario de mucha bonanza, y están trabajando en ello, a 700 kilómetros nuestro”.

El “turismo bélico”

Por otro lado, sostuvo que “es entendible que un gobierno pueda recuperar la soberanía a través de la diplomacia y la economía; la política internacional lamentablemente no cuenta las víctimas, sino el buen negocio para el país, algo que se contrapone con lo que yo pienso como veterano que estuvo allí, puso en riesgo su vida y vio gente caer”.
Sobre esto último, relató que “el año pasado estuvimos cuatro días en las islas y la realidad es que los kelpers ni nos miran, incluso le llaman a ello ‘turismo bélico’, ya que les deja cierta ganancia; hay gente que vive del turismo” y añadió que “en la isla hay unos 500 mil animales, es el lugar ideal para criar ovejas; viven de la venta de esa lana y de la carne que el mismo gobierno británico les compra, y en cierto sentido son ‘ricos’, venden a un millón de dólares el permiso de pesca; hay muchas empresas que están explotando y que cuentan con barcos inmensos, donde las regalías son impresionantes”.

Guardia “imperial” civil

Por otro lado, Calvo advirtió que, lejos de atravesar problemas económicos, la población de Malvinas “tiene muchos problemas sociales” y citó como ejemplo que “en 1982 había 2.800 kelpers, y para el año pasado había unos 3.300; el ‘gobierno kelper’, conformado por ocho consejeros que se ocupan de temas como ordenamiento urbano, energía, comercio exterior e interior, además de que elaboran leyes que son respetadas a rajatabla”, explicando que “el ‘gobernador’ inglés, a través de la conexión con la Reina en Gran Bretaña, maneja la seguridad de las Islas”.
Esta clase de “guardia” local consiste en equipos mixtos, vestidos con traje de combate, que permanecen siempre armados: “Son la defensa civil de las Islas”, sostuvo el ex combatiente, agregando que “ellos tienen el deber de luchar ‘para defender a la Reina’, es la consigna que tienen”.

Éxodo de jóvenes

A su vez, la instrucción militar de los kelpers “es paga”, manifestó, sumando a ello que “las horas en las que se instruyen se pagan y quedan como soldados de reserva, tienen esa misión dentro de su sociedad y se hacen notar”.
Sobre la educación de la población local, contó que “el gobierno kelper obliga a los adolescentes a estudiar hasta finalizar el secundario, multando a los padres cuyos hijos no lo terminen; luego, tienen la elección de quedarse a trabajar localmente, y la mayoría se van a estudiar a Gran Bretaña, pero la realidad es que no vuelven nunca más, ya que no es fácil vivir en Malvinas”.

Gobierno de Chubut