«Es hora de volver a la Luna, esta vez para quedarse». El multimillonario Jeff Bezos, propietario del periódico The Washington Post, fundador de Amazon y de la empresa aeroespacial Blue Origin, no sólo tiene claro que quiere participar en una misión a nuestro satélite: ya tiene listo el concepto del módulo lunar (es decir, el componente que se posará sobre la superficie) con el que aspira a mandar vehículos robóticos, instrumentos científicos y más adelante -cuando desarrolle un modelo de mayor tamaño y presurizado-, astronautas.
Blue Origin es una empresa estadounidense de transporte aeroespacial fundada en el 2000 por Jeff Bezos, también fundador de Amazon. Entre sus objetivos se encuentran los vuelos sub orbitales y orbitales, tanto para misiones oficiales de Estados Unidos, como para vuelos privados. Su principal trabajo son los cohetes reutilizables por medio de descensos controlados de los mismos por propulsión luego de los lanzamientos.
Bezos estuvo interesado por la exploración espacial desde pequeño. En una entrevista al Miami Herald en 1982, Jeff con solo 18 años dijo que quería «… construir hoteles espaciales, parques de diversiones y colonias para 2 o 3 millones de personas que estarían en órbita. Todo esto para preservar la Tierra.»

De nuevo hacia la luna

El considerado como el hombre más rico del mundo lo presentó días atrás en Washington, durante un acto en el que estuvo rodeado de niños, los primeros miembros de su ‘Club del futuro’, una organización para inspirar a las futuras generaciones a dedicarse a la exploración espacial de la que también habló por primera vez durante el mismo evento.
«Es un vehículo increíble», dijo Bezos sobre Blue Moon (Luna azul), el flamante módulo lunar del que, quizás en 2024 y emulando a Neil Armstrong, descienda un astronauta de la NASA. Esa es la nueva fecha en la que, según aseguró Donald Trump el pasado marzo, EEUU volverá a poner a un astronauta en la Luna.

Misiones no tripuladas

Según el propio Bezos, su Blue Moon podría ser el módulo que la agencia espacial utilizara, pues estaría listo para ese año gracias a que su empresa comenzó a diseñarlo en 2016. No se sabe aún con detalle cómo la Administración Trump pretende adelantar su futura misión tripulada de 2028 a 2024, pues el desarrollo de las naves espaciales tripuladas es un proceso lento y costoso. Sin embargo, es más que probable que las empresas privadas como Blue Origin, Boeing y SpaceX, de Elon Musk, tengan un papel destacado como ya lo desempeñan ahora dos de ellas en las misiones no tripuladas a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Un alunizador versátil

Pero la NASA no es el único cliente potencial de Blue Moon, que se caracteriza por ser un alunizador versátil capaz de adaptarse a las necesidades de las organizaciones y empresas que lo contraten. Se trata de una plataforma con cuatro grandes patas y una esfera donde se almacenará combustible (hidrógeno líquido) y que será capaz de transportar a la Luna hasta 3,6 toneladas de carga y casi el doble en su versión avanzada.
Desde el punto de vista energético, el aterrizador está diseñado para misiones de larga duración y para sobrevivir a las gélidas noches lunares. Asimismo, se han incorporado instrumentos y sensores que se basan en la inteligencia artificial para poder realizar más fácilmente alunizajes de precisión.

“Anomalía” en Crew Dragon

Mientras tanto, las compañías privadas Boeing y SpaceX están inmersas en la fase de pruebas de sus respectivas naves tripuladas que llevarán a los astronautas de la NASA a la ISS. Desde 2011, cuando EEUU jubiló su flota de transbordadores, tienen que viajar en naves rusas. Sin embargo, el programa para que EEUU vuelva a tener naves propias, que ya lleva retraso respecto al plan inicial, sufrió un nuevo revés a finales de abril.
La nave Crew Dragon de SpaceX sufrió «una anomalía» durante el vuelo de prueba. Un fallo que podría retrasar el primer test con astronautas de la cápsula, previsto para finales de este año.