Por Trivia Demir

La elección en Chubut fue contundente con la reelección de Mariano Arcioni, pero las señales son por lo menos desconcertantes en términos de pertenencia nacional. Un detalle no menor para pensar los próximos cuatro años que le tocarán administrar una provincia con caja complicada. En ese marco, la postal de triunfo tuvo a Sergio Massa como protagonista excluyente de la alegría de Arcioni. Su padrino político compartió en todo momento escenario elogiando como Mariano ´se cargó al hombro la provincia´ festejando los resultados como propios. Esta jugada de apersonamiento dejó bastante eclipsados a los artífices de las roscas en las sombras del Frente Patriótico Chubutense que pretenderían canjearle espacios en la gestión al escribano, a cambio de vínculos con la dupla Fernández & Fernández. Una jugada que simplificó el propio Massa y por la televisión nacional por si quedaban dudas.
Fue cuando Alberto Fernández y Sergio Massa intercambiaron elogios en vivo y se comprometieron a tomar un café en los próximos días, a pocas horas de la fecha límite -12 de junio- para conformar un frente electoral común para las elecciones nacionales.
Es que Alberto estaba brindando un reportaje en el canal C5N cuando un móvil en vivo desde la provincia de Chubut le permitió saludar al líder del Frente Renovador. ¿Mera casualidad? Es poco probable. Massa que había venido a Chubut para festejar junto a Mariano Arcioni, que terminaba de ser elegido, no le sacó el cuerpo al diálogo amistoso a sabiendas que todas las miradas políticas estaban en esa pantalla. «Volvé a Buenos Aires y tomemos el café, terminemos con esto para ver cómo podemos avanzar. Sé que tenemos muchos más puntos en común, trabajemos en profundizar eso», aseguró Fernández desde estudios. A lo que Massa contestó: «Esta noche, el festejo va a ser largo. Mañana, al mediodía seguramente estemos por Buenos Aires. Ojalá podamos tomar un café y construir entre todos, con los que faltan también y creen que Argentina necesita una alternativa, una nueva etapa que supere el fracaso de Macri», respondió el tigrense. Y antes de cerrar la conexión, con una sonrisa Massa envió un mensaje en clave futbolera: «Te quiero hacer un recordatorio, El Bicho no pudo en semifinales lo que Tigre pudo en la final; pensalo en términos políticos». El mensaje pareció estar vinculado con las chances de uno y otro en un eventual balotaje con Macri. Todo esto generó definitivamente el revuelo esperado.

La recontra unidad

Reflexiona el columnista Fernando Gutiérrez* acertadamente que “Pocas veces una invitación a tomar un café había generado semejante expectativa. La posibilidad de una reunión entre Sergio Massa y Alberto Fernández para definir una coalición electoral con la cual hacerle frente a Cambiemos tiene en vilo a todo el ámbito político y generó un sinfín de especulaciones. Cargos, lugares en las listas al Congreso, cuotas de ministerios, acuerdos de no competencia en intendencias clave, definiciones programáticas y varios etcétera formaron parte de los ítems que las fuentes partidarias afirman que están en la mesa de negociaciones.
Pero a la par, también hay datos de un ablandamiento de Cambiemos que comenzaría a abrirle las puertas al peronismo más moderado. No fue tampoco nada casual que el día D, Arcioni inaugure viviendas financiadas por Nación en compañía de su reciente contrincante, el diputado Gustavo Menna. Un gesto de rápida integración que no pasó desapercibido.

A 24 horas de las definiciones

Lo cierto es que el reloj apremia, cuando faltan menos 24 horas para el cierre definitivo para la presentación de alianzas. Y el candidato de Unidad Ciudadana está urgiendo a Massa a formatear de una vez un frente electoral para que, una vez más despejado el camino a la Casa Rosada, ponerse a ultimar los detalles.
Pero Massa ha dejado en claro que prefiere que el orden cronológico sea al revés. Primero quiere que le den garantías sobre el respeto a su «identidad» política, como escribió en el documento dado a conocer el sábado.
Allí, dio algunos mensajes entrelíneas, en el sentido de que no está dispuesto a ningún acuerdo que implique que el espacio político que empezó a construir en 2013 corra el riesgo de diluirse dentro del kirchnerismo. Y tiene fundadas razones para ello. Primero, la presión de sus bases. El espacio de Massa pone en juego 11 cargos de legislador provincial y seis bancas de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Además, claro, de las intendencias del conurbano, entre ellas el «pago chico» de Tigre.
Y ese es un factor de mucho peso para empujar a Massa hacia un acuerdo: su aparato partidario no quiere exponerse a una pérdida de espacios de poder.
Por lo pronto, se da por sentado un pacto de no agresión que implicaría la ausencia de disputa en las intendencias, de manera de que no haya riesgo de pérdida de poder territorial ganada por el Frente Renovador en 2015.
Lo que no termina de definirse es el cargo del propio Massa y si habría un apoyo a la candidatura provincial de la fórmula Axel Kicillof-Verónica Magario. Un dato manejado con insistencia es la posibilidad de que el tigrense encabece la lista de Diputados y sea el nuevo presidente de la cámara baja. Pero hay quienes creen que Massa no resignará tan fácilmente la posibilidad de postularse a la presidencia.
Fue sugestivo este párrafo en su último documento: «Tenemos que animarnos a construir esa nueva mayoría para un nuevo gobierno sobre la base de valores, respeto a heterogeneidad, un programa de gobierno y competencia democrática sobre los liderazgos».

«Presos los quiero»

¿Por competencia democrática para determinar liderazgos se entiende una PASO en la que compitan él con Alberto Fernández y, eventualmente, también con Daniel Scioli? Es una posibilidad que en el entorno de Massa nadie se anima a cerrar. Y, a la hora de las especulaciones, hay también otra chance que se comenta en voz baja: la posibilidad de que la fórmula Fernández-Fernández pueda sufrir alguna modificación. En los deseos de Massa siempre estuvo la alternativa de que Cristina Kirchner diera un paso al costado, como forma de eliminar las objeciones que todavía hay dentro del Frente Renovador hacia la figura de la ex presidente.
Después de todo, una de las principales espadas políticas de Massa, la diputada Graciela Caamaño, pronunció un duro discurso contra el kirchnerismo durante el acto partidario del Frente Renovador, precisamente el mismo discurso que emocionó hasta las lágrimas a Massa y a su esposa, Malena Galmarini. Camaño por otra parte anunció ya que si Massa acuerda con Cristina se va del Frente. ¿Hay, a esta altura, margen para una fórmula Fernández-Massa? Los tiempos no parecen jugar a favor de esa posibilidad. Y hasta se percibe cierta irritación en el kirchnerismo. «No se vislumbra en Massa una voluntad política de concretar un acuerdo», dijo Agustín Rossi en declaraciones radiales, en medio de un clima plagado de versiones.
Pero lo cierto es que para Massa, la alianza con el kirchnerismo es un arma de doble filo. Por un lado, le garantizaría la continuidad en los cargos que le están reclamando sus bases. Pero, por otro, lo llevaría en lo personal a una situación en la que perdería su identidad política y atravesaría esa “línea” que alguna vez juró y perjuró que no pasaría más.

Reabsorvido por la borra

Como él mismo siempre se ha encargado de recordar, lo que lo llevó a ocupar un lugar destacado en la política nacional fue el hecho de haberse rebelado e impedido en 2013 el proyecto por la re-reelección de Cristina. Y el 22% de los votos que logró en las elecciones presidenciales de 2015 tienen que ver con ese perfil antikirchnerista, que fue atractivo para peronistas tradicionales que no se sentían cómodos con los modos agresivos de la ex mandataria. Fue especialmente notorio ese perfil en el interior de la provincia de Buenos Aires, donde los votantes de Massa también sufragaron mayoritariamente por María Eugenia Vidal para gobernadora.
Hoy, con la «ancha avenida del medio» reducida a su mínima expresión, aquel caudal de votos se empieza a diluir, pero Massa no quiere perder su perfil de independencia. El tema es cómo lograrlo.
Massa, Alberto Fernández, Cristina, todos saben que es imposible que aquel 22% de los votos se pueda transferir a una coalición con el kirchnerismo. Las encuestas difieren entre sí sobre cuál es hoy el caudal de votos de Massa, pero la mayoría lo ubica debajo de 10%.
Es decir, poco como para competir solo, pero mucho como ayuda para que Alberto Fernández pueda romper el techo del kirchnerismo y ganarle a Mauricio Macri.
El tema para Massa es cuál es el precio a pagar para ser parte de ese proyecto eventualmente ganador. Y él sabe que el precio de una decisión mal tomada puede ser demasiado alto. A la par, hay analistas que hablan de una hiperpolarización que podría ayudar indirectamente mucho más a Macri, y por ahí podría haber una jugada de doble filo. Para Cambiemos, que se diluyan todas las terceras, cuartas y quintas posibilidades que dispersen los votos, mejor. Habrá que ver…

Fuentes: *IP, NA, LPO, propias