Las elecciones celebradas este domingo pasado en cinco provincias ratificaron una tendencia que se empezó a construir desde el primer día que hubo un comicio distrital: el triunfo de los oficialismos locales por sobre los armados opositores, sin importar demasiado el color político de la figura gobernante. Es por eso que el calendario de votaciones empezó a tener una importancia relativa para proyectar el escenario nacional, de cara a la martingala de alianzas que se discute en estos días. Hay un factor que, de todos modos, los dirigentes que tienen que definir de qué lado de la grieta se paran o cómo complementan una fórmula presidencial, deberían tomar en cuenta: la sociedad premió gestiones.

Imperceptible empujón

Este cuadro no se armó de casualidad. La primera pincelada la dio la Corte Suprema de Justicia, cuando en noviembre de 2015, días antes de que Mauricio Macri asumiera la Presidencia, dispuso que retener 15% de la recaudación total de Ganancias para financiar al sistema jubilatorio era inconstitucional. El fallo fue demoledor y marcó el inicio de una política fiscal que benefició a las provincias como nunca antes. El Poder Ejecutivo pactó una devolución gradual de recursos, y en acuerdos posteriores, también aceptó girar una compensación a cambio de adherir a los postulados de la reforma tributaria y las nuevas reglas de coparticipación selladas en noviembre de 2017, después de las elecciones de medio término en las que ganó Cambiemos.

Positivando en silencio

En mayo, la masa de impuestos que reciben las provincias tuvo un aumento de 67% anual, muy por encima de la inflación. Es solo una muestra que explica por qué en 2018 los estados provinciales en su conjunto tuvieron un superávit fiscal primario de 0,4% del PBI, algo que no sucedía desde 2014.
Con ese volumen de ingresos, prácticamente todos los gobernadores tuvieron más capacidad de sostener sus planes de obra pública que la Nación, que quedó a mitad de camino cuando en abril del año pasado la corrida cambiaria y la devaluación cortaron el financiamiento voluntario que recibía el Tesoro y quedaron truncos los PPP. Por eso no extrañan los resultados electorales. La pregunta que queda flotando es si ese principio impactará igual para la Capital Federal, la provincia de Buenos Aires e incluso la Nación.
Las encuestas por ahora dicen que no alcanza. Pero también es cierto que con el actual grado de indefinición, solo contestan los sondeos aquellos que tienen su voto definido, o sea un porcentaje muy chico de la sociedad. Si los gurúes de Cambiemos aceptaran como válido el criterio de la gestión como herramienta electoral, la definición del acompañante de Macri en la fórmula no dependería tanto del capital político que puede sumar, sino de lo que hizo en estos cuatro años. La bolilla sigue girando.
(Hernán de Goñi-Cronista)

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