El martes próximo, sobre las 10:30 horas, el Concejo Deliberante será sede de un homenaje a tres veteranos de la Guerra de Malvinas para conmemorar el “Día que Madryn se quedó sin pan”, una fecha que tiene como principales protagonistas a los ex combatientes, y a la propia ciudad del Golfo, cuyo pueblo los recibió el 19 de junio de 1982.
En esta oportunidad, serán Rubén Antonio Pastor, Héctor Alejandro Binnier y Francisco José Arturi los encargados de leer una carta que recuerda con inmensa emoción cómo fueron recibidos por los vecinos de Madryn.
La visita se enmarca en la inauguración del mural que se realiza en el ingreso al Muelle Almirante Storni y que será inaugurado la próxima semana.

Regreso triunfal

“Desde el Concejo Deliberante hemos convocado, a lo largo de los años, a distintas instituciones y, con ello, logramos ampliar las voces y la participación de los vecinos. En esta fecha tan especial queremos sumarnos a mantener viva la memoria de un hecho que quedó marcado para siempre en nuestra ciudad”, indicó Xenia Gabella.
Los veteranos, quienes combatieron en Monte London, regresarán a Puerto Madryn, por primera vez, después de 35 años.
El homenaje será presenciado por estudiantes de la Escuela 7.726. “Luego de que los chicos escuchen los relatos y la experiencia vivida por los veteranos de Malvinas realizarán un mural en el patio del Concejo Deliberante”, agregó. Ambas actividades, serán transmitidas en vivo por el canal de YouTube del cuerpo legislativo, o por su sitio web oficial.

Un triste capítulo histórico

Tras la finalización del conflicto bélico en Malvinas, se produjo el regreso de los soldados en calidad de prisioneros de guerra, y un gran porcentaje de ellos arribaron a Puerto Madryn.
Así, la historia del regreso de los soldados estuvo marcada por la incertidumbre de saber cómo sería el recibimiento por parte de los argentinos, muchos de los cuales en un principio apoyaron la guerra, para luego percatarse de la finalidad política con la que la misma fue impulsada, y las consecuencias de un devastador enfrentamiento que le costó la vida a 649 soldados argentinos, sin mencionar aquellos que fallecerían tiempo más tarde, producto de las heridas de combate, y la importante cantidad de suicidios que sobrevino después del conflicto.

Cálido recibimiento

El 19 de junio de 1982, la mayoría de los soldados que regresaban a su Patria, pensaba que se encontrarían con una población hostil y hasta decepcionada por la rendición en una guerra que, supuestamente, estaba “siendo ganada”, según varios sectores de la prensa de aquél entonces habían destacado.
No obstante, el pueblo madrynense hizo que los combatientes se sintieran verdaderamente contenidos. “La inolvidable emoción de los vecinos los impulsó a correr hacia los camiones cargados de soldados, con el solo propósito de alcanzarles algo para que pudieran comer”, recordó Gabella, agregando que “las pocas panaderías de aquel entonces no dieron abasto con sus producciones por la gran demanda que existía”.

La batalla más cruel

Durante la guerra de Malvinas, la “Batalla de Monte Longdon” tuvo lugar entre el 11 y el 12 de junio, y culminó con el triunfo de las tropas británicas.
Actualmente, dicho capítulo del conflicto bélico es considerado el más cruento, teniendo en cuenta testimonios que hablan de batallas “cuerpo a cuerpo” y hasta con bayonetas, un arma inusual en las guerras modernas.
El Monte Longdon, en ese momento, era considerado una posición estratégica en virtud de la guarnición militar argentina en Puerto Argentino; la batalla terminó con un total de 31 soldados argentinos muertos y 120 heridos, mientras que las tropas británicas también sufrieron unas 23 bajas y 70 heridos.

El horror de la guerra

Distintos relatos dan cuenta de las difíciles situaciones que atravesaron los soldados argentinos durante el conflicto en las Islas. El teniente primero Enrique Eneas Neirotti relató, en uno de sus testimonios: “Parecía una autopista de noche con autos con las luces bajas encendidas… Recuerdo todavía al cabo primero Martínez, herido, que me grita que la artillería enemiga le mató al soldado Araujo y a su compañero. Veo a otro soldado caminar a los gritos, con sangre en los oídos y la boca, alcanzado por una onda expansiva. Veo todavía a un soldado argentino, desarmado, adelantarse para rescatar a dos heridos nuestros. Usted podía verles las caras a los ingleses y ellos a nosotros… Mire, yo partí en dos a un inglés (posiblemente el cabo James Murdoch) con mi ametralladora pesada. Cayó a pocos metros de donde estábamos nosotros. Y el fuego era tan intenso que no podíamos socorrerlo, ni a él ni a los nuestros. Lo escuché agonizar durante no sé cuantas horas, y todavía oigo sus gritos. Ese recuerdo me persiguió y me persigue todavía, aunque con menor intensidad porque aprendí a llevarlo conmigo”.

Municipalidad de Puerto Madryn