Por Trivia Demir

Mientras en la Argentina sigue en escala ascendente la causa que tramita en Dolores en que se investiga una banda de espionaje ilegal y extorsiones usada para perjudicar al kirchnerismo y que involucra a personajes como Marcelo D´Alessio, periodistas, dirigentes de Cambiemos y hasta a Carlos Stornelli, el fiscal de los Cuadernos declarado en «rebeldía» por negarse cinco veces a declarar en indagatoria, el Papa Francisco expresó un sorpresivo pero fuerte cuestionamiento contra la «impropia actividad judicial combinada con operaciones multimediáticas paralelas» para interferir en los «escenarios políticos».
Pero si la Justicia interfiere en política, se podría decir que es porque representa nada menos que uno de los tres poderes del Estado, y quiérase o no, su rol es netamente político. Del mismo modo si los medios de comunicación garantizan el debate en el marco de una democracia que apenas permite la queja. Sin embargo, la Iglesia Católica que se supone es un espacio de fe, interviene mucho más en política que ninguna otra organización social o religiosa, y nada tiene para autocriticarse. De hecho, hace ya seis años dos hechos inéditos removían las estructuras basales del Vaticano. Por un lado, había renunciado un Papa bajo la sombra de escándalos financieros y denuncias de abusos sexuales. Por el otro, elegían para sucederlo a un cardenal argentino, que fue Bergoglio. “¿Cómo influiría esto en un país con una tradición política que -a diferencia de las de otros países con culturas muy influidas por el catolicismo- ha estado íntimamente imbricada con la Iglesia? ¿Se acrecentaría el poder del catolicismo en cuestiones de Estado con la figura de Francisco? ¿Habría más fieles y vocaciones sacerdotales?”, se preguntaba el confesional diario La Nación al cumplirse el tercer aniversario del Papado Argentino. Respondiéndose que “El contexto de las respuestas es el de un país que se relaciona con la Iglesia de manera ambigua. Por un lado, parte de la sociedad argentina reclama un Estado laico y que se deje de financiar a la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, cada gesto o silencio del Papa se lee en clave política y genera enérgicos debates. Tres años después, sociólogos especialistas en religión y estudiosos del catolicismo coinciden en identificar un doble fenómeno. La figura de Francisco se ha agigantado en lo que respecta al poder de la Iglesia en el espacio estatal y en el sistema político. No así, sin embargo, en el plano religioso ni en la vida cotidiana de los creyentes: no hay más católicos, ni más vocaciones religiosas. Y se le sigue exigiendo a Francisco desde distintos sectores sociales (por ejemplo, los movimientos de mujeres) que apoye iniciativas que impliquen ampliación de derechos”.

Lo justo y lo divino

Esta semana en el marco de un congreso sobre «Derechos sociales y doctrina franciscana» realizado en el Vaticano ante jueces de toda América, incluidos unos 20 de Argentina y el ex ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, el Sumo Pontífice evaluó el rol de la justicia en el mundo, pero justo cuando en la Argentina el desempeño y la credibilidad de ese Poder es cuestionado, así como su relación con el presidente Mauricio Macri y el Ejecutivo.
«Me preocupa una nueva forma de intervención exógena en los escenarios políticos de los países, a través del uso indebido de procedimientos legales y tipificaciones judiciales», disparó Jorge Bergoglio, en lo que fue leído por muchos como un claro cuestionamiento a la interferencia judicial en la política, principalmente ante contextos electorales como el que transcurre en la Argentina.

Palabra santa

En esa línea, el Papa advirtió sobre el uso del off the record por parte de los periodistas: «Además de poner en muy serio riesgo la democracia, generalmente es utilizado para minar los procesos políticos emergentes y propender a la violación sistemática de los derechos sociales». Con esto último parece estar implícito que la alusión parece dirigirse a los ataques mediático judiciales a espacios políticos catalogados como «progresistas», aunque eso implicó en entrar en un fongoso espacio de censura a la libertad de expresión consagrada incluso por la Santa Biblia.
«Para garantizar la calidad institucional de los Estados, es fundamental detectar y neutralizar este tipo de prácticas que resultan de la impropia actividad judicial en combinación con operaciones multimediáticas paralelas», disparó finalmente Francisco.
Este martes, los participantes firmaron un documento de compromiso y conformaron un comité permanente panamericano para la participación de la Justicia en la tutela de los denominados derechos sociales. El comité está conformado por siete miembros que estarán en su cargo durante dos años. Además de Zaffaroni, estuvieron presentes otros representantes de la justicia argentina: la presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, Inés Weinberg de Roca; el defensor general de la Ciudad, Horacio Corti; el camarista general Guillermo Treacy; el juez de cámara Carlos Balbín y la jueza de cámara Fabiana Schafrik; el juez de la Cámara del Trabajo Roberto Carlos Pompa y la jueza Elena Liberatori.

La predicación ideológica

Nadie puede negar a esta altura de los acontecimientos que el rol de Bergoglio en el Vaticano robusteció la histórica impronta de la cultura política argentina, marcada por la pretensión de transferir legitimidades religiosas a la arena del Estado. «Prácticamente la totalidad de la dirigencia ha desatado una desenfrenada carrera por apropiarse de la áurea legitimadora del Papa. Se trata de una lógica procedimental muy arraigada en la idiosincrasia política nacional, que se visualiza cotidianamente en los vínculos estrechos entre intendentes, gobernadores y funcionarios con obispos y demás líderes religiosos, pero que asume otros ribetes e impacto mediático ante la trascendencia de un papa argentino», explicó en su momento ante todo las recurrentes sesiones de fotos con los más variados referentes del mundo de la militancia argentina, el sociólogo e investigador de Conicet Juan Cruz Esquivel. Pero también aclaró que las predicaciones de Francisco “no deben ser comprendidas en clave de un modelo teocrático de Estado”. «Francisco distingue la autonomía del poder civil. Pero es proclive a un tipo de laicidad subsidiaria, a un formato estatal que convoca a las instituciones religiosas a la hora de diseñar e implementar sus políticas públicas».
El mes pasado un segundo grupo de obispos argentinos de visita ad límina expresó a Francisco su profunda preocupación por la situación social y económica del país -«el salario no alcanza»-, así como por «el ataque continuo al Papa y a la Iglesia» de parte de los medios de comunicación. Este mes con el retorno de los reclamos por el aborto legal, Francisco habría buscado recuperar almas progresistas apuntando a la justicia a los medios, para salir del atolladero de su posicionamiento férreo, llegando a comparar el aborto con la contratación de un sicario en una desgraciada analogía vertida en una de sus ponencias el pasado 25 de mayo en Roma.
El sermón de ayer a la justicia y a los medios fue un modo de equilibrar balanza creyente. De hecho hay que reconocer que el Papa ahora `marca la cancha´ de las políticas liberales pero en su momento cuando Bergoglio era presidente de la Conferencia Episcopal Argentina rol que ocupó por seis años, criticó abiertamente muchas de las decisiones políticas del gobierno de Fernández de Kirchner. Tanto que el propio Néstor llegó a calificarlo como el «jefe espiritual de la oposición política». Toda una definición.

Fuentes: Política Argentina, la Nación, BBC News, CNN en Español, transcendidos propios