Por Trivia Demir

En una nota sobre el futuro electoral de la Argentina, la prestigiosa revista The Economist de Londres asegura que «los principales candidatos presidenciales están ignorando los mayores problemas», en la campaña electoral. El primer criticado es Mauricio Macri. La revista cuenta que el Gobierno promociona obras en «caminos y alcantarillas porque no se atreve a centrarse en la economía» y advierte que «el show es parte de la campaña». No deja de mencionar, de todos modos, la presencia de Cristina Kirchner como candidata y asegura que Alberto Fernández «quiere mantener fuera de foco a su compañera de fórmula». Menciona, además, que Roberto Lavagna quedó eclipsado por la polarización que se presenta de cara a octubre. El tema que el relato certero sea de un medio extranjero pone posiblemente en evidencia el papelón democrático que venimos protagonizando todos. Porque como dice el refrán, ´cada pueblo tiene los políticos que merecen´, después de todo.

El ´garrón´ provincial

La evidencia que nada de lo que se promueve a nivel político es del todo verdad, y que el país está en una crisis profunda de honestidad pública hace rato, es dolorosa. Sobre todo cuando empieza a golpearnos directamente, y sin figuramientos. En Chubut por ejemplo, a poco más de un mes de las elecciones generales que definieron un gobierno para los próximos cuatro años y seis meses, la debacle es tal, que ya nadie sabe si la versión de renuncia ´provisoria´ del gobernador fue una chicana o realmente es verdad. Sin ruborizarse por el discurso, después de jactarse de ser ´la tercer provincia mejor administrada´, seis meses después Mariano Arcioni debió volver al escalonamiento de sueldos, tiene la obra social cortada, las obras paradas, los gremios plantados de mano, las alianzas políticas resentidas, la oposición legislativa enervada y sin un gabinete con volumen como para salvar tanta distancia del dicho al hecho.
O sea que la excelente jugada de adelantar comicios que le dio la reelección por amplio margen, se tornó también en un acortamiento de tiempos para planificar el poder y negociar con el gobierno nacional que venga, que es todo un misterio, por cierto. Este escenario de adelantamientos oportunos, dejó no sólo a Chubut perdida en el tiempo-espacio del ´ni hoy ni ahora´, sino a la mayoría de las provincias que literalmente ´se arrepienten´ de haber sido tan obsecuentes con la Nación, en detrimento de sus propios territorios.
Lo dijo mucho más claro y con dignidad esta semana, el gobernador de Santiago del Estero, Gerado Zamora: “El rumbo al que llevó el país Cambiemos perjudica a las provincias, impacta en los trabajadores, a las Pymes y el consumo. (…) “hemos tenido que hacer esfuerzos importantes, responsables para sortear una crisis muy fuerte con la caída del consumo y cierre de industrias. Creo que las provincias, tienen la madurez política y responsabilidad demostrada incluso en el Congreso. Pusimos por encima de diferencias políticas, la gobernabilidad. Que este Gobierno tenga Presupuesto, no poner palos en la rueda. Sufrimos las consecuencias de una política errada, con rumbo equivocado, déficit fiscal, endeudamiento y con moneda extranjera”. “El Gobierno nacional ha generado la inflación, porque si tienen un déficit fiscal que se cubre tomando préstamo en dólares, por cada dólar emitió 18 pesos, entonces la base monetaria produce inflación y otras medidas. Nunca bajó el déficit, lo subió, aspiró dinero con tasas que fueron bochornosas. Al dólar no solamente lo plancharon sino que lo bajaron, la bicicleta financiera significa que cualquiera que especuló financieramente con tasas de interés y baja del dólar, se llevó una ganancia entre 15 y 16% mensual en dólares. No existe un bochorno financiero como este. Esto termina mal y el próximo presidente deberá tomar medidas”, culminó.
Cómo se paran y se pararán los gobernadores frente al poder central, es un tema que no puede ser de exclusiva decisión personal como viene sucediendo, sobre todo si en ello se juega la situación de los territoriales. Otro tema que deberá dilucidar y ´democratizar´ el propio Arcioni.

Nada es lo que se muestra

Que las farsas políticas se conviertan en hábito es posiblemente el primer síntoma de la gravedad de la corrupción de nuestra salud democrática. Al hablar de la estrategia electoral del oficialismo –por ejemplo-, la revista The Economist menciona que «la televisión y los anuncios en las redes sociales se jactan de las obras públicas realizadas» por el gobierno de Macri y describe una publicidad en detalle: “Esta no es una historia que te estén contando. Es real, le dice el Sr. Macri a un votante que está de rodillas inspeccionando una carretera recién pavimentada, en un lugar de televisión. Luego el propio presidente se inclina para acariciar el asfalto».

No resistimos el análisis

Luego de advertir que el show es parte de la campaña, realiza un breve repaso por la situación económica, en el que destaca que la inflación anual es superior al 50%, el PIB se ha ido reduciendo desde mediados del año pasado y la tasa de desempleo es del 10%. El gobierno está recortando el gasto general y elevando los precios de los servicios públicos para cumplir con los términos de un préstamo de US$57 mil millones del FMI.
Al poner bajo la lupa al «principal rival del Sr. Macri», advierte que Alberto Fernández, también está ejecutando una campaña basada en la distracción. «Quiere que los votantes se olviden del historial de su mentora política, Cristina Fernández de Kirchner, quien fue presidenta en 2007 y 2015 y ahora es su compañera de fórmula».
Según la revista, que tiene una línea editorial liberal y apoya la libertad económica, el libre comercio y la globalización, la mala gestión de la economía del gobierno kirchnerista «contribuyó a la recesión de hoy y la alta inflación. Ella y varios funcionarios de su gobierno están siendo juzgados por corrupción», estampa.

El llamativo voto ´añoranza´

Destaca, sin embargo, que a «alrededor de un tercio de los votantes, en su mayoría pobres, todavía le gusta». Y describe: «la clase media se estremece ante el recuerdo de su presidencia. Su protegido, el señor Fernández, es poco conocido».
También critica, en este caso, la campaña publicitaria que muestra a Alberto Fernández como un «tipo normal» y le lanza una pelota a su perro Dylan. The Economist también dedicó unas líneas a Roberto Lavagna, pero asegura que está eclipsado por «la necesidad de distraer», tanto de Juntos por el Cambio como del Frente de Todos.
Tras destacar que Macri consiguió a «un peronista prominente» como compañero de fórmula al nombrar a Miguel Ángel Pichetto, asegura que, a diferencia de Cristina Kircher, que «incumplió con la deuda de Argentina, Fernández es un moderado pragmático» que «promete volver a trabajar el acuerdo con el FMI si es elegido».

Otra incongruencia: Una interna sin interna

La revista cuenta que la primera prueba de las dos campañas se realizará el 11 de agosto, cuando se celebren las elecciones PASO que confirmen formalmente a los candidatos, aunque revela que «todos los candidatos se presentan sin oposición, por lo que la pregunta principal será cuántos votantes participarán en las primarias».
Menciona, además, las encuestas y explica que, aunque los sondeos de opinión realizados a fines de junio dan a Macri como segundo detrás de Fernández, el oficialismo se estaría imponiendo en las urnas «en parte por las señales de que las políticas económicas del gobierno están empezando a funcionar».
Enumera, entonces, los últimos logros reflejados en los datos oficiales: «la inflación ha estado desacelerándose desde abril. El peso se estabilizó en abril después de que el FMI autorizó al banco central a gastar más dinero para defenderlo. El margen de tasa de interés de los bonos argentinos sobre los emitidos por los Estados Unidos, una medida del riesgo país, se ha reducido de diez puntos porcentuales a unos ocho».
Antes de terminar, cita una declaración de Sergio Berensztein, quien aseguró a inversores extranjeros que Macri tiene «una oportunidad de pelea» para ganar la segunda vuelta el 24 de noviembre. Y finaliza: «Ayudará si la economía le da algo de qué jactarse». Concretísimo, no?

Fuentes: The Economist, Veintitrés, NA, propias