A tan solo 3.7 kilómetros del pintoresco pueblo de El Hoyo, en la provincia de Chubut, camino al Desemboque, se encuentra el laberinto más grande de Sudamérica.
Contar cómo surgió la idea de hacer el laberinto es una cuestión laberíntica en sí misma. ¿Por dónde empezar, cómo llegaron hasta acá? ¿El laberinto de ayer es el mismo de hoy?
La mejor forma es preguntarle a Claudio Levi, uno de los dueños junto a Doris Romera, de esta maravilla enclavada en el corazón de la Patagonia: “Con bastante precisión puedo contar los pasos concretos acerca de cómo construí el laberinto; la adquisición de las 5 hectáreas en una loma imponente del valle del Río Epuyén donde el laberinto está enclavado, la compra de los arbustos en el vivero del Inta de Trevelin, la técnica mediante la cual estos arbustos fueron plantados gracias a dos o tres ecuaciones básicas de trigonometría y al uso de un bidón con agua y cal, de una cinta métrica de 20 metros, de cientos de estacas y de un gran ovillo de hilo que, como el hilo rojo de Ariadna, iba conectando un punto con otro punto y me permitió volver –luego de enfrentarme con mi propio Minotauro interior– y conquistar mi sueño”.
Pero, ¿cuándo empezó toda esa tarea ciclópea? “Este sueño comenzó a materializarse un 1 de mayo de 1996, cuando junto con Doris, mi mujer y compañera, plantamos, durante veinticinco días ininterrumpidos, los 2100 cupressus macrocarpa que fundaron el laberinto. El proceso creativo y de diseño del laberinto me llevó casi un año y en él confluyen muchas motivaciones personales con ciertos conocimientos de kabbalah, historia, geometría sagrada, mitología, filosofía y magia”, señala Claudio, agregando: “También hubo motivaciones externas, recuerdo una época en la que dudaba un poco en llegar a buen puerto con este proyecto y tuve la fortuna de visitar el Museo Leleque en Chubut. Allí, en una vitrina, pude ver un hacha de doble filo, una labrys de obsidiana, idéntica a las encontradas en el laberinto de Creta, con una reseña del historiador Rodolfo Casamiquela en la que relacionaba esta hacha, herencia sagrada de los antiguos Tehuelches, con el mito del laberinto. Para este pueblo originario era también fundamental atravesar el camino sinuoso y era la deidad Watsiltsum quien presidía los itinerarios laberínticos, no solo para que las almas de los difuntos pudieran sortear una difícil travesía, sino también para que pudieran pasar de este mundo al de los espíritus y entonces pudieran comunicarse con los antepasados o las divinidades”, finalizó Levi.

Parque Temático

El Laberinto Patagonia, abierto todos los días desde el sábado 6 julio hasta el domingo 4 de agosto desde las 10:30 a las 19 horas, está enclavado en un predio de cinco hectáreas rodeado de un asombroso entorno y una fabulosa terraza natural, justo en el epicentro formado por las montañas regentes de la Comarca Andina.
Posee una visual abierta de 360 grados, sin ningún tipo de contaminación de infraestructura y está rodeado por bosques nativos de importante tamaño y antigüedad.
Las instalaciones son 100% aptas para personas con movilidad reducida. Se puede ingresar al predio con perros, (el uso de correa es obligatorio); y si el perro no supera los 10 kilos, podrá ingresar al recorrido del laberinto.

Actividades

El predio se expande por 5 hectáreas donde se puede pasear, caminar, recorrer, contemplando el atractivo del contexto natural que lo rodea.
Cuenta con pérgolas y bancos de descanso desde donde se pueden divisar distintos animales, como aves, ovejas, liebres, etc.
También cuenta con estacionamiento propio, seguridad y una confitería para desayunar o merendar, donde se podrá deleitar sus famosas tortas entre otras delicias.
En total, son más de 8.000m2 de superficie para recorrer, con 2.200 metros de sendero pavimentado para perderse y disfrutar y 9 puertas para descubrir.

Gastronomía

Uno de los puntos fuertes, sin dudas, es la gastronomía. El Laberinto Patagonia se encuentra enclavado dentro de una chacra de veintisiete hectáreas en la Patagonia Argentina. Desde hace treinta y cinco años llevan adelante un desarrollo de producción orgánica que nació con el objetivo principal de generar alimentos para la propia subsistencia de la familia.
De este modo, y excluyendo todo tipo de agroquímicos, establecieron una producción de frutales cien por ciento orgánica. En 1983, se plantaron dos árboles, un manzano y un nogal, que fueron los que dieron inicio a la plantación actual. Hoy hay más de trescientos manzanos y ciento cincuenta nogales; y también varios perales, ciruelos, membrillos, cerezos, castaños que permiten que la cocina del Laberinto se autoabastezca de frutas.
En 1987 comenzaron con la plantación de fruta fina que por razones de suelo y clima tan bien se da en la zona de la Comarca Andina: frambuesas, boysenberry, corinto, grosellas y sauco que, todos los años, les permiten realizar sus propios dulces, copas de frutas y rellenos para las tortas y tartas que ofrecen en la confitería.
Asimismo, la producción ovina y la producción apícola que son actividades que desarrollan cada vez con más empeño, y que crecieron notoriamente, les permiten tener miel propia, carne y lana.

Confitería

La confitería tiene una capacidad para 50 personas, donde ofrecen parte de su gastronomía orgánica, con menús para vegetarianos y veganos.
La carta es amplia en tortas, muffins, sándwiches, tostados, cafetería, te, budines, etc. Muchos de los ingredientes y productos se extraen de su propia chacra o chacras vecinas.
Cuentan con producción natural y orgánica de vinagres, sidras, cervezas, dulces, té y otros productos que se venden en la casita de regalos.

El Origen

En el mundo, y desde tiempos inmemoriales y remotos, existen los laberintos. La mayoría de las culturas y mitologías, de alguna u otra manera, han tenido contacto con la imagen arquetípica que un laberinto representa. Hay laberintos redondos, ovalados, cuadrados o rectangulares, laberintos con plazas centrales, con una o varias puertas, construidos de vegetación, de madera e incluso de piedra. Existen variadas formas y significados si de laberintos se trata, pero todos nos producen la misma atracción.
¿Será porque para cada uno de nosotros nuestro propio mundo interior se convierte en un laberinto, que estos apasionan tanto? Definitivamente los laberintos son símbolos universales que están asociados a la búsqueda de sentido de uno mismo y de la vida.
Un laberinto puede tener como finalidad proteger un centro o evitar que algo salga de él. En este sentido los laberintos nos invitan a perdernos dentro y a entregarnos por completo y lúdicamente a un proceso de indagación y exploración personal que nos lleva hacia la salida. Asimismo, los laberintos son diagramas de contemplación y por lo tanto fuertes disparadores iniciáticos de los caminos de búsqueda espiritual.
Ideas, sensaciones, emociones se despliegan en nosotros cuando nos enfrentamos ante un laberinto. Un laberinto es un reto que nos lleva hacia una meta y por lo tanto nos propone una conquista.

¿Cómo llegar?

Laberinto Patagonia se encuentra en Google Maps, también es posible encontrar la dirección en internet en sus redes sociales y la página web. No hay colectivo directo al Laberinto, por lo que si no se cuenta con vehículo propio o de alquiler, habrá que caminar desde El Hoyo 3.7 kilómetros desde la ruta 40 hasta el predio.
La dirección es Camino a El Desemboque km 3,7 El Hoyo, Chubut, Patagonia Argentina

El Laberinto en las redes sociales

Como era de esperar, el Laberinto Patagonia tiene presencia en las redes sociales y es posible comunicarse con ellos a través de las mismas y del mail.
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contactos: info@laberintopatagonia.com
A al teléfono 0294 4450588