Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

Anplagued le había dicho: “Lo que te estoy pidiendo, Sapoman, es que nos liberemos, tú y yo. Y que juntos concretemos el acto de amor más sublime y profundo que podemos realizar para nosotros y para el resto de la humanidad. Un gesto de amor sin precedentes que cure todos los males de una sola vez: mandemos a todos a la mierda.”
Y Sapoman, en un acto casi de fe antes que racional, comprendió.
“Entonces… Tú Anplagued, aconsejas que no me vaya a Ouagadougou? Pero… ¿Qué le voy a decir a Melisah ahora?”
“Ay Sapoman, Sapoman, Sapomín, Sapomón. Mirá que sos un pelotudo importante. ¿Todavía no te diste cuenta, sonso? Melisah y Anplagued somos la misma persona. Las dos somos yo, las dos somos dos mujeres enamoradas, pero con distinta peluca. Y nuestros pensamientos difieren en lo superficial, porque, como debe ser, cuando una tiene doble personalidad, debe pensar distinto en cada una de ellas. Sino, no tiene sentido ser portadora de dicha patología. Si cuando soy Melisah pensara como Anplagued, o viceversa, estaría sana. Y nadie quiere que eso suceda. ¿No es cierto acaso?”
“¡No puedo creerlo, eso no puede ser verdad! Vos sos vos pero también sos la otra, y también tú eres tú. No puedo creer que seas Anplagued, Melisah.”
“¡Abrí lojojo Sapoman!”
“Ajá. Lo mismo que Faceman y Sapoman soy ambos yo mismo. Pero, ¿qué extraña epidemia de doble personalidad es esta?”
Todo esto comenzó con las famosas mellizas Cocot y Culotte Multifilamento. Nunca se las vieron juntas a las hermanas Multifilamento, aunque todo el mundo daba por hecho que eran hermanas, y que eran dos. Nadie se preguntó, ni por un segundo apenas, si ambas, Cocot y Culotte, no serían la misma persona. Sin embargo, Cocot siempre decía: “¿Medimos cada opinión que damos sobre alguien? ¿Lo hacemos? ¿Realmente pensamos hasta dónde puede llegar lo que decimos?” Y Culotte le replicaba: “¿Cuánto puede lastimar? La mayoría de las personas no lo hacen. Hablan. Y otras escuchan, y hablan otra vez, en una progresión imposible de calcular. Evitemos escuchar, cuando de veneno se trata.”
Lo mismo vale para el operador Veloz, el Comandante en Jefe de Los Avomitables, que no es otro que tu viejo compañero de la secundaria, Marcelo Jacob Russo. ¿Lo recuerdas? Ese de quien tú mismo adoptaste su perfil para hacerte el tuyo propio en Facebook. Pero, ¿Acaso no te diste cuenta que Russo se convirtió en un malhechor a partir de enterarse de tu plagio, al adoptar su propio perfil, incluso su propia foto, en la red social? Eso lo llenó de ira y de odio. Al fin y al cabo, tú mismo, Sapoman, eres el creador indirecto de la cofradía de Los Avomitables.
“Sapoman, aquí el único sano es el perro Rubber, que es salchicha y se cree salchicha. Por eso, él será quien nos guiará en el camino hacia la imaginaria Oagadougou, una ciudad cuyo nombre impronunciable nos remite a la mítica Trapalanda. Una ciudad que existe, pero que siempre será imaginaria para nosotros”.
Continuará…