«La reacción del gobierno con un paquete de medidas económicas, que dará frutos a lo largo de los meses, es querer parar con medidas de superficie y de corto plazo, una crisis política que es de fondo, viene de atrás y no se remedia en 60 días», afirma el consultor político Ignacio Zuleta en el arranque de su mirada post PASO. El analista toma una radiografía de ‘los daños’ en una columna que parafrasea los dichos del propio presidente «Hay Aconcagua para todos», agregando que: «Es obvio, además, que la oposición descalifique cualquier esfuerzo; su misión es batir al enemigo. Eso compromete al oficialismo y la oposición que, aunque sigan ladrándose unos días más, van a tener que negociar una pausa para blindar gobernabilidad hasta fin de año, sea cual fuere el final de esta película. De hecho, Macri debe blindar el que dijo sería su objetivo político principal: que un presidente no peronista termine su mandato en tiempo (Ver http://bit.ly/2KTCyCf?fromRef=twitter). Para usar la frase de Macri en la aparición de ayer a la mañana, acá hay Aconcagua para todos. (“Fue como trepar el Aconcagua”, comentó). El deterioro no le conviene a nadie, ni al gobierno ni a la oposición.

Errores de cálculos y algo más

La confrontación es política, con efectos sobre una economía desastrada desde el año pasado. 2019 repite el voto de 2015. Macri conserva y aumenta votos de las PASO de aquel año y el peronismo sumados Scioli y Massa, da el número de F&F. Ese hecho pone en duda las interpretaciones sobre que el público se le dio vuelta al gobierno.
Es un error que el propio Macri adopte esa interpretación, como lo hizo en el discurso de esta ayer a la mañana. “Le pedí mucho”, dice. Su público le respondió. El del peronismo nunca lo iba a votar. Es hablar al vacío.
Ese cuadro alienta las estrategias para octubre: para FF, preservar la unidad del peronismo y conservar el número del domingo, que de repetirse le hace ganar en primera vuelta. Para el gobierno, la búsqueda apunta a darlo vuelta y tomar la delantera en un terreno que había abandonado, que es lo que ellos mismo llaman la vieja política. Es un juego abierto.
El riesgo es que el público de Macri lo vea sin poder de control de la situación y entre en una ola de desprestigio que lleve los votos anti-K hacia la fórmula de Lavagna. Éste tiene una ventanita para prosperar si eso ocurre y capitaliza el desprestigio de Macri y recupera votos peronistas anti-K para intentar entrar en el ballotage. En ese caso puede ser el De Narváez de Macri. El “Colorado” cabalgó la ola de rechazo a Kirchner en 2009 y le ganó la elección a diputados en Buenos Aires. No tuvo otro mérito que la oportunidad de aprovechar un momento de caída de prestigio.
Sobre el debate predictivo: quienes tenían números parecidos a los del domingo se los guardaron porque eran una radiografía implacable de la crisis. Macri lo llama a Picheto cuando le mostraron encuestas con la diferencia de las PASO. Hubo un cambio táctico para una estrategia contraria. No bastó una medida táctica como ésa porque la estrategia era otra desde 2017 y no se revisó.

Unidad y triunfo ´tapándose la nariz´

A todas luces surgen análisis obligados que se deben exteriorizar: El peronismo privilegió unirse tapándose la nariz y revisó su estrategia que lo hacía perder. Sostuvo desde 2017 la misma estrategia: unirse en cuando tuvieran una candidatura competitiva. Lo acordaron los gobernadores con el Patria y lo contamos en su momento. La orden de Cristina era: no vamos a romper ningún peronismo provincial. Y funcionó.
Ya en diciembre de 2017 el peronismo no K de Diputados les perdió el miedo a las fotos con los cristinistas y Massa cruzaba abrazos y sonrisas con Máximo Kirchner por TV. Una proeza porque el peronismo sigue dividido, sin liderazgo ni programa, pero atacó su vulnerabilidad que era el dominio sobre los territorios con más cantidad de votos, en donde perdía desde 2013. Lo logró porque hay una nueva generación de gobernadores a quienes, además, benefició la política de Macri que les dio el superávit y les transfirió plata como nunca
Ese formato de unidad dinamitó la ilusión de la tercera fuerza que era Alternativa Federal, que tuvo su mejor momento con el triunfo de Schiaretti en Córdoba. El peronismo de Buenos Aires respondió en el acto con el cambio de fórmula. Apartar a Cristina facilitó esa unidad. El gobierno tampoco quería esa tercera fuerza porque tenía quedarse afuera del ballotage.

Subestimando lo demás

El gobierno insistió en el formato de 2016: el peronismo desprestigiado no iba a tener recuperación. Una presunción, porque eso comprometía el apoyo del 34% de los votos de la primera vuelta de 2015. Sepultó al ala acuerdista y rechazó la oferta del peronismo no cristinista de un acuerdo del Bicentenario (Picheto-Sanz, 2016). Pese a eso el peronismo no K colaboró dividiendo los bloques y ayudando en la gestión, siempre con beneficios económicos para las provincias. No le habilitaron nunca las reformas políticas.
Lo sumó a Pichetto a última hora, pero terminó jubilando a Frigerio/Monzó/Massot. También enfrió la relación con los radicales desde 2017: el emblema fue que no defendieron la silla de los radicales en el Consejo de la Magistratura (Negri). Ganaron endogámicos frente a aperturistas, pero quedaron cautivos de una estrategia vieja, que debieron revisar en 2017 cuando vieron que Cristina sacaba 37% en BA y que el peronismo cristinista ganaba en elecciones provinciales (San Juan, San Luis, Santiago del Estero, Tucumán), cuando caían derrotados los peronismo más dialoguistas (Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, La Rioja, Salta)».

El incierto rumbo económico

La cuestión es que a dos meses y medio de las elecciones general, ahora Argentina enfrenta el desafío de ahuyentar temores de un default y ganar la confianza de los mercados, inquietos por un posible viraje al populismo de izquierda.
«Esto es solamente una muestra de lo que va a pasar» si gana el kirchnerismo, lanzó el presidente liberal Mauricio Macri, candidato a la reelección, luego de que el lunes la moneda perdió casi 20% y la bolsa cayó 38%. «La alternativa kirchnerista no tiene credibilidad en el mundo», subrayó.
Este mensaje fue luego que Fernández y Kirchner quedaran como claros favoritos para la elección del 27 de octubre, luego de imponerse en las primarias abiertas del domingo con 47% de los votos. Ese resultados se convirtieron en una poderosa señal política que puso en duda la continuidad del proyecto aperturista de Macri, quien lleva adelante un severo ajuste fiscal con un auxilio por 56.000 millones de dólares de parte del Fondo Monetario Internacional. «Las primarias cambiaron la legitimidad. Han sido un plebiscito tremendo», opinó el analista político Enrique Zuleta Puceiro, quien avizora «una etapa de mucha incertidumbre e inestabilidad».
Respecto a la deuda Argentina se encuentra en recesión desde 2018 y la fragilidad de su economía no solo amenaza al actual gobierno de Macri sino también al que le siga. Además, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), de los que Fernández fue jefe de gabinete, tuvieron relaciones hostiles con los mercados y el FMI, lo que a juicio de analistas alimenta el temor a un default.
Aunque Fernández, considerado un moderado al interior del kirchnerismo, ha sido tajante en descartar esa posibilidad. «No voy a declarar la cesación de pagos. Yo no quiero caer en default, de ningún modo, es muy costoso salir del default», enfatizó el candidato justo cuando el riesgo país que mide JP Morgan escalaba 68%, a 1.467 puntos.
Hasta ahora, el FMI se ha abstenido de comentar los resultados electorales. «La hora de la verdad podría ser el 15 de septiembre cuando el FMI debería desembolsar el próximo tramo del préstamo. El Fondo podría solicitar una reestructuración como condición para ello», consideró la firma de análisis Capital Economics.
Los vencimientos del préstamo del FMI, el mayor que haya otorgado el organismo en su historia, están previstos a partir de 2021. Capital Economics calcula que la ratio entre la deuda pública y el PIB se encamina al 100%. En este contexto, Zuleta Puceiro opinó que un eventual gobierno de Fernández «estará muy a la defensiva, porque tendrá muchas dificultades», especialmente con los pagos de deuda y con la expectativa de la población de que mejoren las condiciones de pobreza (32%) y desempleo (10,1%).
El riesgo de que en las próximas semanas Argentina entre en una espiral inflacionaria aún más aguda -acumula 22% en el primer semestre- o de que se desate la conflictividad social ya han sido asomados por analistas y líderes políticos. Incluso se ha puesto en duda que Macri pueda completar su periodo.
La posibilidad de un entendimiento con Fernández para lograr acuerdos que garanticen la estabilidad política parece descartada. «Fernández no haría un acuerdo de gobernabilidad a menos que Macri renuncie a la candidatura. Lo más que puede hacer es ser neutral, no empujarlo. Pero en campaña electoral no lo va a ayudar», consideró el consultor Raúl Aragón claramente descreído de una posible transición pacífica. Todo un relato. Habrá que ver…

Fuente: ZuletasinTecho, AF.