Por Marisa Rauta

Dos mujeres chubutenses deberían estar hoy en sus casas, cobijando a sus seres queridos, cultivando la primavera de la madurez donde crecen las mejores cosas de la vida, soñando con legar el impagable contenido que nos otorga la humanidad. Ni María Cristina ni Jorgelina deberían haber salido nunca de sus casas sin poder nunca regresar. Como tampoco Sonia, Natalia, Claudia y tantos otros maestros que en lugar de estar en las aulas y en sus hogares, hoy deben hacerle el aguante a la justicia social, enseñando que desde las calles se aprueba esa materia complejísima que resulta la dignidad humana.

La luna llena de septiembre se ensombreció peligrosamente este martes. En un paraje oscuro en el camino de la frustración y el reclamo, quedaron dos vidas a la vera de un conflicto que no es tal, y que oculta con un discurso peligroso, la deplorable violencia institucional que implica la retención indebida de los ingresos, por ineptitud, mala administración o impericia. Por eso tal vez estas muertes evitables dolieron tanto en un pueblo que se movilizó espontáneamente en todos los puntos cardinales del territorio, que hasta ayer podían coincidir o no con el vacío lectivo y el reclamo a ultranza, pero que no dudó ni un segundo en encarar la madrugada bajo cero para ponerle palmas a la desidia, al desencuentro y a la indolencia oficial. Dolió en la profundidad de la humana lógica, que no requiere de tanta letra para sentir que cuando hay cadáveres, hay víctimas. Y cuando hay víctimas, hay victimarios, por acción u omisión. Más allá que el poder político le escapara discretamente a asumir cualquier responsabilidad directa, el estado es responsable de que las cosas no estén en su lugar y que en esa concatenación de hechos, María Cristina y Jorgelina terminaran pagando con su propia sangre el desgobierno de la soberbia y la complicidad del saqueo sistemático que ha soportado y soporta el tesoro provincial.

La memoria no devolverá a estos dos seres a la vida, pero evitará que perezca su lucha, por eso es necesario visibilizar y dimensionar los sucesos, mucho más allá de la formalidad del discurso ralo y engominado para la galería y por cadena oficial. Dicen quienes tuvieron la oportunidad de compartir momentos cotidianos y la trayectoria escolar de las docentes que eran de esas constructoras “de vocación, dos luchadoras”. Jorgelina Ruiz Díaz tenía 52 años. Había comenzado en 2005 su lucha para lograr que los docentes estén mejor, no solo en su sueldo sino también en las condiciones de trabajo. Se había afiliado al gremio donde participaba con la misma garra que le ponía a las clases de Lengua que daba en la nocturna para adultos de la escuela 738 en Comodoro Rivadavia. Cuatro hijos son su semilla y cientos de alumnos sus retoños que no encontrarán resignación ante la pérdida, porque cuesta creer que la superficialidad política produzca muerte.

María Cristina Aguilar, tenía 55 años y daba clases de Economía para los más jóvenes de la misma escuela. Al igual que su amiga de lucha, cuyos sueños se truncaron a la altura del paraje Uzcudum, estaba en la última etapa carrera y a la puerta de una merecida jubilación. Sin embargo optó por dejar la comodidad individual y ocupar la calle del debido reclamo, por los derechos de una educación cada vez más desfinanciada. Un legado para sus dos hijas que no encontrarán jamás consuelo en la mentirosa paritaria que aguanta el pueblo, frente a la política despiadada de la especulación pública.

Habían salido desde Comodoro Rivadavia para participar de la movilización que los docentes realizaron en Rawson el mismo martes al mediodía para reclamar el pago de salarios al día, el reconocimiento del aumento de la paritaria y el restablecimiento pleno de la obra social, entre otras cosas. Iban en el auto con Claudia, Sonia y Rosa, compañeras y amigas, cuando el mundo terminó de ponerse patas arriba arrastrando todos los sueños que les quedaban por cumplir.

Así fue como la estocada de la muerte le pegó de lleno a la escuela 738 “Doctor Pastor Schneider”, del barrio San Cayetano, que abrió sus puertas para contener a alumnos y a la comunidad escolar que lloró amargamente el desenlace. Quizá el destino requirió estos sacrificios para ponerle límite a las simplificaciones, porque no se trata de sueldos lo que hay en juego, se trata de vidas, por si alguien no se dio cuenta aún.

La hija de Jorgelina, le puso letra a ese dolor compartido desde un lugar inapelable: “Se fue mi mamá. No voy a ver a mi mamá nunca más. Me lo repito una y otra vez para tratar de asimilarlo. Se fue para siempre. Se fue luchando, con esa garra que siempre la caracterizó, ¿de dónde sacabas tantas pilas ma?», escribió Antonela. «Desde 2005 en la lucha, exigiendo lo que corresponde. Quería ser docente y tenía que explicar que su vocación no pagaba las cuentas, quería estar en el aula y vivir dignamente, algo tan básico! ¿Qué son estos tiempos en qué hay q defender lo obvio? Mi mamá no vuelve al aula nunca más. Hasta eso le sacaron. Y a nosotros nos sacaron a nuestra mamá. Tu lucha sigue viva para siempre. Te amo con todo lo que soy”, completó.

A la tarde, un viento frío desdibujó las lágrimas de una multitud de vecinos que esperaban en la ruta los restos mortales de las dos maestras. Todo fue silencio que perforó razones. Y en la mayoría de las iglesias y capillas de Comodoro se elevaron oraciones porque la fe libera las almas que se van, pero sobre todo contiene a las que quedan.
¿Cómo se puede seguir de otro modo sino es con más fe con esta cruzada injusta ante un gobierno casi autista que se remite sólo al mercado y la coyuntura? “No voy a renunciar”, dijo el gobernador como si esa minúscula ausencia podría acaso devolver la vida o resolver el default evidente. Como decía el maestro Einstein, es evidente que “No entiendes realmente algo al menos que puedas explicárselo a tu abuela”. Por eso faltaron palabras oficiales de consuelo que conformaran socialmente, porque nada se pudo explicar.

Como pocas veces también ayer hubo una coincidencia sindical y política evidente. Sencillamente porque en esta foto, literalmente en la que se puede ´perecer en el intento´, estamos todas las fuerzas vivas plasmadas y amenazadas. Fue el consejo directivo y cuerpo de delegados de la RS de ATECh quien no anduvo con eufemismo responsabilizando directamente al gobernador Mariano Arcioni por el fallecimiento de las docentes, documentando que ambas “se encontraban en el marco de una lucha que ya lleva más de nueve semanas, por la falta de respuestas del gobierno. Regresaban a su hogar luego de una ardua jornada, de movilización y plenario de delegados. Por lo tanto repudiamos enérgicamente lo dicho por el gobernador. Lo ocurrido no fue un accidente vial”, acotan.

En el mismo tono, los docentes puntualizaron que el gobernador realizó “una lectura lineal” y omitió “que nuestras compañeras participaban de una lucha que significa un gran cansancio físico, psicológico y emocional, todo generado por su falta de manejo político para brindarnos una propuesta clara, para destrabar la situación descripta”.
Además oficializaron información que no se ocupó el gobierno de hacer, como para llevar tranquilidad a las demás familias. La regional precisó que “las docentes Sonia Florentino y Natalia Zambón ya están siendo trasladadas a Comodoro Rivadavia, al igual que los cuerpos de las maestras fallecidas, mientras que Claudia Ramos permanecerá internada en el hospital de Trelew, acompañada por su familia (sic)”.

Desde la secretaria general de la CTERA, Sonia Alesso y Roberto Baradel, respaldaron con el segundo paro nacional convocado en reclamo de la situación que atraviesan los docentes en Chubut: el primero había sido el jueves 5 de septiembre, en solidaridad con los maestros de Chubut que habían sido agredidos en la madrugada del día anterior, cuando realizaban un reclamo salarial en el cruce de las rutas 3 y 26. Allí se comenzó a plasmar efectivamente esa violencia institucional que sobreactúa una guerra por sobrecostos donde evidentemente para los planes de dominación desde la ignorancia, la educación molesta cada vez más. “Venimos advirtiendo hace tiempo sobre la gravedad del conflicto y la inacción y falta de respuesta del gobierno provincial y nacional”, afirmó Alesso esta mañana en la rueda de prensa.

“Nos preocupa seriamente la situación de la provincia. Tiene que haber una resolución. Hay leyes que protegen y dan respuesta. Lo hacemos en el marco de un pedido de paz”, añadió la dirigente sindical. Baradel consideró «inadmisible que hayan muerto dos docentes cuando volvían de una movilización para reclamar el cobro en tiempo y forma de sus salarios” y pidió al presidente Mauricio Macri y al gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, «que resuelvan este conflicto ya mismo» y que «garanticen la paz social». Lejos de ello, la entelequia en la que se han convertido los desgobiernos nacional y provincial, no hicieron más que reprocharse debes y haberes opacados por la evidencia de la sinrazón. La muerte al fin y al cabo es el límite del poder humano.

Hoy amanecerá lo que queda de la novena semana con una tristeza lánguida y un sol que se negará a entibiar los recreos inexistentes en todo el país, tras la despedida a María Cristina y Jorgelina. El dolor ante la partida es un concepto que no se aprende de memoria ni se contempla en la currícula, por eso saquemos una hoja y socialmente repitamos todo lo que sea necesario eso que solía dictar Gandhi, el magistral aguantador de la paz con dignidad y que nuestras docentes emularon: “Vive como si fueses a morir mañana, pero aprende como si fueses a vivir para siempre”. Adiós maestras!