En el marco de la seguidilla de edificios escolares que fueron “tomados pacíficamente” por los estudiantes en los últimos días, en el caso de la Escuela 710, ubicada en las inmediaciones de Bartolomé Mitre y pasaje Gobernador Galina, la situación edilicia continúa siendo uno de los reclamos de la comunidad educativa.
En este sentido, una decena de alumnos pernocta diariamente, mientras que durante el día se observa un constante movimiento de estudiantes, docentes y familias que buscan colaborar con los distintos aspectos de la toma; entre ellos, la provisión de elementos de higiene y alimentos no perecederos, así como también utensilios de cocina y otros objetos que permitan a los alumnos permanecer sin inconvenientes dentro del predio.

La toma como “último recurso”

En diálogo con El Diario, Rocío, alumna del penúltimo año de Sociales del establecimiento, que cursaba el turno matutino, comentó que “en un principio no teníamos la idea de tomar nuestra escuela, aunque siempre estuvo rondando; no pensábamos llevarla a cabo, o al menos no tan pronto, ya que se trataba de un último recurso, que planteamos en distintas reuniones con alumnos de otros colegios, como por ejemplo de la Politécnica y las otras que hoy están ocupadas” y agregó que “en ese momento, quedó como un tema pendiente a profundizar, y cuando estábamos llevando adelante ese encuentro, una alumna de la Politécnica nos informó que en esos días tomarían su escuela; nos quedamos sorprendidos pero apoyamos la decisión”.

Apoyo a las escuelas

Además, planteó que “acompañamos en principio como alumnos autoconvocados, pero en un momento decidimos consultar a los delegados para ver si, como Centro de Estudiantes que ya estaba conformado, podríamos hacerlo” y reconoció que “la decisión de apoyar (las tomas) fue unánime, y nos preguntamos qué ideas tenían; los chicos habían propuesto una vigilia, lo cual no prosperó, y cuando empezamos a acompañar a la Escuela Politécnica 703, de la cual pensábamos iba a ser la única, nos encontramos con que también se tomó la 728 y luego el resto, que hoy son siete”.
Entonces, “entendimos que, si bien no podíamos estar todos al mismo tiempo apoyando en las escuelas, por ahí era más fuerte tomar una acción desde nuestro establecimiento; una cosa es el apoyo de un chico y otra el de una escuela completa que esté acompañando”, relató.

Muchos padres acompañaron

Seguidamente, “planteamos esto en una reunión con los delegados de la escuela, y en su mayoría tal vez había uno o dos que no estaban de acuerdo con que (la toma) se realizara, así que luego nos reunimos con algunos padres para preguntarles si estaban dispuestos a firmar el acta”, continuó, sumando a ello que “por lo que tenemos entendido, fuimos la escuela donde más padres firmaron el Acta de Responsabilidad “.
En cuanto a los directivos del establecimiento, aclaró que “no se trata de una cuestión de acompañamiento o no, sino que les correspondía hacer el Acta; hubiera sido un disgusto que se opusieran porque habría generado más tensión, solamente hicieron lo que les correspondía, que era levantar el Acta junto a los padres, para determinar la responsabilidad sobre el edificio”.

Una caldera nueva y otra rota

Consultada sobre los históricos problemas edilicios de la 710, la alumna precisó que “nuestro reclamo este año fue bastante notorio luego de que organizamos una marcha para visibilizar nuestros problemas, y tuvo que ver con una de las calderas, que no estaba funcionando en las aulas de los chicos y pasábamos mucho frío”, agregando que “finalmente, consiguieron una caldera para reemplazarla, pero nuevamente hay otra que no está pudiendo ser utilizada y pasillos que están helados”.
Concretamente, la segunda caldera, la cual no fue reemplazada, “tira la llama de costado y está muy cerca de la nueva”, comentó uno de los integrantes de la comunidad educativa del establecimiento, explicando que por tal motivo debieron apagarla para evitar riesgos en la seguridad de los estudiantes.
Por otro lado, Rocío sostuvo que “el de la caldera es uno de los problemas edilicios más importantes de la institución” y detalló que “también tenemos inconvenientes con los baños, ya que es difícil que funcionen correctamente las mochilas, lo que constituye uno de los problemas más recurrentes de los chicos”.

Sin clases y con “tema nuevo”

La falta de clases es, tal vez, el hecho que generó más consecuencias directas en la formación de los estudiantes: “El reclamo es para renovar las clases, para nosotros lo más importante es poder terminar, más que nada por nuestro futuro, ya que queremos poder estudiar tranquilos. Sabemos que hay profesores que van a intentar dar todos los temas, pero hay que tener en cuenta que ya perdimos más de un mes”, mencionó.
Sobre los trabajos y el material de estudio fuera de las aulas, comentó que “hay algunos docentes que deciden enviarnos tareas, pero se hace más complicado porque no tenemos la presencia de ellos para explicar y hay temas que cuesta entender; por ejemplo, nos dieron varias hojas de Matemática, con un tema casi nuevo para el cual se necesita explicación, pero no tenemos el espacio para ello; de todos modos, nos pidieron que lo hiciéramos si podíamos y la realidad es que la mayoría no puede”.

Municipalidad de Puerto Madryn