El Viejo Expreso Patagónico “La Trochita”, dependiente de la Corporación de Fomento del Chubut (CORFO), realizó a lo largo de la pasada semana un servicio de chárter exclusivo para extranjeros. Un numeroso grupo de turistas provenientes de diversos países compartieron durante cuatro intensos días una experiencia inolvidable a bordo del emblemático tren cordillerano.

Un viaje inolvidable

Después de cinco años, aproximadamente, el Viejo Expreso Patagónico volvió a brindar un servicio de chárter exclusivo para extranjeros declarados amantes de los ferrocarriles y de la historia que recubre a esta clase de atractivos que no abundan en el mundo.
Comenzó el lunes, desde El Maitén hasta el punto conocido como Paralelo 42, límite con la provincia de Río Negro. También en la localidad cordillerana, el contingente hizo el martes un recorrido por la Estación, la sala de máquina y los talleres para una sesión de fotografías.
El miércoles, la excursión arrancó bien temprano desde la ciudad de Esquel hasta la Estación “La Cancha”, donde el tren llegó cerca de las 19 horas. Al día siguiente, el circuito continuó en dirección a la Estación Lepá.
Es preciso mencionar, además, que el grupo en cuestión estuvo integrado por visitantes de países tales como Alemania, Nueva Zelanda, Inglaterra, Japón y China. Todos se consideran verdaderos fanáticos de los trenes a vapor.

En primera persona

Los turistas terminaron la semana impactados con las características del Viejo Expreso Patagónico, la historia detrás y el paisaje que lo rodea en cada salida, al tiempo que también agradecieron la buena predisposición del personal que coordinó el viaje.
En los primeros 46 kilómetros que separan Jacobacci de Ojos de Agua, la formación realizó nueve paradas. “En algunos lugares nos hicieron desenganchar la locomotora en la que íbamos nosotros con Laurín, la Baldwin y nos pedían que nos adelantáramos unos 500 metros porque querían que la formación la encabece la maquina alemana, en la que iban como conductor y foguista Nelson y Cristian Sepúlveda, respectivamente”, explicó Juan Mora, el flamante conductor de máquinas a vapor, que en este viaje ofició de “foguista”, acompañando al conductor Horacio Laurín.
A ello se le sumaron las viejas estructuras ferroviarias en los cuatro pueblos unidos por la vía. El panorama fue ideal para que los turistas lograran capturar “las mejores imágenes” y llevarse un recuerdo inolvidable del paseo ferroviario.
“Quedaron fascinados, hcimos muchas paradas y arranques ‘en falso’ para que puedan sacar fotos desde distintos ángulos. Lo que genera nuestra Trochita en los turistas es algo inexplicable” agregó Mora.
El viernes, la formación llegó a la estación Cerro Mesa a las 17:45. Durante años Río Chico fue uno de los lugares de recambio del personal ferroviario, cuando la Trochita unía Jacobacci con Esquel, y guarda una gran riqueza ferroviaria. Por eso miles de imágenes fueron capturadas por las imponentes cámaras fotográficas y servirán para engrosar el gran álbum de La Trochita. Allí pernoctaron.
El sábado muy temprano la formación inició un corto recorrido hasta la zona conocida como “la curva del huevo” donde el trazado férreo serpentea por los cerros en un descenso casi interrumpido de 200 metros.
En ese sector, el tren circula entre los 1000 y 1200 metros sobre el nivel del mar, en una zona que ofrece cambios abruptos hasta llegar al río Chico, donde el valle se encajona dejando espacio solo para el agua, debiendo transitar por un corte hecho en una ladera rocosa.
En horas de la tarde, la mayor atracción del viaje estuvo en el puente Bayle de 105 metros de largo –el más extenso de Sudamérica– que desemboca en el túnel de 108 metros que atraviesa una alta montaña.
Ambas son las obras más importantes del trazado. Durante varias horas, el tren ingresó y salió del puente y del túnel cuantas veces fue necesaria ante el pedido de los turistas. Desde que el sol calentaba el techo de los vagones hasta que se escondió en el horizonte y la luna comenzó a reflejarse en el río.

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