La noticia la desveló el gobierno de Washington en un comunicado, pero la canciller salvadoreña, Alexandra Hill, aseguró que no se trata de un acuerdo de «tercer país seguro».
Este último concepto consiste en que cuando una persona abandona su país para solicitar asilo en otro, este segundo país puede negarse a recibirlo y remitirlo a un tercero que considere que puede darle las mismas atenciones.
Hay unas condiciones mínimas que un país debe cumplir para poder tener esa categoría, como no retornar a los migrantes a sus países de origen y garantizarles vivienda, empleo y servicios médicos.
De acuerdo a Hill, el pacto con EE.UU. persigue «minimizar y tratar de garantizar la protección de todas esas personas que se ven forzadas a migrar irregularmente hacia EE.UU.», declaró desde Washington.
Según EE.UU., «este acuerdo es un esfuerzo bilateral para proteger la integridad física y evitar los peligros que conlleva la migración irregular».
En horas previas al anuncio oficial, medios estadounidenses que entrevistaron a funcionarios del gobierno bajo condición de anonimato reportaron que el nuevo pacto de cooperación podría llevar a inmigrantes de otros países a obtener refugio en El Salvador, pese a que son miles los salvadoreños que migran desde su propio país para buscar asilo en EE.UU.
El acuerdo, según estos funcionarios, permitiría enviar a El Salvador a los demandantes de asilo que lleguen a la frontera estadounidense para que pidan ese amparo desde la nación centroamericana.
Según información del Washington Post, los solicitantes de asilo procedentes de Nicaragua, Cuba y otros países que pasen por El Salvador en su viaje hacia la frontera estadounidense serían elegibles para ser retornados a El Salvador.