Días atrás se cumplieron nueve meses desde que los cuerpos de Héctor “Pato” López y Federico Lomeña fueran hallados en distintas ubicaciones de la ciudad del Golfo, con evidentes signos de haber sido ultimados de manera violenta.
Los crímenes dejaron entrever una compleja trama ligada al narcotráfico y aquél circuito que funciona en los sectores más permeables de la sociedad, que es el narcomenudeo; según fuentes judiciales, ambos estaban ya siendo investigados en una causa que seguía los pasos de la compra y venta de estupefacientes, y la principal hipótesis de los homicidios es, actualmente, la de una disputa interna con quien sería el líder de la banda, que operaba desde la ciudad capital de Mendoza y proveía las sustancias, que arribaban a Puerto Madryn por vía terrestre.

El auto, la denuncia y el cuerpo

El primer hecho que dio inicio al derrotero policial fue el hallazgo del Volkswagen Vento que López utilizaba de manera particular, en un sector de El Doradillo; el auto había sido observado por técnicos de Servicoop que realizaban tareas de mantenimiento en la zona, durante las primeras horas de la mañana.
Una vez constituidos en el lugar, los agentes hallaron elementos pertenecientes al propietario del auto y constataron que este último había sido “limpiado” con nafta, probablemente para borrar ocasionales huellas digitales.
Ese mismo día, pero unas horas más tarde, el cuñado de López radicó la denuncia por “búsqueda de paradero” en la Seccional Segunda, hasta que días después, tras intensos rastrillajes, el cuerpo de “Pato” fue hallado en un predio cercano a aquél donde habían encontrado el vehículo: sus manos habían sido seccionadas y, a primera vista, la primera inspección ocular daba cuenta de un fuerte traumatismo en el cráneo, lo que luego se constataría en la pericia del Cuerpo Médico Forense como causal de muerte.

Todos jóvenes y un menor

Poco tiempo después, y a partir de un testigo reservado que terminó implicado en la causa como partícipe, tras declarar en Fiscalía, se ordenó un nuevo rastrillaje, esta vez en un sector de Playa Paraná, cercano al inicio del camino que conduce a Punta Cuevas.
Allí buscaban el cuerpo de Federico Lomeña, el cual fue hallado enterrado y tapado con bolsas; una vez recuperado, y según las primeras declaraciones de la fiscal Silvana Salazar, corroboraron que el joven presentaba “al menos” veinte puñaladas.
La misma semana, otro hecho incrementó la complejidad de la investigación, que fue la muerte de Nicolás Cerrudo, un joven de 20 años que, según declaraciones posteriores en el marco del expediente, era el “líder” del brazo local de la banda, integrada mayormente por muchachos de entre 19 y 25 años que se dedicaban a comercializar, principalmente, marihuana y algunas drogas de diseño en plazas públicas y concurridos lugares de la ciudad, algunos de ellos cercanos a escuelas.

El tercer deceso

Cerrudo, que se había quitado la vida en su casa familiar de la avenida Hansen, al sur de Madryn, había dejado una nota en la que advertía que “esto pasa por jugar con fuego”. Pericias en su teléfono celular también dieron cuenta de un plan para “matar a un transa”, para lo cual había solicitado ayuda a varios de los integrantes de la banda a través de un grupo de WhatsApp, donde trascendió que la contraprestación iba a ser la provisión adicional de estupefacientes.

La estrategia de los detenidos

Tras la declaración de incompetencia por parte de la Justicia provincial, la causa fue girada al fuero federal, donde el Juzgado 2 a cargo de Gustavo Lleral avanzó con la investigación e incluso cruzó datos con otras causas, una de las cuales investigaba a los dos amigos asesinados por haber estado sospechados de comercializar estupefacientes.
Tras la detención de varios “amigos” que integraban la banda y la ratificación de los testimonios que habían dado a la Fiscalía en la Justicia Federal, uno de los hechos que llamó la atención de los investigadores fue que varios de ellos apuntaban a Cerrudo como el perpetrador de los homicidios: según la lectura del juez, se trató de una estrategia para endilgar la responsabilidad de los crímenes a quien ya no podía defenderse.

El presunto líder, detenido

Hasta el momento, permanecen alojados en distintas dependencias provinciales más de una decena de jóvenes, entre ellos un menor de 16 años ubicado en el Centro de Orientación Socio Educativo (COSE), y el presunto líder de la banda, apodado “El Mendocino”.
Este último fue capturado por la Policía en allanamientos que se realizaron conjuntamente con agentes de la ciudad capital de Mendoza, en la vivienda del individuo; fue trasladado a Chubut donde permanece en prisión preventiva.
Si bien el Juzgado Federal dictó el sobreseimiento a varios de los detenidos por el delito de narcomenudeo, todos permanecen sospechados de haber participado, en menor o mayor manera, de los homicidios de López y Lomeña.

La droga desaparecida

Otras informaciones arrojaron que ambos habrían sido ultimados en una vivienda de la calle Berwin, mientras que una de las versiones más controversiales indica que a López le habrían seccionado las manos antes de haberlo asesinado.
La brutalidad de los homicidios también dejó entrever una presunta rivalidad interna por un cargamento de estupefacientes que había “desaparecido” y por el cual les endilgaban la responsabilidad a los dos amigos.
Lo que hasta el momento no queda claro es la extensión del entramado que involucra al grupo de jóvenes, algunos de los cuales eran amigos e incluso compartían actividades sociales como salidas, música y concurrencia a pistas de skate; el vínculo entre la mayoría de ellos era evidente a través de las fotografías subidas a redes sociales, mayormente Instagram, donde exponían actividades de ocio y demás.

Municipalidad de Puerto Madryn