Gustavo Servera fue condenado a la pena de prisión perpetua por el femicidio de su expareja Soledad Arrieta y recién dentro de 35 años estará habilitado para solicitar que se analice la posibilidad de acceder a la libertad condicional; ello, debido a que el tribunal que lo juzgó, rechazó por unanimidad todos los planteos de inconstitucionalidad planteados por su defensa, que lo asistió durante el juicio.
De este modo, el tribunal colegiado que presidió el juez penal Martín Cosmaro y se completó con Mariel Suárez y Jorge Novarino, dio a conocer el veredicto de la pena que deberá cumplir Gustavo Servera, condenado como autor penalmente responsable del delito de “homicidio agravado por el vínculo por femicidio”, el cual tiene como única sanción la prisión perpetua.

Pedían el “beneficio de la duda”

La pena máxima fue la que le pidió en su alegato la fiscal general, María Laura Blanco, mientras que las defensoras, Carolina Cruz y Elizabeth Yapura, quienes lo asistieron en el juicio de cesura tras la renuncia del abogado particular Francisco Romero, pidieron que el tribunal declare la inconstitucionalidad de los artículos 13 y 14 del Código Penal y requirieron su absolución por el beneficio de la duda.

Debate institucional y jurídico

A su vez, el tribunal rechazó los planteos de la defensa y destacó que la Corte Suprema de Justicia Nacional ya estableció en fallos que la declaración de inconstitucionalidad de una norma es un acto de suma gravedad institucional. “Los jueces no podemos suplir al legislador, las leyes gozan de una presunción de legitimidad”, señalaron al dar a conocer el veredicto y recordaron que la Ley de Ejecución Penal establece plazos para la salida anticipada, cumpliendo requisitos como el temporal y ello no convierte en degradante, cruel o inhumana la pena a prisión perpetua. Así las penas fijas no colisionan con los mandatos Constitucionales.

Sobre la base de esos argumentos, por unanimidad, el tribunal condenó a Gustavo Servera a la pena de prisión perpetua por haber sido declarado autor penalmente responsable del delito de “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por ser cometido por un hombre contra una mujer, mediando violencia de género”. En igual sentido dispusieron mantener la prisión preventiva que pesa sobre Servera hasta que la sentencia pase en calidad de cosa juzgada.

Brutal femicidio

El delito por el que fue juzgado Gustavo Servera ocurrió durante la madrugada del lunes 5 de febrero de 2018, entre la 1:30 y las 2:02 de la madrugada. Según la Fiscalía, la víctima se encontraba en la vivienda ubicada en la parte posterior del terreno situado en Juan Manuel de Rosas al 3.600, del barrio Abel Amaya.
En ese lapso, según la acusación fiscal, se hizo presente su esposo, Gustavo Alejandro Servera, de quien se encontraba separada y quien residía en la parte delantera del predio.
En ese momento se produjo una agresión física y, utilizando un lazo metálico que le colocó alrededor del cuello de Arrieta, Servera ejerció presión para reducirla. El ataque le produjo a la joven excoriaciones lineales en diversas partes del cuerpo, entre ellas en el tórax del lado derecho, y en el cuello, región latero-posterior, dos equimosis en la parte delantera del cuello.

Una historia violenta

Tras haber casi cumplido su cometido, que era ultimar a su ex pareja, el atacante roció el lugar con un líquido inflamable, provocando un incendio intencional que finalmente le ocasionó la muerte por quemadura de las vías aéreas y de distintas partes del cuerpo a Arrieta.
La fiscal sostuvo que el ataque se produjo como conclusión de una relación signada por violencia de género, en la que Arrieta se encontraba en una situación de subordinación y sometimiento hacia Servera, basada en una relación desigual de poder.
A su vez, trascendió que algunos de los hijos que ambos tenían en común presenciaron el hecho.

Falsa coartada

Cuando la Policía arribó al lugar, Servera dijo que uno o más desconocidos habían ingresado a robar a su domicilio, desligándose de la responsabilidad de lo ocurrido.
Sin embargo, no tardaron demasiado los investigadores en darse cuenta de la falsa coartada esgrimida por el hombre, que fue detenido y permaneció recluido, desde entonces, hasta el juicio en el que finalmente se determinó su culpabilidad y autoría en uno de los femicidios más brutales ocurridos en la ciudad petrolera.