FUE LA ADVERTENCIA DE LÓPEZ A CERRUDO TRAS LA PÉRDIDA DE 4 KILOS DE MARIHUANA

Doble Crimen: “Los de Mendoza” habrían amenazado con matar a una familia


En el marco de la investigación por los homicidios de Federico Lomeña y Héctor Sebastián “Pato” López, nuevas revelaciones surgieron de la causa que tramita en el Juzgado Federal 2 a cargo de Gustavo Lleral.
Entre ellas, las declaraciones de la pareja de López, que empujaron a los investigadores a presumir que su desaparición se encontraba vinculada a la droga, y por otra parte, la confesión de uno de los detenidos que comercializaba estupefacientes con Nicolás Cerrudo: “Les voy a decir la verdad, a Federico Lomeña lo matamos nosotros, el cuerpo está enterrado en Playa Paraná”, declaró uno de los jóvenes que inicialmente cumplía el rol de testigo protegido y, posteriormente, quedó imputado y, ya en el fuero federal, procesado como partícipe de los crímenes.

Primera hipótesis

Mientras que los investigadores realizaban la inspección ocular en el Volkswagen Vento de López, hallado en un predio de El Doradillo, “C. S.”, quien hasta entonces era su pareja, “aportó diversos datos que dieron una primera orientación a la investigación, vinculando el hecho con la venta de estupefacientes”, señala el texto del último fallo emitido por el Juzgado, en el que finalmente sobreseyeron a “El Mendocino” por los crímenes, no así por el delito de tráfico de estupefacientes.
A partir, continúa el documento, “se dispuso el allanamiento en la vivienda de ‘F. V.’, a quien la testigo sindicó como una persona que le proveía marihuana” a López, “quien le había dicho que si le llegaba a pasar algo, buscara allí, así como en los domicilios de la abuela y el padre de Cerrudo, quien habría sido la persona con quien supuestamente se iba a encontrar López al momento de salir de su domicilio”.
La noche que “Pato” desapareció, había dicho que se reuniría con Cerrudo para “buscar un lavarropas”; sin embargo, nunca regresó.

Procedimiento en lo de Lomeña

El 11 de diciembre a las ocho de la noche, la hermana de López “relató que tenían buena relación pero que él era cerrado, que sus amigos eran ‘A. V.’ y Federico Lomeña, a quien no pudieron contactar”, a la vez que agregó que “su hermano consumía ‘faso’ y le dijo que no vendía, que hacía tres meses llegó una notificación a su casa citando a su hermano junto con ‘M. V.’ y Federico Lomeña por una causa relacionada con una balanza, y que él le dijo que no tenía nada que ver, ‘que habían sido los otros’”.
Asimismo, el testo del fallo reza que “fue también en los albores de la investigación que se dispuso que se procure la identificación de Federico Lomeña, quien según las testigos era amigo de López y tenía vinculación con el mismo en la venta de estupefacientes”.
Posteriormente, “se solicitó autorización para realizar un allanamiento en el domicilio de Constituyentes Provinciales al 700, donde el mismo (Lomeña) residía; practicada el mismo día, arrojó como resultado solo secuestro de un contrato de locación a nombre de Federico Lomeña”.

Allanamientos en varios domicilios

El mismo día, la Fiscalía solicitó autorización para realizar allanamientos “a efectos de proceder al secuestro de armas de fuego, teléfonos celulares, prendas con manchas hemáticas, bidones con restos de combustible y todo elemento relacionado con el hecho que se estaba investigando, en los domicilios de la abuela y el padre de Nicolás Cerrudo, persona con la que dijo iba a encontrarse al salir de su casa por última vez, y de ‘F. B.’, respecto de quien ‘C. S.’ (pareja de López) relató que ‘Pato’ le había dicho que si le llegaba a pasar algo, buscara allí”.

Qué hallaron en Berwin al 200

Por otro lado, ante dicha información y ya con la noticia del presunto suicidio de Nicolás Cerrudo, “así como los nuevos hallazgos efectuados en las inmediaciones del lugar donde fue encontrado el vehículo de López”, el 14 de diciembre la Fiscalía pidió que se autorizara un nuevo allanamiento en la vivienda de la calle Berwin al 200, donde vivía la abuela del tercer fallecido en la causa.
Lo que constataron allí fue revelador: “La diligencia se desarrolló el 15 de diciembre a las 00:25 horas y mediante la utilización de reactivos químicos para sangre lavada y un equipo de luz UV, se pudo revelar la existencia de numerosas manchas hemáticas en el inmueble de la abuela de Nicolás Cerrudo. Se constataron rastros de salpicaduras hemáticas en mobiliario, en el suelo, en el interior del baño, en los cuartos y en la cocina, procediéndose a su levantamiento para futuras pericias, así como de filamentos pilosos”.
En la misma línea, “la inspección en el patio de la vivienda arrojó como resultado el secuestro de guantes, un trozo de tela con manchas de iguales características, botellas con resto de combustible, un trozo de hierro, una manguera color azul de iguales características que la hallada en El Doradillo, y se verificó que se había procurado limpiar todo el lugar con el fin de eliminar posibles rastros de lo acontecido”.

Pagaba el “alquiler” vendiendo marihuana

Por otro lado, el día 15 de diciembre, otro testigo de identidad reservada declaró que conocía a Cerrudo desde hacía unos cuatro años: “Lo apodaban ‘Nico’, ‘Máximo’ y ‘Reptil’”, menciona el documento, sumando a ello que el testigo advirtió que Cerrudo “vendía marihuana en ‘chiquitaje’, pero que hacía dos o tres meses que comenzó a vender en mayor cantidad, lo hacía junto a ‘G. C.’ (uno de los detenidos), quien vendía a cambio de que lo dejara vivir en su casa”.
Además, relató “que la última vez que fue a comprar a la casa de la abuela, Nicolás estaba con ‘G.’ y ambos estaban muy asustados; Nicolás le contó que le habían robado 4 kilos de marihuana que había enterrado con ‘N. Z.’ (otro de los detenidos) y ‘F. O.’ en un lote y no tenía como pagarla”.

Ayuda para matar a un “zatran”

A su vez, el testigo protegido “también contó que la semana anterior, ‘Nico’ le había mandado un mensaje pidiendo que lo ayude a matar a su ‘zatran’ (transa), que estaban él y ‘G.’ para hacerlo y que el domingo le escribió a su novia, pidiéndole que le diera cemento (en la casa de sus padres están construyendo); en definitiva, no le dio la bolsa y no tuvo más contacto”.
Sin embargo, continuó la declaración, “un amigo de nombre ‘M. D.’ le contó que Nicolás le había pedido ayuda para matar a alguien y cal, y que le dijo que iba a matar a su ‘zatran’”; indicó que sabe que también le pidió ayuda para asesinar a ‘F. M.’ y ‘L. S.’, a quienes vio en una fiesta de egresados y le contaron”.

El plan

El mismo 15 de diciembre, según se desprende del documento judicial, otro testigo reservado “contó que siempre se encontraba a Nicolás, a quien conocía como ‘Reptil’, que hace un tiempo Nicolás empezó a vender marihuana, que vivía en lo de su abuela con ‘G. C.’, quien era como su mano derecha y también vendía”, a la vez que relató que “el 6 de diciembre, Nicolás le mandó un mensaje pidiéndole cal para enterrar o desaparecer algo, diciéndole que ‘N. Z.’ pasaría a buscarlo, pero él creyó que estaba ‘jodiendo’; también, le pidió un bidón y luego convenció a ‘G.’ de que le fuera a comprar nafta, que lo llevaron junto a ‘J. O.’ a la estación”.

Enterrado bajo un árbol

Por otra parte, ‘G. C.’, quien vivía con Cerrudo, “había sido entrevistado inmediatamente después del suicidio” de este último, y posteriormente, el 17 de diciembre a las 14:30 horas
Prestó declaración en carácter de testigo protegido, modificando su declaración anterior; allí relató que el martes 11 al mediodía fue a la casa de Cerrudo, que estaba terminando de comer un asado, y le preguntó qué había hecho, ya que el día anterior a la 20 horas le había dicho que iba a matar a ‘Bastian’, refiriéndose a López”.
Además, “G. C.” comentó que “Nicolás le contó que habían matado a Bastian y que el cuerpo estaba debajo de un árbol, cerca de una laguna seca, que lo enterraron con una bolsa de cal y una de cemento”.

“Los de Mendoza”

También, el testigo protegido y luego procesado “indicó que le contó que ‘G. D. C.’ (otro detenido) lo había ahorcado y que ‘el Papota’ le había ‘metido un fierrazo’, que ese fierro con el que le hizo un tajo en la frente estaba en el patio de la casa”, agregando que “una vez muerto, lo enredaron con una manguera que sacaron de la casa de la abuela, lo envolvieron en una frazada marrón o naranja y lo metieron en el auto de Bastian; que el
que manejó el auto fue ‘B.’ y en el auto iba ‘A.’ (alias ‘Papota’), ‘G. D. C.’ y Nicolás (Cerrudo), quienes llevaron el cuerpo a El Doradillo, donde lo enterraron”.
De la declaración también se desprendió, según mencionó el testigo, “que Nicolás le dijo que tiraron las mantas como a 800 metros del lugar y se volvieron caminado, que a ‘G. D. C.’ le salieron ampollas de tanto caminar, y relató que lo saludó a Nicolás, le dijo que se cuidara y después de eso no lo vio más; que cree que lo mató para proteger a la familia, porque Bastian le había dicho que si no entregaba la plata y llegaban ‘los de Mendoza’ lo iban a matar a él y a su familia”.

“Lo matamos nosotros”

Ese mismo 17 de diciembre, cerca de las diez de la noche, “en oportunidad en que funcionarios policiales trasladaban a ‘G. C.’ a su domicilio, luego de la entrevista bajo la modalidad de reserva de identidad, le pusieron en conocimiento un nuevo indicio vinculado a la investigación, consistente en la filmación producida el día 6 de diciembre fuera del domicilio de calle Berwin al 200 (vivienda de la abuela de Cerrudo) y le preguntaron si conocía a Federico Lomeña, a lo que Carrizo de manera espontánea refirió ‘les voy a decir la verdad, a Federico Lomeña lo matamos nosotros, el cuerpo está enterrado en Playa Paraná’”.
Inmediatamente, “lo invitaron a guardar silencio poniendo en su conocimiento las prescripciones procesales vinculadas con la libertad de declarar y la garantía contra la autoincriminación; del mismo modo se puso en conocimiento de lo ocurrido al Ministerio Público Fiscal y al defensor oficial en turno”.


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