Por Trivia Demir

¿De dónde va a salir? Esa es la cuestión. Mientras en la vereda de casa estamos mirando cuantos escalones más nos ponen en el día a día, y la mayoría apela al 27 de octubre o al 10 de diciembre como si fueran las fechas profetizadas por algún Nostradamus para que se produzca el milagro del financiamiento provincial, muy pocos ensayan una hipótesis de cómo piensa financiarse Chubut gane quien gane las Generales. Más allá de eso, por esos tics institucionales que exigen las formas, ayer el gabinete en pleno comenzó a labrar sus pretensiones sobre el Presupuesto 2020. Es como si en su casa, el lector está por ser desalojado, no tiene laburo, está tapado de deudas, y se le ocurre reunir a la familia para que debatan a donde ir de vacaciones de verano. Bueno, algo así está sucediendo con el ´simulador de maniobras´ que la gestión de Mariano Arcioni puso a funcionar, tal vez para terminar reconduciendo aspiraciones presupuestarias como suele venir sucediendo los últimos años, pero aunque sea para levantar la moral y atenuar la catarsis de sus propios ministros.
Sin embargo, lo que debería estar funcionando a full es lo que deparan las negociaciones macro, que son definitorias, y en ese marco ir observando atentamente las posibilidades reales que tendrá el gobierno nacional de asistir a las Provincias, gobierne el sello que gobierne, y si es así, de dónde sacará la guita y que implicará eso incluso para los recursos naturales que deberá resignar cada territorio.
Para ello, no hay que ser demasiado experto en política internacional como para desconocer que el ´gobierno financiero global´ será el que marque el paso, con el Tío Sam a la cabeza batuta en mano, cuyo ritmo ya está anticipando.

Nada de palitos chinos

Washington apoyaría la renegociación de la deuda argentina en una eventual administración de Alberto Fernández, pero no quiere que China amplíe su presencia sobre «áreas estratégicas». Los principales subsecretarios que manejan las cuestiones hemisféricas del Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro le planearon a Sergio Massa durante su gira a EEUU, su preocupación por las posibles inversiones de Beijing en sectores que consideran de «seguridad nacional», como las telecomunicaciones y la infraestructura energética. Dicen que Massa les respondió que Alberto tiene muy claro que la relación con los Estados Unidos será de mucha colaboración y confianza, pero que no pretende tomar partido en el conflicto de la Guerra Comercial.
Se trata de un asunto muy sensible que incluso a Macri le trajo serios dolores de cabeza, al no saber cómo mediar entre los intereses de ambas potencias. A pesar de estar claramente alineado a Washington, el actual presidente sufrió numerosos desplantes -por ejemplo en el G20- por el hecho de no aceptar todos los pedidos norteamericanos como el desmantelamiento de la base espacial de Neuquén. De hecho, muchos sostienen que fue el motivo por el cual muchos fondos de inversión decidieron salir del país.
Según los analistas finos, el peronismo pretendía jugar la carta China para obtener mejores condiciones en el nuevo acuerdo con el FMI, pero también se trataba de una posibilidad real de importantes inversiones para hacerse de dólares frescos en el comienzo del mandato. Más allá de la amenaza de solicitar un paquete de financiamiento a Beijing que no parece del todo viable, sí hubo ofertas concretas para reflotar las dos centrales nucleares, la mega represa hidroeléctrica Corpus en Misiones y una activa participación en Vaca Muerta.
El pedido de Trump rememora la reestructuración del gobierno de Néstor Kirchner, cuando George Bush le solicitó una fuerte condena a la República Islámica de Irán en la ONU por el atentado a la AMIA, algo a lo que el ex presidente argentino accedió. Y habiendo estado a cargo de la gestión y de traer este mansaje Sergio Massa, el ´mediador del medio´, es casi seguro que sea parte de los aflojes que deberá hacer el fernandismo-kirchnerismo con la Casa Blanca por lo menos en la previa.

Pague y después pida

El segundo dato importante es como se está parando el FMI después de la negativa al desembolso que debía hacer en septiembre, que fue todo un gesto negativo para la administración de Cambiemos. En ese sentido, dicen que el representante del FMI en Argentina, Trevor Alleyne, está usando profusamente el término «pago front load» para graficar que sólo habrá dinero para ´la criollada´ si ven reformas concretas. En esa línea cuentan que “apenas fue designada al frente del Fondo, Kristalina Georgieva pidió que la pusieran al detalle del acuerdo vigente con la Argentina. La economista búlgara ya tuvo su primer acercamiento durante su reciente encuentro protocolar con el ministro Hernán Lacunza. Pero sabe que la relación con su principal acreedor -la Argentina- concentra nada menos que 60% de los préstamos que tiene asignados el FMI; un total de u$s44.100 millones, entrará en una nueva dinámica a partir de la asunción del próximo gobierno”.
Georgieva, una dirigente con carrera en los organismos multilaterales, está al tanto de que la historia suele ser dura con quienes desde el Fondo Monetario encaran procesos que llegan precedidos de rotundos fracasos. “El último fue Dominique Strauss-Kahn, doblemente castigado: por la crisis en Grecia que él atendió con un singular ajuste en 2010; y porque luego Strauss-Kahn quedó postergado por las denuncias en su contra por integrar una red de prostitución. Y, mientras la flamante directora del FMI analiza el caso antes de plantear explícitamente su opinión, ya se empiezan a detectar señales indirectas en el sentido de que el organismo prevé una etapa más dura en su relación con Argentina. En Buenos Aires, el jamaiquino Trevor Alleyne maneja la oficina que el Fondo abrió hacia finales del año pasado. El economista, con dos décadas y media trabajando cerca del directorio del organismo, no deja lugar para las dudas: ´Si el próximo gobierno quiere una refinanciación de los vencimientos tendrá que poner en marcha un programa de reformas a paso acelerado´”, afirma el columnista Claudio Zlotnik.

Las tres condiciones

Pero volviendo al hombre del Fondo que usa el término «front load», dicen que se trata de una expresión muy utilizada en el mundo de las finanzas para expresar que los pagos o cargos deben realizarse de antemano o bien al principio de un crédito, por ejemplo. Y según la visión del Fondo, la Argentina se encuentra en esa situación de ´descredito´, pero se podría decir que atada a los créditos.
«El país necesita el sello del FMI para renegociar bien con los dueños de los bonos», analiza Trevor en diálogo con economistas. En general, relata el hombre del Fondo, esos inversores también creen que la Argentina necesitará ir de la mano del FMI para encarar una reestructuración amigable.
Y para eso, «No alcanzan con las señales o las promesas. Como el país necesita dólares sobre la mesa, entonces deben preparar un programa con reformas a aplicarse de manera acelerada», asevera Trevor. El delegado confirma lo que ya se sabe, que en la agenda de Washington existen tres demandas básicas, que la Argentina debería cumplir si busca una reprogramación de los vencimientos del colosal crédito: Pasar de un rojo de las cuentas públicas a un superávit primario ya en el año 2020, lograr la aprobación en el Congreso de una reforma previsional que alivie la carga fiscal del país, y concretar la ley de reforma laboral.
En tanto, si Macri pudiera tener la voluntad de realizar todos estos pedidos, primero deberá garantizar su reelección y luego la gobernabilidad antes de pensar en tales medidas. Mientras que la agenda de Fernández, el candidato ´acompañante´ de una referente que el organismo prefiere ni recordar, va a contramano casi absoluto de estos requisitos según los propios economistas que lo asesoran. Habrá que ver…

Fuentes: LPO, IProfesional, NA, propias