Por Juana de Arco*

Está dicho que gran parte del problema nacional como provincial proviene actualmente de la política, y sobre todo de conducciones que reniegan del poder como elemento de mediación. De allí que los pasos que se van dando en ese sentido generen tanta expectativa a nivel nacional, donde hay un recambio ideológico evidente; y tan poca a nivel provincial, donde habrá una continuidad de una receta que no viene conformando para nada a los gobernados. A esta altura del partido, está claro que pese a que las elecciones anticipadas mostraron fichas a favor de una fórmula que contiene al actual gobernador, mucho de ese entusiasmo que alcanzó para ganar, se soportó en el armado que se promovía en ese entonces, pero que ya se sospecha como una estrategia utilitaria personal, para no volver a pronunciar la palabra ´mentira´.
La proclamación de autoridades electas reflejó ayer algo de esto, que se viene evidenciando en el aire provincial: la relación entre el gobernador Mariano Arcioni y el vicegobernador Ricardo Sastre no está bien, y nada indica que iniciada la gestión de gobierno algo cambie. Sobre todo cuando comiencen las complicaciones propias que concentra la ejecución del poder político y además en el marco de una crisis que lejos de superarse a partir de diciembre se podría agudizar por los vencimientos en puerta y la sobrecarga de aguinaldos que llegan cada fin de año.
Ayer el acto fue emotivo por el significado que tiene para Sastre ser el primer madrynense en alcanzar el Ejecutivo Provincial desde una carrera política absolutamente genuina, labrada en el esfuerzo propio y en un carisma particular que le fue abriendo las puertas de lo público. Para Arcioni sin embargo, la política no le está trayendo demasiadas satisfacciones personales. Sobre todo por el complejísimo escenario financiero en que debió asumir donde la mayoría de las medidas que adoptó la gestión no resultan particularmente populares ni simpáticas. Pero también porque el escribano atesora por sobre todas las cosas su vida privada y no soporta la exposición que provoca haberse convertido en un hombre público, examinado permanentemente no solo mediáticamente sino por la vecindad.
Por eso, ese mismo acto que para uno fue un día de arribo a Fontana 50, para el otro fue una continuidad de ´ausencia con aviso´ y ocasionó que estuviera cargado de tensión para la fórmula triunfante en junio pasado, pero que desde hace meses atraviesa enormes diferencias sustanciales.

Comidilla y contexto

Como detalle casi anecdótico se sostenía en pasillos que incluso Mariano y Ricardo no se estaban hablando. El acto, que se anunció primero en dependencias del Tribunal de Cuentas, se pasó de boca en boca al Salón de los Constituyentes en Casa de Gobierno con ingreso de un número bien acotado de invitados especiales, presumiblemente por cuestión de mayor espacio, pero también se habría tratado de un mecanismo para despistar a los docentes y manifestantes que se podrían apersonar al acto. En ese marco, el evento comenzó casi una hora tarde porque Arcioni y Sastre estaban reunidos en privado. Si bien los detalles de ese encuentro no trascendieron, sí se supo que tuvo que ver con las diferencias de enfoque de los problemas de coyuntura que el actual gobierno se empecina en abordar con una rigidez tan excesiva, que termina rompiendo todas y cada una de las mesas de diálogo que se han servido. El otro tema es el extremo celo e individualismo con el que Arcioni interpreta su rol de ´mando´, frente al cual considera el protagonismo de Sastre como desafiante e inmanejable.
Así las cosas, la entrega de diplomas fue una postal de desencuentros y posiblemente un anticipo de la compleja convivencia que enfrentarán los tres poderes del Estado chubutense los próximos cuatro años. Con el Ejecutivo ya partido en el arranque, el Legislativo con una cámara se podría decir que cien por ciento peronista a excepción de los ´tres mosqueteros de Cambiemos´, de la cual 16 diputados responden al partido gobernante pero doce de ellos en realidad reportan a sindicatos y sobre todo los dos intendentes fuertes que facilitaron el triunfo en sus ciudades, que son Maderna y Sastre; y un Judicial con fuertes diferencias con el escalonamiento arcionista y tres vacantes a completar que resultarán otro punto posiblemente de discordia política.

Fórmula rara

El motivo de las desavenencias tiene varias aristas, pero se podría decir que la principal es la diferencia entre ambos mandatarios a nivel de idiosincrasia, experiencia militante, gestión política, trayectoria en cargos electivos, carácter y personalidad.
Mientras Ricardo Sastre lleva más de 12 años de gestión como funcionario, tanto en el Legislativo, (ya que fue diputado provincial entre 2007 y 2011) como en el Ejecutivo, (siendo intendente de Madryn de 2011 a 2019), Mariano Arcioni está culminando sus primeros cuatro años políticos (dos en el Legislativo como vicegobernador y dos en el Ejecutivo ocupando el cargo que dejó vacante Das Neves al morir). Esto que parece una mera cuestión de tiempos y roles, es sin embargo fundamental para entender lo que le pasa a uno y otro con la política.
Mientras el madrynense arrancó su popularidad de la mano del deporte, y milita desde hace más de veinte años dentro del peronismo, abrevando incluso del núcleo duro dasnevista hasta perfilar su propio espacio de poder con la convicción y vocación de alcanzar el máximo cargo provincial, el profesional comodorense accedió a la fórmula con Das Neves a partir de vínculos particulares con Sergio Massa y el empresariado sureño, y terminó alcanzando el sillón de Fontana 50 a partir del fallecimiento de su excompañero. De allí su dificultosa construcción política con escasa vocación, como así también la incapacidad de comprender cosas tan elementales como la necesidad de legitimar permanentemente el poder que confiere el pueblo en las urnas, a través de la búsqueda de consensos donde prevalezca el bien común.

La historia se repite

Si bien todas estas características y particularidades de la fórmula ganadora de Chubut al Frente se suponía que representaba una fortaleza labrada en la diversidad, ahora en la práctica y entendida como una batalla de doblegamientos y personalismos, la disonancia de la dupla resulta preocupante para todos.
Y si hasta ahora nunca admitieron en público las diferencias, está dicho que Arcioni buscará relegar a Sastre al Legislativo, bien lejos del despacho mayor de Fontana 50. Y además le exigirá disciplinamiento de una Legislatura extremadamente variopinta y de escasa experiencia. Una experiencia que resulta casi un calco de lo que hizo el exgobernador también comodorense, Martín Buzzi que asumió de la mano de Das Neves, pero lo terminó traicionando, llegó a ser gobernador por el sello dasnevista pero se pasó a las filas contrarias kirchneristas y relegó a su vicegobernador Gustavo Mac Karthy fuera del espacio de poder, desatando en alguna oportunidad una interna feroz con denuncias incluidas.
Arcioni asumió tras la muerte de Das Neves, pero desterró inmediatamente a sus propios y hasta borró de la memoria institucional el recordatorio al líder, le coptó el partido para reelegir, y se alió inmediatamente al sello opositor fernandista-kirchnerista y ahora confronta también con su vice. La diferencia que se visualiza en esta historia repetida, es que la primera como dice el refrán puede haberse vivenciado como sátira, pero ya ésta se está sintiendo como tragedia, sobre todo en el marco de la complejísima situación que afronta Chubut y para ciudadanos hartos de padecer los ensayos de la política.

Lo que viene

Por ahora la puja será por la conformación del Gabinete y por las vacantes judiciales. Pero estas construcciones no pueden ir de ninguna manera separadas de la base que ya existe y que tiene que ver con los diputados proclamados ayer. En esa arena de circo se luchará la batalla de la consolidación del poder real, que es el que piensa en perspectiva.
En los hechos, Arcioni labró una alianza con el PJ nacional, pero no territorial. Y para la militancia, el escribano puso los dedos en V por primera vez en abril pasado para el cierre de campaña de elecciones anticipadas, lo que representa un peronismo de dudosa procedencia.
Políticamente hablando se supone que excepto que el gobernador piense replegarse otra vez a la actividad privada, deberá pensar como seguirá su carrera, porque ya no tiene posibilidades de repetir en el Ejecutivo tras sus dos mandatos. En ese marco lo más sensato sería enfilar para el Senado en dos años más o en seis años más, y para cualquiera de las dos cosas necesitará consenso partidario y votos provinciales, de allí la importancia de mantener la alianza electoral intacta con su vice. Mientras Sastre, que riega expectativas concretas de suceder a Arcioni en 2023 está dicho que no se sentará a esperar ni la autorización ni los berrinches con fecha de caducidad de su compañero, ni la discrecional medida del peronómetro que maneja la mesa chica partidaria a la que ya le marcó la cancha el propio Gioja días pasados. Si el mellizo que es el gran elector junto a Maderna y que cuentan ya con el aval de gremios poderosos como Petroleros y Luz y Fuerza, termina cansándose de Arcioni y negocia un poco más para seguir sumando a otra buena parte del PJ, lo que vendrá será la verdadera oposición y un recambio político y generacional que marcará la historia por venir. De allí que el acto de ayer, no fuera solo una mera proclamación institucional, sino el principio del fin de muchas cosas. Como decía el general Perón que fue liceísta, pero se reconvirtió a tiempo: “Jamás en la conducción política hay que obligar a nadie, hay que persuadir a todo el que se pueda”.

*Soy Juana de Arco, …y ceniza de tantos