Los detalles de la composición de deuda pública de Argentina en el tramo final de de 2019 permiten sacar algunas conclusiones acerca del desafío que tendrá que afrontar el futuro gobierno de Alberto Fernández por el peso de estos pasivos, cuando la actividad económica sigue en baja. Por una parte, el stock de deuda pública lleva ya dos años estabilizado en un umbral superior a los USD 300.000 millones, en parte debido a la restricción que tiene la Argentina para acceder al financiamiento externo después del colapso del peso en 2018 y 2019, período en el que la moneda doméstica perdió dos terceras partes de su valor.
En el tercer trimestre de 2019 la deuda pública bruta alcanzó los USD 311.251 millones, al contabilizar pasivos contraídos con el sector privado, organismos multilaterales y agencias del sector público. La Secretaría de Finanzas divulgó además el dato parcial de la deuda bruta a octubre, con escasas variantes y un stock de USD 310.479 millones. Si se suman los USD 12.786,8 millones de los cupones atados al PBI, la deuda bruta asciende a unos 324.000 millones de dólares. Este monto es comparable a los USD 305.708,2 millones de deuda bruta registrada en el tercer trimestre de 2017, cuando la economía todavía crecía, había acceso al crédito y no se había cursado ningún auxilio financiero del FMI. Si se le suman los valores negociables vinculados al PBI, el total de los pasivos sumó entonces 319.423 millones de dólares. En los cuatro años de gobierno de Cambiemos, la deuda pública bruta (excluido el cupón PBI) creció 29,3% o USD 70.586 millones, desde los USD 240.665 millones (52,6% del PBI) del cuarto trimestre de 2015. La dificultad para encarar los pagos de capital e intereses de la deuda en los próximos años no pasa tanto por el monto, sino porque la ponderación de la deuda emitida en moneda extranjera es la más alta desde el default.

Fuente: Infobae