Con misas paralelas en Santiago de Chile y la ciudad sureña de Punta Arenas, la Fuerza Aérea chilena despidió ayer a los 38 fallecidos del accidente de un avión militar con destino a la Antártida. Las misas ofrecidas en la Base Aérea de Cerrillos en Santiago y Chabunco en Punta Arenas -3.000 kilómetros al sur de la capital- fueron privadas para los familiares de las víctimas.
La institución dijo en su cuenta de Twitter que buscaba acompañar «espiritualmente, en estos momentos de gran dolor» a los parientes de los fallecidos. El gobierno chileno decretó duelo nacional el sábado y domingo, por lo que todas las banderas de edificios públicos ondeaban a media asta.
La Fuerza Aérea informó que puso a disposición de los familiares un amplio equipo de psicólogos, psiquiatras, médicos, enfermeros, asistentes sociales y abogados.
Muchos de los familiares de las víctimas se desplazaron a Punta Arenas en los últimos días para participar en los procesos de identificación de los restos encontrados mediante pruebas de ADN, que realiza el Servicio Médico Legal de la ciudad.
Hasta esa ciudad sureña se trasladaron los restos, mientras que los de la nave fueron llevados a la base aérea de Chabunco, en donde serán analizados como parte de las investigaciones para determinar las causas del fatal accidente.
La aeronave se accidentó el domingo pasado en su trayecto de Punta Arenas a la base aérea Eduardo Frei en la Antártida el domingo. Los restos del Hércules C-130, uno de los aviones considerados más seguros en el mundo y que transportaba 17 tripulantes y 21 pasajeros -incluidos tres civiles- fueron encontrados dos días después tras una búsqueda en el área conocida como Pasaje de Drake, una de las más peligrosas del mundo para sobrevolar o navegar.