Antes de cerrar el año, la Asociación Federal de Editores de la República Argentina (AFERA) reapareció con los nuevos aires progresistas, luego de cuatro largos años de ostracismo de una estructura que prefirió llamarse a silencio durante el gobierno de Cambiemos. Fue a partir del segundo encuentro #Argentina2020 organizado por el diario BAE Negocios, en el hotel Faena, donde se debatió sobre la comunicación de gobierno y la relación con la prensa.
En el panel expusieron Gabriel Enríquez, director de Gestión de Comunicación Pública de la Nación; Rabajo Raúl Timerman, director de la consultora Grupo de Opinión Pública, y Paula Fernández, directora de Comunicación Estratégica de ANSES.
Para Enríquez, un técnico que está en el área desde 2009, “los medios forman, informan y sensibilizan”. También analizó el avance de las nuevas tecnologías. “El paradigma de la comunicación está cambiando, ya sea por la tecnología que obliga a estar en constantes cambios que generan crisis, pero a su vez produce nuevas oportunidades, por lo que el papel del Estado sería acompañarlas”. En relación a la pauta de la publicidad oficial, dijo que “hay muchísimas cosas que corregir”.
Para Paula Fernández, “la pauta dejó de ser discrecional para ser técnica. No solo este Gobierno se fascinó con las redes sociales sino que, tal vez, hubo una sobreestimación sobre las redes reemplazando a los medios tradicionales. Ahí hubo un error que después se recalculó”.
Según el consultor Timerman, “debería haber una distribución de pauta con criterio no arbitrario. Un medio para sobrevivir necesita dos cosas: información y pauta. Si no tiene información, va perdiendo lectores, y si no tiene pauta, no puede pagar los sueldos a fin de mes. El tema es que cuando la situación económica no es buena la pauta privada desaparece y el Estado ahí deberá decidir si quiere mantener a los medios o no”.
AFERA, además, realizó la tradicional reunión de sus asociados, con la participación de propietarios y ejecutivos de algunos medios y se prepara para reactivar la mesa directiva con nuevas autoridades aún no definidas.

La mercantilización y el silencio inoportuno

La reaparición de una asociación donde los diarios del interior pusieron muchas expectativas y participación durante varios años, dejó abiertos interrogantes insoslayables, como el inoportuno ´silencio´ en el que entró la entidad posiblemente en el momento más complejo de los últimos diez años para las empresas editoriales. Para analizar algunos datos, se puede decir que sólo en menos de dos años del gobierno liberal se multiplicaron el cierre de medios y los periodistas despedidos. Para las Pymes del interior del país, la lucha por la supervivencia fue ardua y dispar, y muy pocas lograron sostener sus condiciones, proyectos y perspectivas. Desde la llegada de Cambiemos al poder fueron cada vez menos los medios de comunicación disponibles y más los trabajadores de prensa en la calle. Uno de los ruidosos ejemplos de la debacle fue el cierre de la agencia de noticias DyN donde quedó claro la pésima situación del sector mostrando el generalizado y sombrío panorama de ajuste que se evidenció en el rubro. La grave crisis económica y laboral que quedó en el país tras otro ensayo liberal dejó de ser noticia. Prácticamente todos los sectores se vieron golpeados, pero particularmente una las actividades que no escapó a esa realidad fue la de los medios de comunicación, sin la intervención oportuna ni siquiera la solidarización esperada de entidades representantes.

Sobran ejemplos

Desde la llegada de la alianza Cambiemos al poder, tal como se fue reportando en diferentes períodos de estos largos años, fueron varios los medios nacionales que se vieron en dificultades y miles los comunicadores que se quedaron en la calle por culpa de la desidia empresarial y del propio Estado, que por decisión política optó por no intervenir y salvaguardar los puestos de trabajo. Según datos del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba), sólo en 2016, un total de 1285 trabajadores quedaron afuera de la empresa en la que se desempeñaban. Algunos pudieron subsistir con mucho esfuerzo, otros quedaron a la deriva, mientras que en varios casos el panorama es poco alentador y la incertidumbre entre los empleados reina el día a día.

Más de 100 trabajadorxs en la calle

Ese año se bisagra se calcula que la cantidad se duplicó. El más reciente (y emblemático) caso es el del fin de la histórica agencia DyN donde comenzaron los rumores de que sus principales accionistas –Grupo Clarín, La Nación, el diario Río Negro y La Gaceta de Tucumán– querían cerrarla bajo el argumento de que “no era rentable”. Algo por lo menos llamativo, ya que la agencia mantenía el número de clientes y sus cables seguían posicionados como una de las fuentes más importantes de los principales medios del país. Con el correr de los días, lo que empezó siendo rumor terminó finalmente convirtiéndose en realidad.
La situación de Radio Rivadavia AM630 también fue preocupante y se remonta a varios años atrás. La familia Cetrá manejó la emisora durante años, pero se encargó literalmente de vaciarla luego de haber recibido en el gobierno de Cristina Kirchner sólo entre 2009 y 2013 más de 28 millones de pesos. Después de eso, los hermanos Guillermo y Fernando Whpei, dueños de la AM y FM de la emisora LT3 de Rosario y del diario “El Cordillerano” de Bariloche, se hicieron en más del 70 por ciento de las acciones de la radio. A pesar de que las nuevas autoridades quisieron llevar tranquilidad a los trabajadores de la emisora, apenas llegaron empezaron con un fuerte plan de ajuste, que incluyó varios despidos. Con una lavada de imagen y la contratación de varias figuras, Rivadavia siguió funcionando a pesar de que internamente las condiciones seguían siendo precarias. Tiempo después, el juez nacional en lo comercial Horacio Francisco Robledo declaró la quiebra de Radio Emisora Cultural S.A., propietaria de la emisora, por una deuda por $1,7 millones que mantiene con la Sociedad Argentina de Autores, Intérpretes y Compositores (Sadaic). Ante esto, los trabajadores se declararon en estado de alerta y asamblea permanente.

El vaciamiento de Szpolsky y Garfunkel

Durante los años kirchneristas, los empresarios Sergio Szpolsky y Matías Garfunkel -dueños del Grupo 23- se convirtieron en el as de espadas mediático del gobierno de turno para hacerle frente al inagotable poder de su enemigo público número uno: el Grupo Clarín. La administración de Cristina Kirchner destinó millones de pesos en pauta publicitaria para sus distintos medios, tanto gráficos, radiales como televisivos. Por mucho tiempo, el Grupo Veintitrés fue fuente laboral de cientos de periodistas y a pesar de no tener el éxito en audiencia de sus principales competidores, gracias al dinero que le daba el Ejecutivo, pudo subsistir.
Pero con la derrota electoral de 2015 a manos de Macri, la debacle en el multimedios K fue inevitable. Con el fin de la entrada del dinero del Estado, sus dueños literalmente desaparecieron y dejaron casi en la nada a cientos de trabajadores. Algunos de sus medios estuvieron a punto de desaparecer.
El diario Tiempo Argentino y el portal Infonews.com pasaron a estar bajo el control de sus empleados. A más de un año del comienzo de la cooperativa y sin ninguna ayuda del Estado, ambos medios funcionan de manera exitosa y reflejan como pocos lo que el macrismo no quiso difundir. Básicamente, hacen periodismo.
En el caso de Radio América, la suerte no fue la misma. Por falta de dinero, la emisora finalmente se apagó. Una voz menos. El canal de noticias CN23 cambió de dueño. Ante la crisis económica y la falta de pauta, pasó en febrero de 2016 de manos del ya extinto Grupo Veintitrés al Grupo Indalo, cuyos máximos accionistas son los empresarios kirchneristas Cristóbal López y Fabián de Sousa. Algo que no significó ni una mejora ni la salvación de la emisora, pues con el correr de los meses despidieron a cientos de sus empleados hasta que finalmente se convirtió en un canal de latas. Todo para abaratar los costos.

Los anti-M, los más afectados

El Grupo Indalo le compró en 2012 todas las radios (Pop, Vale, Mega, TKM, Radio 10) y el canal de noticias C5N al empresario Daniel Hadad. Durante todo este tiempo, el multimedios del zar del juego se convirtió en el segundo más importante del país. Compitió mano a mano con el Grupo Clarín y desde su posición de “opositor” supo cosechar mucho éxito. Sin embargo, la situación se tornó -aducen sus accionistas- insostenible. Comenzó el retraso en el pago de los sueldos y algunos despidos. La mala situación del resto de las empresas de López empezó a repercutir en sus medios. El empresario dejó de aportar fondos para sostener las operaciones diarias de sus compañías y apeló a los salarios escalonados varias veces. Los problemas surgieron presuntamente a partir de la deuda con la AFIP, que ascendía a más 8000 millones de dólares por el que finalmente purgó prisión sin condena. El argumento fue que el dinero que evadió fue usado por Indalo para comprar otras empresas y crear un conglomerado con 170 compañías y cerca de 17.000 empleados. Los problemas se hicieron notar en las señales de televisión por cable C5N y CN23 (ex Szpolski y Garfunkel); en las emisoras de AM y FM y en los medios gráficos como el diario Ámbito Financiero, con el cierre incluso del emblemático diario Buenos Aires Herald por “problemas económicos”. Entre ambos grupos mediáticos K (Veintitrés e Indalo) cerraron varios medios. Entre los mencionados, se cuentan Miradas al Sur, Revista 23 y el Diario El Argentino, entre otros. A estos hay que sumar otros de distinto dueño como La Mañana de Córdoba (en 2016), uno de los rotativos más importantes de esa provincia.

Golpe a la prensa

En Radio del Plata y en Página/12 también tuvieron problemas graves para sostenerse y Editorial Atlántida-Televisa, una de las editoriales más importantes del país, despidió también en estos dos años a casi 60 trabajadores. La empresa cerró las redacciones locales de sus revistas Cosmopolitan, Vanidades, Harper’s Bazaar, Ser Padres, Runners y Muy Interesante.
Lo anecdótico fue que en la era Cambiemos, ni los más grandes salieron ilesos. Medios como Clarín, La Nación, Infobae o Perfil llevaron adelante despidos y debieron afrontar adaptaciones serias. A pesar de ser exitosos y recibir millones de pauta publicitaria, el proceso de ajuste no se hizo esperar. En algunos de ellos se abrió una instancia de retiros voluntarios y en otros se optó por contratos a corto plazo.
En Clarín, por ejemplo, durante 2016 hubo 280 retiros voluntarios. En Perfil hubo algunos despidos y el pago escalonado de sueldos. En el diario de los Mitre hubo 14 trabajadores echados y 12 retiros voluntarios, mientras que en Infobae despidieron a cinco, según el Sipreba. La mercantilización privilegiada con pauta oficial en apoyo a los medios a través de criterios cuantitativos y no cualitativos, dejando de lado la necesaria pluralidad de voces y espacios federales, y sobre todo la desnaturalización de la prensa escrita en detrimento de otro tipo de soportes, fueron claves para ampliar la desinformación pública, fomentando la banalización de la producción periodística parangoneada con los chismes de redes y bastardeada por las fakes news, y sobre todo reconcentrando el poder de emitir en manos de unos pocos. Todos temas pendientes para las organizaciones que vuelven a asomar cabeza. Habrá que ver…

Fuentes: El Diario de la Pampa, Sipreba, NA, propios