Investigadores de Bahía Blanca, Córdoba y Mendoza lograron describir sofisticados mecanismos a través de los cuales una araña que vive bajo rocas en áreas montañosas en la región central de Argentina desencadena el cortejo masculino para iniciar la reproducción.
El arácnido, cuyo nombre científico es Acanthogonatus centralis, es pariente cercano de las tarántulas, mide poco más de 1 cm y construye pequeñas cuevas en la tierra continuadas por tubos de seda. Su alimentación se basa en otros artrópodos como larvas varias, hormigas, cucarachas y otras arañas, incluyendo a las de su misma especie.

Comunicación al contacto

“Se las suelen considerar como arañas poco complejas, pero estudios como el nuestro demuestran lo contrario”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir la primera autora, la doctora en biología María Sofía Copperi, del Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR), con sede en Bahía Blanca.
Antes se pensaba que los machos de la especie reaccionaban y empezaban su ritual de apareamiento después de percibir las sustancias químicas o feromonas volátiles de las telarañas construidas por las hembras. Sin embargo, “comprobamos que el cortejo se dispara cuando los machos tocan las telas de las hembras, es decir, cuando sienten por contacto directo las señales que ellas dejan en la seda”, afirmó Copperi, quien también se desempeña como becaria posdoctoral del CONICET en el Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas (IADIZA), en Mendoza.
Las señales presentes en la seda son feromonas, compuestos químicos que trasmiten información tanto volátil como de contacto. Las feromonas sexuales son comunes en las arañas, pero los estudios se han enfocado principalmente en el grupo de las araneomorfas. Por el contrario, el estudio de los científicos argentinos se realizó en otro grupo conocido como migalomorfas.

Resultados

La nueva investigación, descrita en “Behavioural Processes”, también reveló que los machos aumentaron su esfuerzo de cortejo en hembras que no habían copulado con un macho anterior. “Es decir, los machos prefirieron insistir y gastar más tiempo y energía en hembras con las que tenían más chances de dejar la mayor descendencia”, explicó Copperi.
Cuando una hembra copuló con otro macho, sus espermas compiten por los óvulos y tienen menos probabilidad de fertilizar a gran parte del conjunto de huevos. “Que los machos se inclinen por hembras que no copularon previamente no significa que no cortejen ante una hembra no virgen”, puntualizó la científica, quien realizó el trabajo bajo la dirección de Alfredo Peretti, del Instituto de Diversidad y Ecología Animal que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba.
Del estudio también participó Nelson Ferretti en el INBIOSUR, que depende de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y del CONICET. (Fuente: Agencia CyTA-Fundación Leloir)