Por Juana de Arco*

Desde hace más de dos años y tres meses en Chubut el gobierno no tiene prácticamente otra agenda que el pago de los salarios estatales. Y pese a todo, terminará pagando febrero en abril. Excepto los agentes de salud cuyos sueldos estarían depositados entre hoy y mañana, dijo el gobernador. El resto deberá esperar el ATN e ir a la cola con dos meses de atraso.
Apenas una reseña de malaria permanente. Ni perspectivas de desarrollo económico, ni social, ni cultural ni aunque sea mini actos demagógicos, como nos tenían acostumbrados otros mandatarios. Mitines que para el ciudadano de a pie parecían nimiedades, pero para la construcción de la cohesión política provinciana permitían marquesina, encuadre de sujetos y mínima bajada de línea.

Rituales de domingo

A Mario Das Neves por ejemplo no se le caía ningún anillo por inaugurar tres o cuatro casas por domingo cuando la situación económica no permitía grandezas. Pero con eso sorteaba la alegría de vecinos que veían en la gestión una tómbola aceleradora a las ilusiones inconclusas de toda una vida. El mensaje para la ciudadanía era ´confía en mí, que algún día te tocará a vos´, mientras que a la par le pisaba el territorio a cada intendente, los exponía a dar la cara públicamente, los disciplinaba desde el atril si era necesario, se enteraba de la situaciones en primera persona en cada ciudad sin los intermediarios y las distorsiones de palacio que suelen suceder en Fontana 50, y hasta subsanaba enconos con promesas labradas en diez minutos compartidos en ruta. Para la prensa con pauta, esos miniactos de domingo eran una adicción similar a la que generan los ñoquis de la abuela, porque el relame oficial daba energía y letra para toda la semana, y desde ahí el mandatario largaba su agenda ´real´ o imaginaria, pero que la instalaba, la instalaba. Para los demás medios, los ´border analitic´ era un batería de municiones activadas que se debía devolver inmediatamente para que exploten del otro lado, potenciadas con esquirlas de realidades veladas; o bien se debía acusar el impacto de una lista de temas para chequear, lo que significaba también repensar la propia agenda.

“De que va a vivir mi pueblo”

El caso de Martín Buzzi fue, por citar otro ejemplo en tren de odiosas comparaciones entre gobernadores, pero a veces necesarias, también efectivo en puestas en escena política. El otro ´ceo´ comodorense que también fue ungido para tratar de integrar poder y territorio, hizo casi intuitivamente algo similar a lo que captó de su mentor, con algo de asesoramiento de manual peronista, y lo estampó en rituales itinerante de fin de semana, preferentemente de sábado. Frecuentando ciudad por ciudad, Buzzi hacía su bajada masiva con funcionarios de diferentes organismos como para hacer bulto y ponerle densidad a las rondas que generalmente recalaban en alguna escuela, con cita mediática previa, y en las que además de sacarse alguna foto conmovedora, largaba algún anuncio, se reunía con algún empresario y tomaba contacto con la gente, algo que le costó siempre, como a Arcioni, por tratarse de dos gobernadores que no provienen de la militancia barrial ni partidaria efectiva.
A diferencia de Das Neves a quien le bastaba su carismático poder para marcar presencia, Buzzi supo reemplazar la falta de empatía que generaba, con discursos a veces más académico y a veces más ´flasheros´, (como cuando comparó los centros de encuentro y el efecto posible en la clase vulnerable con el reparto de zanahorias para la generación de hábitos entre animales, algo que seguirá siendo tema de investigación por muchos años entre la comunidad científica chubutana). Sea como fuere también había un esfuerzo por capitalizar el acto. Y sólo por abordar las dos gobernaciones más cercanas, de corte populista, mal que le pese al radicalismo que también tuvo sus contundentes ejercicios de práctica política sumamente ligadoras, pero dieciséis años para atrás.

Falta parecer

Todos estos actos han sido ni más ni menos que rituales políticos y aunque cueste creerlo extremadamente necesarios, porque el ´acto crea´. Había repetición de días, horario, intencionalidad explícita e implícita, y concentración de voluntades y energías. Había arenga e invocación de realidades posibles, y así, la palabra iba creando.
La Real Academia explica que un ritual es ´una serie de acciones realizadas principalmente por su valor simbólico. Son acciones que están basadas siempre en alguna creencia, incluso política. El término «rito» proviene del latín ´ritus penetrus´, y apunta más menos al poder de penetración que poseen los actos repetitivos e intencionales.
Sigmund Freud habló de los rituales como actividades que permitían a los individuos que las practicaban, liberar sus tensiones y resolver in situ las ideas que les trastornaban la cabeza hasta ese momento. Al revisar los comportamientos religiosos, Freud notó que tenían un efecto catártico y de ahí provenía su intensidad y su poder hasta sanador-liberador. El como otros pensadores de visión funcionalista destacaron el importante papel catártico como lo que promueve a su vez la integración social. Se trata de una “eficacia simbólica” al decir de Claude Lévi-Strauss. Por eso el ritual, desde esta perspectiva, descansa en los efectos performativos del lenguaje que “cura” a través de la sugestión y la inducción. Otros autores han señalado que, además de la vocación estabilizadora y catártica del ritual, existe también un espacio para lo inédito, lo conflictivo y lo paradojal en el rito.
Por todo esto, se entiende que Mariano Arcioni ni proviene de la militancia ni le ´gusta´ la política como para lograr labrar sus propios rituales públicos. También se entiende que desde que se hizo cargo del gobierno tras el fallecimiento de Das Neves, no pudo más que atajar desmadres e incumplimientos, y eso no favoreció precisamente sus presentaciones públicas. Posiblemente de lo que va de 2020 sus apariciones en actos públicos con participación espontánea de gente se pueden contar con la mitad de los dedos de una mano, producto del grado de impopularidad que fueron generando las medidas tomadas por urgencias financieras. Porque a decir verdad, las recorridas de campañas en las que se mostró fueron blindadas y capitalizadas por otros referentes de la alianza ganadora, y en el principal acto oficial de este año en la apertura de sesiones fue contenido por la institucionalidad propiamente dicha y otros presentes que siguen regando la esperanza territorial con sudor y lágrimas.

La liturgia pendiente

Pero sea como fuere, nada justifica la falta de construcción de rito, que es ni más ni menos la falta de ´enfoque´ cotidiano, un espacio-tiempo que antes y durante la pandemia Arcioni eligió subsanar desde la virtualidad televisiva o digital, pero que requerirá como requisito inmediato el cuerpo a cuerpo, y el ida y vuelta. Aunque hay jugadores de fútbol por ejemplo cuyo ritual es salir últimos a la cancha, y les funciona, pero tarde o temprano salen. Tal vez este sea uno de los casos, no lo sabemos. “Presentaremos el cronograma de pagos”, dijo desde una pantalla el gobernador; y nadie pudo preguntar “cuándo ni cómo”. A la par, el empresariado le reclama diálogo; sus aliados políticos, participación; sus opositores, espadeo de ideas; sus detractores, hacerse cargo. Falta ritual. Y no está claro si es porque no se sabe, o no se quiere. Después de todo, la política es un acto de fe que requiere liturgia permanente .Y no es un tema menor, no ahora que el virus nos obliga a ´guardarnos´, pero si en lo inmediato. Porque ubicar la catarsis en un acto constante y repetitivo que replantee este desencuentro de dudas con el oficialismo sería ´enfocar´ la verdad del día, lo que podría significar a largo plazo para Arcioni y los gobernados chubutanos, ayudar a visualizar los cuatro años que vienen. O podemos seguir -como dice Daniel Kahneman- “ciegos para lo evidente, y ciegos además para nuestra ceguera”. Habrá que ver…