Un día después de que la cúpula de la Unión Europea visitase Grecia, en una jornada inusualmente tranquila, y diese un espaldarazo a las políticas de mano dura del Gobierno de Atenas como “escudo” de Europa, la frontera turco-griega ha vuelto a ebullición.
Durante la mañana del miércoles, los varios miles de refugiados que se hallan concentrados desde el pasado jueves en el paso de Pazarkule-Kastanies protestaron ante las barricadas y el alambre de espino colocados por las fuerzas de seguridad griegas para cerrarles el paso. Algunos, intentaron acceder de nuevo a territorio griego a través de la valla que separa ambos países y fueron repelidos por las fuerzas de seguridad griegas con abundantes gases lacrimógenos, balas de plástico e incluso, según diversas fuentes, utilizando fuego real.
La delegación provincial del Gobierno turco en Edirne acusó en un comunicado a la policía griega y las unidades fronterizas de que «han disparado con balas de plástico y munición real a los migrantes que esperan entre las puertas fronterizas de Kastanies y Pazarkule”. Como resultado, “seis hombres han resultado heridos: tres por disparos en el pie, uno en la ingle, otro en la cabeza y otro en el pecho”. Este último, fue atendido en el lugar de los hechos y luego trasladado en ambulancia al hospital de la Universidad de Tracia, donde perdió la vida. La Fiscalía de Edirne ha iniciado una investigación sobre este caso, añade el comunicado.
El portavoz del Gobierno griego, Stelios Petsas, negó “categóricamente” que las fuerzas de seguridad griegas hayan abierto fuego contra los refugiados y acusó a Turquía de “difundir fake news”. Sin embargo, numerosos refugiados consultados por este y otros periodistas aseguran que, desde por la mañana, han recibido disparos con munición real del lado griego de la frontera.